Se hace bibliotecología al andar

Bibliotecaria de basora - Por Jeanette WinterNo juzgo a quienes desconocen mi profesión, comprendo sus planteamientos pueriles sobre mi paso por la universidad como “¿Te tomó cinco años aprender a guardar y sacar libros?” o su errada concepción al asociar el ejercicio de mi oficio con el ambiente sereno de mi espacio laboral “Debí haber estudiado lo mismo que tú, nunca tienes trabajo”, y sus interrogantes como “¿Leíste todos estos libros?” que, estando al frente de un fondo bibliográfico de treinta y cuatro mil ejemplares, enaltecían mi intelecto a niveles hawkingnianos.

Los entiendo porque fui uno de ellos antes de convertirme en bibliotecóloga. Hace quince años cuando rellené con un lápiz grafito número dos la casilla de “Bibliotecología y Archivología” en la prueba interna de admisión de la universidad, lo único que conocía de la carrera era que tenía uno de los porcentajes más bajos de demanda de cupos, lo que incrementaba mis posibilidades de ingresar, y de esas setenta plazas disponibles, yo ocupé la número sesenta y siete.

Luego de más de una década atendiendo requerimientos de mis usuarios y administrando información para ellos, he ganado paciencia. Recuerdo mis inicios de práctica profesional y todos esos usuarios que de ser retos a mi cordura se convirtieron en maestros. Como esos estudiantes que solicitaban libros por su descripción física y no por su contenido: “Necesito la definición de comercio internacional que está en el libro grueso blanco y de letras doradas”.

No olvido la curiosidad que me despertaba aquella mujer que diariamente entraba a la sala de referencia, se descalzaba y se sentaba con las piernas cruzadas sobre una silla para leer siempre el mismo libro: uno de los tomos del diccionario de filosofía de José Ferrater, y que declaraba a viva voz que era perseguida por la mafia siciliana y se ponía a la defensiva cuando algún empleado le solicitaba sus datos personales para llenar la ficha de consulta.

Catalogar y clasificar documentos es un trabajo metódico que establece una relación estrecha entre quien procesa y el documento; este último indica dónde debe ser almacenado y el bibliotecólogo obedece. En mi paso por el departamento de procesos técnicos tuve la oportunidad de encontrarme con personajes que no habría conocido en otra circunstancia, como ese profesor de artes que le dedicó su tesis de ascenso a su hermana fallecida, y le agradeció por todos los recuerdos de su infancia cargados de matas de mango.

Haciendo inventario de la colección, descubrí otros sujetos menos anónimos como Mario Benedetti, y por semanas llevé en el bolsillo del pantalón un papelito con un poema del uruguayo escrito a mano, y no me atreví a dedicárselo a un compañero de trabajo del que me había enamorado perdidamente.

Un bibliotecólogo es un individuo que siente profundo respeto por los documentos y su importancia histórica, pues en su afán de anticiparse a las necesidades de información de los usuarios, reconoce valores que la misma comunidad ignora. No encuentro mejor ejemplo que la historia de Alia Muhammad Baker, quien era la directora la biblioteca de Basora, una ciudad porteña de Irak, cuando las fuerzas militares británicas invadieron el país buscando terminar con el régimen de Sadam Hussein en el año 2003.

Alia, al no recibir apoyo del gobierno local para trasladar el patrimonio de la biblioteca a un lugar más seguro, decidió sacar los libros clandestinamente con la ayuda de vecinos para ocultarlos en sus propias casas. Juntos lograron poner a salvo treinta mil libros —el setenta por ciento de la colección— nueve días antes de que se incendiara por completo el edificio de la biblioteca.
Descubrí la bibliotecología sentada en un pupitre atendiendo las lecciones de un profesor, pero comencé a aprenderla desde el primer día que atravesé las puertas de mi primer empleo, y sigo aprendiendo. Trabajando con ellos entendí que no se trata de los libros, sino de la información que contienen, y ejerciendo la bibliotecología he aprendido que no se trata de la información, sino del bibliotecólogo que con la práctica responsable de su oficio, logra administrarla con oportunidad. Como cualquier otra profesión, la bibliotecología se hace al andar.

 

Fotografía Dayana RamírezDayana Ramírez C.

Venezolana. Bibliotecóloga, egresada de la Universidad Central de Venezuela-UCV (Caracas). Cursó el Diplomado en escritura creativa de la Universidad Metropolitana-UNIMET (Caracas). Creó y editó por cuatro años una publicación digital (https://issuu.com/cedoileti) de periodicidad mensual y de divulgación de investigación científica y actualidad tecnológica, con un espacio dedicado a la literatura. Cuenta con más de diez años de experiencia en el área de las ciencias de la información, ha trabajado en bibliotecas universitarias y públicas, centros de documentación y archivos de prensa.

7 comentarios en “Se hace bibliotecología al andar

  1. Jamileth Peñate

    Me encanta tu publicación. Es algo tan certero que se vive a diario en nuestras bibliotecas. Cada una es un mundo, la biblioteca en la que laboro es pequeña pero hago todo lo posible porque sea cómoda, viva, única, que les guste venir y aprender… La satisfacción que muestran los usuarios es lo mejor para mí.
    Sigamos adelante dándole vida a nuestra profesión tan llega de momentos gratos, únicos y especiales.

    Saludos desde El Salvador =).

    1. Dayana Ramírez C.

      Gracias Jamileth, por leerme y por dejarme saber tu opinión. Qué afortunados los usuarios de tu biblioteca, por disfrutar de un servicio de calidad que solo es posible cuando el profesional a cargo, como tú, trabaja con el corazón. Un saludo de vuelta 😉

  2. Isela

    Me gusto mucho tu publicación, realmente me sentí muy identificada y me sacaron algunas sonrisas.
    Te envío un fuerte abrazo desde Colombia.

    1. Dayana Ramírez C.

      Hola Isela
      ¡Muchas gracias!
      Me encanta que te gustara, lo escribí con mucho cariño dedicado especialmente a los colegas que trabajan con el entusiasmo que les late desde el corazón. He formado parte de tu comunidad de usuarios, y por esto puedo afirmar que eres uno de ellos 🙂
      Un abrazo de vuelta,

  3. Josefina

    Excelente tu artículo, gracias por compartirlo.
    Sigue adelante con tu entusiasmo característico. Muchos EXITOS!!!!

    1. Dayana Ramírez C.

      Hola Josefina
      Muchas gracias, comentarios como el tuyo tienen precisamente ese efecto: darme ánimo para ejercer con mística nuestro oficio y ofrecer el servicio de calidad que los usuarios merecen

      Saludos 🙂

  4. Denis G. Lopez V

    Wow, Dayana. Qué excelente artículo. Me hiciste conocer un poquito más de tu profesión que, como lo comienzas, y con algo de vergüenza, reconozco que yo también subestimaba hasta ahora. Gracias por aclarármelo, jajaja…
    Te felicito por tu gran don de redacción. Es muy fluido y conectivo y de verdad es un placer leerte. Tus anécdotas son fascinantes. Me conmovió mucho la la historia de Alia Muhammad Baker, ejemplo de valentía, pasión y compromiso con su profesión.
    Felicidades y sigue adelante.
    Éxitos…!

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