Las experiencias de minorización de bibliotecarixs

A mediados de la segunda década del siglo XXI, la discusión sobre los temas de raza, colonialismo, género, sexualidad e identidad han ocupado un lugar protagónico.  Cada uno de estos temas están atados a los discursos sobre los derechos de las personas, su historia y la necesidad de exaltar sus voces.  No obstante, al discutir este tipo de temas desde las plataformas comerciales y populares, se suele hacer desde un discurso eurocéntrico o bajo una narrativa que postula a lxs grupos que buscan justicia como “lxs otrxs”.  La otredad, marginalización o minorización se refiere a la exclusión de un grupo a través de procesos hegemónicos.

Dentro de estos grupos se encuentran personas que han sigo designadas como minorías raciales, étnicas, de género o sexuales.  En Puerto Rico alguno de los grupos marginalizados son la comunidad LGBTTQI+, las afrodescendientes, las de ascendencia asiática y aquellas con diversidad funcional.  La minorización de estos grupos se manifiestan en la representación de los profesionales de las ciencias bibliotecarias, el acceso a los servicios (i.e., para las comunidades con diversidad funcional) y la falta de representación en las colecciones.  En los EE. UU. existe una brecha aún mayor.  Se estima que la profesión está compuesta de personas anglo o ascendencia europea (Rosa & Henke, 2017; American Library Association, 2012; Minter & Chamblee-Smith, 2018).  Por lo cual, la representación de poblaciones hispanas, latinxs y caribeñxs es mínima.  En muchas instancias las poblaciones caribeñxs son integradas a las hispanas y latinx, borrando dicha identidad y los elementos de interseccionalidad de su cultura (Pollock & Halley, 2018; Minter & Chamblee-Smith, 2018).

Las bibliotecas, al igual que aquellos educativos, son espacios de conflictos e intercambios.  Debido a la demografía prevalente que existe en la profesión, la incorporación de identidades féminas cis o trans que forman parte de grupos afrodescendientes o de ascendencia asiática con la homogeneidad del perfil del bibliotecario.  En el caso de las bibliotecas estadounidenses, la incorporación de profesionales hispanxs, latinxs o caribeñxs posee implicaciones similares.  No obstante, la incorporación de estos grupos junto con aquellos de profesionales con diversidad funcional posee implicaciones más amplias que la representación y la diversidad requerida por las agencias profesionales, gubernamentales o las metas de los gremios. La incorporación de personas cuyos trasfondos e identidades han sido marginados debe abrir las puertas para la creación y desarrollo pleno de espacios de intercambio.  Las experiencias, necesidades e identidades de las personas deben poder quedar plasmados en su trabajo (Pollock & Haley, 2018).  Uno de los ejemplos más popular sobre la incorporación de la identidad en el quehacer bibliotecario es la obra de Pura Belpré, bibliotecaria y cuentista de la diáspora puertorriqueña.  Belpré dedicó su carrera a la creación de programas de alfabetización y cultura a niños en la diáspora puertorriqueña en Nueva York.  Su trabajo como bibliotecaria en la Biblioteca Pública de Nueva York la llevó a la creación de programas dedicados a dicha población (Pollock & Haley, 2018).

La documentación sobre las voces alternas o diversas comienza a emerger en la década de los 1980s con algunas publicaciones relacionadas al rol de los diversos profesionales en sus roles académicos.  En particular, varias de las publicaciones son realizadas por mujeres afroamericanas en las universidades estadounidenses (de la Peña McCook, 1998; Pollock & Haley, 2018).  A partir de ello, algunas bibliotecarias como Audrey Lorde, comienzan a documentar sus experiencias como mujeres. Negras en la academia.  Lode fue crítica del trato de las mujeres negras en espacios académicos, al igual que el desarrollo de colecciones y los sistemas de clasificación empleados en las bibliotecas estadounidenses.  En su escrito The Master’s Tools Will Never Dismantle the Master’s House, originalmente publicado en 1979, Lorde (2007) critica ampliamente:

“Those of us who stand outside the circle of this society’s definition of aceptable women; those of us who have been forged in the crucibles of difference – those of us who are poor, who are lesbias, who are Black, who are older – know that survival is not an academic skills.  It is learning how to stand alone, unpopular and sometimes reiled and how to make common cause with those identified as outside the structures in order to define and seek a world in which we can all flourish” (p. 112).

