Ralentización

Napoleón Bonaparte, argumentaba: “Vísteme despacio que estoy apurado”. En estos tiempos de alta velocidad, estamos transitando bajo la concepción de que todo tiene que ser ya o como decían nuestros abuelos: “el que espera se desespera y el que se desespera, pierde el interés”.

Nuestra cultura de la inmediatez, ha destruido la paciencia, la observación, el sentido mismo de aguardar, es casi, un insulto y detenerse a reflexionar es un pecado.

El interés por aprender, ha hecho del vértigo, la velocidad y la inmediatez, un estilo de vida o modo operandi a priori inexpugnable, hay que correr, correr y correr, ir lo más rápido posible, como sea, donde sea, cuando sea.

El sólo hecho de hacer una pausa para preguntar y aprender, para mejorar y continuar evolucionando, sería una contradicción en este nuevo orden establecido, donde no hay cabida para el aprendizaje.

En este proceso de cambios, es preciso acompañar, guiar, apoyar, colaborar con todos aquellos que se han quedado extraviados en el desierto de una ambigüedad de datos aislados, que buscan afanosamente el camino de regreso a sus líneas de formación, casi que guiándose por la brújula y las estrellas.

La perenne tensión de formación y capacitación, oscila entre la comunicación de saberes acumulados a lo largo de la historia del ser humano y la transmisión inteligente de conocimientos valiosos, mediante patrones o coordenadas que permitan una apropiación significativa del tiempo que requerimos para aprender, hacer, ser y sobre todo convivir en nuestro medio ambiente.

Una mente disciplinada, sería como una contraindicación a este nuevo orden establecido, es la fisura del sistema, un virus que se ha metido dentro de la Matrix, para reconfigurar los mandamientos y devolver el sentido de ser capaz de dominar las formas de pensamiento creadas a lo largo de la historia, tales como, la ciencia, la matemática, la física, la química, la tecnología, la historia, la filosofía, el arte y, demás ramificaciones del conocimiento.

La ralentización, consiste en pensar de manera disciplinada, implica comprender y luego explicar, parece sencillo, pero no lo es; es una prestidigitación de los datos, conocimientos, información, a velocidad de crucero, un arte absurdo que nos permite disfrutar de la naturaleza del aprendizaje.

No es un truco, no se trata de memorizar datos, fechas, definiciones, autores, formulas, experimentos, seguir protocolos estandarizados, repetir una y otra vez contenidos que los sujetos, muchas veces, no pueden relacionar con su realidad cotidiana.

Es recurrente, tener tiempo o procurar darnos cada segundo, minuto, hora, para ahondar nuestra propia opinión, con entera probidad de observarnos como si estuviéramos examinando a otra persona, con minucioso y lento análisis de todo lo que hemos recorrido y lo que nos falta por andar.

Debemos seguir adaptándonos, a los cambios venideros, lo que implica, incorporar información contextualizada o desvinculada de la realidad, sobre todo en esta época en la que parece que, importa más lo que se dice, a lo que se hace, en estos tiempos, donde todo tiene que ir a la velocidad de la luz para poder tener sentido, por lo tanto, debemos tener la suficiente flexibilidad de considerar que una pausa, vale la pena, porque es el camino lo que importa, para comprender, sentir, contemplar, leer, aprender y vivir para transformar.

A veces la reflexión, suele perder su sentido contra la instantaneidad de las narraciones, las taxonomías, los conceptos complejos, las metáforas evocadoras, en un caudal de informaciones de diferentes índoles; donde la mente más preciada del siglo XXI y los venideros, será aquella capaz de hacer frente a los obstáculos que impiden lograr el dominio de varias perspectivas y lograr combinarlas en una idea que pueda ser verdaderamente útil.

En la construcción de espacios, de ventajas, con una visión de juego que dibuje ángulos oblicuos, que desaten el asombro, tal como la lógica de los cuentos de Edgar Allan Poe, llevar la narración por un lado y sorprender en el cierre con un elemento inesperado.

La intencionalidad de la ralentización, es enseñar a ser sintéticos, para lograr comprender, explicar, identificar y enseñar con total claridad, los propósitos de un corredor de fórmula 1 con su monoplaza, divirtiéndonos mientras aprendemos.

El ilusionismo, que supuestamente vemos en las redes, nada por aquí, nada por allá, ahora me ves, ahora no me ves, es como el truco de los tres vasos en movimiento, que puede ser lento o rápido según la visión del lector.

Con sindéresis, aquellas personas que trabajan con profesionalismo y agregan desde una dimensión ética, valor agregado a su desempeño, contribuyen al desarrollo de una mente disciplinada, porque este es el sentido común de la vida: APRENDER.


Fernando Antonio Salas Granado

Es coordinador de Biblioteca del Centro Local Falcón de la Universidad Nacional Abierta
Licdo. en Bibliotecología – UCV
MSC. en Gerencia de Recursos Humanos – UNERMB
Experto en E-learning – FATLA
https://ucv.academia.edu/FernandoSalasGranado

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