Una reflexión sobre la huelga en la UAM y sus bibliotecas

Hacia finales del siglo XIX las bibliotecas académicas han sido parte esencial de las funciones sustantivas de las universidades, es decir, han coadyuvado a que se cumplan las tareas de enseñanza y aprendizaje, la investigación y la difusión de la cultura que caracterizan a las instituciones de educación superior. Sin embargo, esta visión muchas veces es minimizada, excluida e invalidada por las mismas autoridades universitarias que no logran comprender la importancia que tiene la biblioteca en las actividades que se realizan diariamente.

Esa falta de interés ha provocado la poca inversión en colecciones y servicios, pero también ha expuesto los bajos salarios del personal bibliotecario. Esta problemática proviene, en la mayoría de los casos, de la ignorancia de las actividades que se realizan en dichas unidades de información, pero también al desconocimiento del tipo de personal profesional que labora en ellas, pues el argumento más recurrente para no dotar de buenos salarios a su personal es que su labor no es parte de las funciones sustantivas de la universidad o que no cuentan con la preparación necesaria.

Por supuesto que una idea así para los profesionales de la información es errónea y hasta podría considerarse egoísta, por ejemplo Wilson & Tauber (1945, p. 17), quienes han estudiado a fondo las funciones de las bibliotecas académicas, afirman que durante la primera mitad del siglo XX, las bibliotecas académicas han desempeñado una función interpretativa de la universidad, es decir, han sido parte activa en los programas de enseñanza, investigación y extensión de la cultura de la misma institución.

Ahora bien, si nos vamos a un siglo más atrás, Rubin (2016, p. 137), otro de los teóricos de las bibliotecas académicas, también señala que ya desde el siglo XIX las tareas de apoyo a la enseñanza, al aprendizaje, a la investigación y a la difusión de la cultura han sido parte elemental de las funciones de las bibliotecas académicas. Las bibliotecas académicas han demostrado, desde hace tiempo, la correspondencia entre las colecciones y servicios que se ofrecen con las necesidades de la comunidad universitaria y las funciones que se persiguen como institución educativa.

Existen muchas historias sobre la escasez de apoyo de las autoridades hacia las bibliotecas y sus bibliotecarios, y no solo en bibliotecas académicas, sino también en bibliotecas públicas y demás tipos de unidades de información. Un caso así se vivió hace unos meses en México durante la huelga de trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), considerada entre las 12 mejores universidades mexicanas, según el QS World University Rankings 2020.

El paro de labores generalizado en todas las instalaciones de la UAM fue convocado por el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM), llevaba la justa demanda de incremento salarial para el personal administrativo y académico, pero también exigía el cese de varias violaciones contractuales que se han venido arrastrando desde hace años. No obstante, uno de los argumento más mencionados por las autoridades para no incrementar los salarios fue que no podía hacerlo porque eso afectaría las funciones sustantivas de la universidad, como es la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura.

Tal argumento para el gremio bibliotecario que labora en la Universidad Autónoma Metropolitana carece de sustento. La razón radica en cómo está conformado el personal bibliotecario de la UAM y las diversas actividades que se realizan. La UAM está compuesta por cinco unidades académicas, cada una de ellas cuenta con una biblioteca universitaria que no solo atiende a su comunidad interna sino también a la externa que la visita diariamente. El personal que labora en ellas está caracterizado por profesionistas titulados, como son los documentalistas y bibliotecarios, muchos de ellos con maestría o estudiando el doctorado, además trabajan técnicos bibliotecarios que están estudiando la carrera en Bibliotecología o estudiaron una carrera distinta al área de las ciencias de la información, y también existen ayudantes de biblioteca que, pese a no contar con una preparación profesional, poseen una amplia experiencia en el campo pues han laborado a lo largo de muchos años desempeñando sus funciones en la biblioteca.

Estas características del personal que labora en las bibliotecas de la UAM permiten ofrecer un servicio profesional acorde las demandas de la universidad, y por ende, en concordancia con sus funciones sustantivas. No solo se prestan y reciben libros o se acomodan colecciones en estantes, como algunos individuos carentes de sentido llegan a pensar, sino también se dan asesorías en la búsqueda y recuperación de información, se imparten cursos de capacitación en bases de datos y diversos recursos de información, se proporcionan visitas guiadas, se apoya a los investigadores en la recuperación de documentos, en búsquedas especializadas y en el análisis de citas para sus trabajos publicados en las diferentes revistas académicas. Todo lo anterior, aunque no se quiera ver, forma parte de las funciones sustantivas de la universidad. Incluso los investigadores de más prestigio que trabajan en la UAM han ido a solicitar apoyo a la biblioteca cuando se han visto en problemas cuando no logran localizar o recuperar algún documento esencial para continuar con sus investigaciones.

Asimismo, se puede señalar que los cursos de capacitación que se ofrecen a los estudiantes avanzados o de posgrado, o la orientación sobre los servicios y colecciones a los de nuevo ingreso, forman parte de su preparación académica que les será de utilidad a la largo de su carrera, o incluso cuando ya se hayan graduado y deseen estudiar una maestría, un doctorado u otra carrera. Esto también es parte de unas las actividades sustanciales de la universidad, la enseñanza y el aprendizaje.

Otras de la actividades en la que participa la biblioteca es la difusión de la cultura, en varias de las unidades se organizan ferias de libros o muestras bibliográficas, se imparten talleres y conferencias sobre diversos temas, se realizan exposiciones culturales en donde la biblioteca es la organizadora o copartícipe de ellas, o incluso, se ofrecen conciertos de música clásica en los recintos bibliotecarios. Todas estas labores contribuyen a fomentar la cultura, son parte esencial de las funciones sustantivas de la universidad, y por por tanto, también de la biblioteca.

Existe una gran cantidad de bibliotecarios altamente capacitados en las bibliotecas de la UAM que realizan su trabajo de forma profesional pues esa es la formación académica que han recibido a lo largo de muchos años de estudio y preparación. Lo justo sería que recibieran un salario acorde a su formación profesional y académica. Por tanto, continuar con el discurso de que las bibliotecas y los bibliotecarios no son parte sustancial de las funciones de las universidades solo denigra nuestro trabajo y evidencia la ignorancia de quien realiza los señalamientos.

Referencias

Rubin, R. (2016). Foundations of library and information science (4a ed.). Chicago: Neal-Schuman, an imprint of the American Library Association.

Wilson, L. R., & Tauber, M. F. (1945). The university library: its organization, administration and functions. Chicago, IL: The University of Chicago.

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