Osei-Kofi (2014) expande la experiencia narrada por Lorde añadiendo que en la actualidad este tipo de aislamiento y trato hacia los grupos que han sido minorizados es común en espacios académicos.  Es por eso, que Osei-Kofi (2014) hace un llamado a la necesidad de crear espacios de solidaridad e intercambio, donde no sólo se reconoce la opresión sistémica, sino que se trabaja para retarla.

En la literatura consultada se identifica narrativas recurrentes sobre las experiencias de lxs bibliotecarixs de afroamericanos, de ascendencia asiática, musulmanes, caribeñxs e indígenas (de la Peña McCook, 1998; Pollock & Haley, 2018; Royster, Schwieder, Brillant, & Driver, 2015; Walker, 2015).  En la documentación reciente se observa la necesidad de retener personal bibliotecario con identidades diversas.  Junto a ello, se argumenta la necesidad de reconocer los aspectos interseccionales de la labor que las personas con identidades raciales no-blancas, género, sexualidad y diversidad funcional poseen.  Dichos aspectos incluyen espacios dónde puedan expresar sus puntos de vistas, trabajo académico y proyectos.  No obstante, la necesidad de permitir el desarrollo profesional y su compensación monetaria también es vital. Minter & Chamblee-Smith (2018), al igual que Royster et al. (2015), presentan en su estudio sobre la retención del personal bibliotecarix elementos de satisfacción e insatisfacción relacionados a la cultura hegemónica laboral en las bibliotecas estadounidenses, particularmente en las bibliotecas públicas y académicas.

En el estudio realizado por Royster et al. (2015) se documenta la insatisfacción de lxs bibliotecarixs académicos en programas de residencia, enfocados en ofrecer oportunidades a minorías raciales en los EE. UU.  Varixs de lxs entrevistadxs narran cómo eran excluidos, cuestionados o tratados injustamente por parte de sus pares, estudiantes y personal universitario.  Entre las narrativas se destaca el cuestionamiento sobre los credenciales y del conocimiento sobre la profesión o tareas que se les asignaba. De forma similar, bibliotecarias en el área de la tecnología ofrecen narrativas sobre cómo su conocimiento era cuestionado en procesos de implementación de tecnologías en sus respectivas unidades o ante la necesidad de ofrecer soluciones para problemas técnicos (Coleman, 2017).

En las experiencias que narran López & Wilson (2016) se encuentra la carencia de competencias culturales por parte del personal de bibliotecas.  Dichas carencias se manifiestan a través de microagresiones o la falta de oportunidades para el desarrollo profesional y de liderazgo.  Junto a ello, en la literatura estadounidense se menciona que muchas mujeres negras y latinas son encasilladas como tener “personalidades fuertes”, “mandonas” o “malhumoradas” al expresar su sentir.  Este tipo de etiquetas llevan a que estas bibliotecarias a callar o abandonar la profesión.  Las consecuencias de la falta de retención de bibliotecarixs negros, ascendencia asiática, latinxs, caribeñxs, LGBTTQI+ o con diversidad funcional incluye el perfil de la profesión, el impacto en el alcance comunitario, limitación en servicios y posibles incumplimientos.  Cabe mencionar que la marginalización, exclusión, invalidación y cuestionamiento de las y hacia los grupos minorizados lleva a la inseguridad y agobio (Royster et al., 2015).

