Atracción Gravitacional.

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Es imperativo destacar la magnitud de atracción que poseen las bibliotecas y archivos, para con su entorno, tal cual, como lo mencionan los académicos en los salones de clase, porque para eso estudiamos, nos formaron, y siempre hemos deseado mejorar nuestra calidad de vida, lo que aprendieron aplíquenlo, las bibliotecas y archivos están ahí, a la vuelta de la esquina.

Ese coro en el Aula Magna, con el cual se te eriza la piel, insiste en que somos los elegidos, que el cielo para algunos se vive en la tierra y que ustedes, cristalinos, vírgenes de manchas, están listos para calzarse las alas y volar más alto que los demás.

Ser la llave que abre todas las puertas, la rueda de auxilio para las personas que gravitan alrededor de las bibliotecas y archivos, expectantes, como si el destino tuviese siempre una carta de reparación, una porción de conocimiento que oculta la totalidad de lo malo.

Nadie ve el esfuerzo detrás del goce. Las horas de trasnocho, como dirían los abuelos, hay que quemarse las pestañas leyendo y aprendiendo, aunado a la disección del tiempo, de la distancia, de movilizarse de la provincia a la capital, de vivir en el hogar de nuestros padres y medio convivir en una residencia estudiantil a muy temprana edad, experiencias que sólo exhiben su crueldad cuando, años después, toca la puerta de los pensamientos la nostalgia.

Entonces un día ese camino plagado de obstáculos se hace llano. Y el sacrificio que hemos hecho, valió la pena. Se presenta la oportunidad de nuestras vidas, de olvidar lo pasado, como lo expresa Edith Piaf, en su canción, ‘Non, Je Ne Regrette Rien’ (1960):

Non, rien de rien, non je ne regrette de rien

Ni le bien qu’on m’a fait, ni le mal, tout ca m’est bien egal.

Non, rien de rien, non je ne regrette de rien.

C’est paye, balaye, oublie, je me fous de passe.

Avec mes souvenirs, j’ai allume le feu,

Mes chagrins, mes plaisirs, je n’ai plus besoin d’eux.

Balayes mes amours avec leurs trémolos,

Balayes pour toujours, je repars a zero.

Non, rien de rien, non je ne regrette de rien,

Ni le bien qu’on m’a fait, ni le mal, tout ca m’est bien egal.

Non, rien de rien, non je ne regrette de rien.

Car ma vie, car mes joies, aujourdhui, ca commence avec toi!

Como legionarios Franceses, dejamos de ser liceístas, para convertirnos en profesionales. Abandonar el estado de confort para llegar a la meca de lo que hacemos. Y con el recorrido a cuestas, sabemos muy bien que los derechos vienen con obligaciones. Pero hay algo que nos permite ser diferentes a los demás: ustedes, nosotros y vosotros, amamos lo que hacemos, con todo su ser, y eso hace que el esfuerzo, el sacrificio, las horas dejen de ser gastadas para ser invertidas.

Y es ahí cuando el conocimiento que está orbitando, deja de ser un objeto y lo consideramos un sujeto, para transformarse en una extensión de nuestras extremidades. La Bibliotecología, la Archivología, Ciencias de la Información y Documentación – como la quieran llamar – deja de ser un oficio para transformarse en nuestra vida. En nuestra alma. En nuestro espíritu.

Es aquí, cuando nos percatamos de que las personas negativas, que viven sumergidas en el ruido panfletario, sienten un temor profundo por los datos, la información y el conocimiento que se está generando.

A su vez, nosotros, en vez de quejarnos, deprimirnos, de pensar en desfallecer, volvemos a trabajar con perseverancia. Porque hemos de recordar que la diferencia con los demás es que nos desvivimos por nuestra profesión.

Y eso nos convierte en indestructibles a nuestros propios ojos, que son los únicos que importan. Y entonces, aprendemos que las palabras y la Fe por lo que hacemos, suelen abrazarse y también empujarse. Como suele decir Ricardo Arjona (2011): “O aprendes a querer la espina o no aceptes rosas…”.

Nos imponen trabas en nuestro planeta informacional, la fuerza gravitatoria es firme, la atracción de las personas que orbitan alrededor del centro de cada biblioteca y archivo, nos mantienen en constante interacción.

Por más que intenten socavarnos, erosionarnos, tenemos una fuerza gravitacional como la Ley de Newton, que expresa:

Dónde:

Fuente: Banesh Hoffman

  • Fg, fuerza gravitacional
  • G, es la constante de gravitación universal, G = 6,67·10-11 N·m2/kg2
  • M y m, son las masas de los cuerpos que interaccionan
  • R, es la distancia al cuadrado que los separa.

Lo que equivale a:

Fuente: Fernando Salas Granado

  • BA, Bibliotecas y Archivos
  • C, conocimiento constante y universal
  • A, autores
  • U, Usuarios
  • R, es la distancia al cuadrado que separa, a los datos e información de los usuarios que lo requieren.

Todo es cuestión de atracción gravitacional, todo es relatividad, si tus pensamientos se enfocan en lo que te gusta lo atraes, de lo contrario, si no te gusta, pero lo somatizas igualmente proporcional, lo atraes. Por lo tanto, es difícil volver a poner las manos en el fuego cuando ya te has quemado, así que hay que ser positivos.

La satisfacción, se reproduce de manera geométrica, con el pasar de los días, los meses y los años, con la confianza y el deseo de seguir con Dios por delante, hay algo dentro de nosotros que nos obliga a levantarnos. Todos tenemos ese toque de peleadores, luchadores, perseverantes, ese don que nos pellizca y nos dice que todavía podemos, que necesitamos hacerlo, pese a que todos crean lo contrario.

Miramos a nuestro alrededor, vemos el camino recorrido y lo que falta por andar, y afirmamos con certeza que ha valido la pena tanto esfuerzo, todo es una atracción gravitacional.

Fernando Antonio Salas Granado.

Bibliografía.

Arjona, Ricardo & Moreno, Gaby (2011). Fuiste tú.- Miami: Metamorfosis.

Hoffman, Banesh (1983). La relatividad y sus orígenes.- España: Editorial Labor, S.A.

Piaf, Edith (1960). Non, je ne regrette rien. [Vinyl, 7″, EP, 45 RPM].- Francia: Columbia

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