Los autodidactas y los libros

El pasado 25 de diciembre de 2021 el telescopio más potente jamás creado por la raza humana (de nombre James Webb) fue mandado al espacio exterior. Fueron años de trabajo, miles de personas intervinieron para poder enviar el artefacto a los confines del universo y que a su vez recopile, información valiosa que la humanidad aún desconoce.

Llama la atención la fecha del despegue y también como es considerado por gente de la NASA : como el mejor “regalo de Navidad para la humanidad”. No es un misterio que el Telescopio Webb se retrasó varias veces en despegar y que coincidiera con una fecha emblemática para millones de personas en el mundo, ya que invita a conciliar aún más la idea de que ciencia y religión pueden ponerse de acuerdo.

En la línea del tiempo de la historia científica podremos encontrar el caso de Isaac Newton, que hizo grandes aportes a las matemáticas y a la ciencia y que parte de su vida también la dedicó a asuntos religiosos : “a partir de conversaciones con John Locke, Newton adquiere un profundo interés en los problemas de la cronología bíblica y el resto de su vida habrá de dividir sus energías en la Biblia y la alquimia” (Fierro, 2003, p. 78). Casualidad o sincronicidad, el cumpleaños de Newton es el 25 de diciembre según el calendario juliano.

El lanzamiento del Webb es un hito en cuanto a las expediciones en pos del conocimiento hechas por los humanos. Aunque millones podremos estar de acuerdo en dichas expediciones, existen opiniones que, si bien no se contraponen, si cuestionan el hecho de ir a buscar vida o conocimiento fuera del planeta a pesar que dentro de esta esfera donde vivimos no todo marcha bien. Una de esas voces es José Saramago, nobel de literatura en 1998, quien, entre algunas de sus famosas declaraciones recalcaba el hecho de ir a buscar conocimiento fuera de nuestro planeta: porque ir a buscar vida a Marte cuando no se podía impedir el asesinato de un humano en la Tierra.

Idea por demás polémica de Saramago, que su trayectoria desde que se volvió autor reconocido, siempre se vio envuelta en el revuelo y la noticia. La crítica de Saramago puede tener múltiples contrapuntos, aunque no deseo ahondar en esto, sino en algo que la vida del autor portugués nos pudo enseñar con su propia experiencia: fue autodidacta, no pudo cursar una carrera en alguna universidad.

Saramago fue ateo, libre pensador, polémico y otros demás adjetivos se pueden decir de este escritor que en su recibimiento del premio Nobel, en 1998, comenzó su discurso así “El hombre más sabio que he conocido no sabían leer ni escribir”. Dada la condición económica de su familia, Saramago no pudo llegar muy lejos con los estudios que se imparten en las aulas. Aunque eso sí, leyó por su cuenta libros de la Biblioteca Municipal del palacio de Galveiras, recurso con el cual comenzó su formación literaria. (Saramago, 2022, p.9).

Ahora bien, el segundo personaje que abogó por construir su propio camino intelectual es el norteamericano Rick Harrison, conductor del programa Gold & Silver Pawn Stars (en México conocido como “el precio de la historia”). Tras ya varios años de ser el protagonista de múltiples compras y ventas de objetos que poseen un precio histórico, recientemente pudimos conocer más sobre la infancia y juventud de Rick.

Durante las emisiones del programa podemos darnos cuenta del gusto que Harrison tiene por los libros particularmente. Por algo será que pagó 100 mil dólares por una primera edición del astrónomo y pensador italiano Giordano Bruno, quien, fue muerto en la hoguera por la inquisición romana, ¿el delito? herejía, es decir, buscar el conocimiento por encima de cualquier creencia.

Este amor de Rick –como cualquier clase de amor- por los libros tiene su origen. Cuando era niño, padeció de ataques epilépticos, motivo que lo tuvo en cama a tal grado de no poder asistir a la escuela. Ante esta circunstancia Rick pudo sobrellevar su padecimiento gracias al poder de los libros: al no tener TV en su propio cuarto leyó muchos libros. Uno de ellos le influyó de sobre manera “The great brain” de John D. Fitzgerald. El chico protagonista de la historia poseía un gran cerebro para hacer dinero, entre otras habilidades. Él mismo Rick asegura que tiene una mente analítica, matemática calculadora, y vive alejado de la creencia del Karma aunque acepta que muchos eventos de su vida no pueden ser explicados como una simple coincidencia.

El tercer ejemplo de un autodidacta de gran repercusión en la cultura es Michael Fadaray, científico inglés. En la biografía de Fadaray podemos encontrar que él trabajó en un taller de encuadernación de libros, donde comenzó a germinar su gusto por la física y la ciencia. Faraday logró ser un referente en la línea del tiempo de la ciencia, como un gran aportador de conceptos sin poseer un título universitario. Sin ir más lejos, lo que quiero recalcar es que Fadaray, al igual que Saramago y Harrison no tuvieron formación universitaria. Eso sí, los libros fueron parte del detonante para que ellos desarrollaran al máximo sus habilidades.

Más personajes de la historia de la humanidad y familiares que nos rodean en nuestras vidas no han tenido la posibilidad de recorrer una carrera profesional, pero no por esta condición han logrado grandes cosas. Mi intención con este breve repaso a tres personajes que me producen admiración es enaltecer la influencia de los libros y la manera en cómo contagiaron a estos hombres a encontrar su camino: ya sea en la literatura, en los negocios o en la ciencia, las páginas de los libros encausaron el espíritu y la creatividad de quienes, sin quizás buscarlo, lograron llevar su imaginación más allá de lo que podían concebir cuando leían desinteresadamente, a pesar de sus limitaciones físicas, económicas o educativas.

Bibliografía:

Fierro, J. y Herrera, M.A. (1988). La familia del sol. FCE.

Saramago, J. (2022). La viuda. Alfaguara.

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