La necesidad de crear competencias culturales y sobre la justicia social no está limitado a la praxis profesional.  En la educación de los programas de preparación de bibliotecarixs existe la necesidad de implementar cursos que sirvan de requisito para atender estos temas.  Según la autoetnografía de Bishop & Moffat (2016) los cursos sobre temas de justicia social, diversidad y temas de género son ofrecidos en programas de preparación de bibliocarixs como electivas.  En varias instancias estos cursos no son ofrecidos con frecuencia, lo cual hace la visibilidad de estos y su pertinencia para algunxs estudiantes como algo opcional y de poca importancia.  Este tipo de acción e falta de importancia a estos cursos lleva consigo un mensaje contundente a lxs futurxs profesionales de la información.  A su vez, la eliminación de las narrativas negras, latinxs, caribeñas, hispanas, asiáticas e indígenas o constante imposición de las visiones occidentales lleva consigo un mensaje de estandarización y marginalización.  Srinivasan (2017) describe cómo las culturas indígenas poseen sus propios sistemas de clasificación, organización y diseminación de conocimiento.  En varias instancias, las prácticas bibliotecarias y de archivística de occidente atentan contra el conocimiento indígena.

La minorización y la marginalización son procesos violentos.  Estos implican el silenciamiento y el epistemicidio de culturas que han sido oprimidas por agentes hegemónicos.  La profesión bibliotecaria, como una envergada al conocimiento, no es neutral.  Sus posicionamientos tienen implicaciones políticas.  No obstante, los principios éticos de la profesión apelan a la inclusión y el servicio a la comunidad, aferrándose y atendiendo sus necesidades.  Esto va de la mano con las necesidades e identidades del personal que labora en las bibliotecas.

Enlaces de recursos bibliográficos sobre el tema:


Referencias

American Library Association. (2012). Diversity Counts. http://www.ala.org/aboutala/offices/diversity/diversitycounts/divcounts

Bishop, A., & Moffat, K. (2016). Experiencing Whitness of LIS education: An autoethnographic account. En Y. S. Cura, & M, Macias (Eds.), Librarians with Spines: Information Agitators in n Age of Stagnation Vol. 1 (pp. 1-21). Create Space

Coleman, T., (2017). Emotional labor: The unexpected hardwork. En J. Brandon, S. Ladenson, K. Sattler (Eds.), We Can Do IT: Women in Library Information Technology (pp. 140-143). Library Juice.

de la Peña McCook, K. (1998). Women of Color in Librarianship: An Oral History. American Library Association.

IFLA. (2019). Código de Ética de la IFLA Para Bibliotecarios y Otros Trabajadores de la Información (versión corta). https://www.ifla.org/ES/publications/c-digo-de–tica-de-la-ifla-para-bibliotecarios-y-otros-trabajadores-de-la-informaci-n–versi-n-corta-#:~:text=Neutralidad%2C%20Integridad%20Personal%20y%20Habilidades,el%20acceso%20y%20el%20servicio.

López, D., Winslow, A. (2016). I’m not a token: Reflections on Black and Latinx representation and youth services. En Y. S. Cura, & M, Macias (Eds.), Librarians with Spines: Information Agitators in n Age of Stagnation Vol. 1 (pp. 60-81). Create Space.

Lorde, A. (2007). Sister Outsider: Essays and Speeches by Audrey Lorde. Crossing Press.

Osei-Kofi, N. (2014). Race in (out)side the classroom: On pedaogy and the politics of collegiality. En G. Yancy, & M.G. Davidson (Eds.), Exploring Race in Predominantly White Classrooms: Scholars of Color Reflect (pp. 162-172). Routledge.

Pollock, C.M.J., Haley, S.P. (2018). “When I enter”: Black women and disruption of the White, heteronormative narrative of librarianship. En R.L. Chou, & A. Pho (Eds.) Pushing the Margins: Women of Color and Intersectionality in LIS (15-59). Library Juice.

Rosa, K., & Henke, K. (2017, January). ALA member demographic study. American Library Association. http://www.ala.org/tools/sites/ala.org.tools/files/content/Draft%20of%20Member%20Demographics%20Survey%2001-11-2017.pdf

Royster, M., Schwieder, D., Brillant, A.I., & Driver, L. (2015). Mentoring and retention of minority librarians. En R. Hankins, & M. Juárez (Eds.), Where Are All the Librarians of Color?: The Experience of People of Color in Academia (pp. 55-69). Library Juice.

Srinivasan, R. (2017). Whose Global Village? Rethinking How Technology Shapes Our World. New York University Press.

Walker, S. (2015). Critical race theory and the recruitment, retention and promotion of a librarían of color: A counterstory. En En R. Hankins, & M. Juárez (Eds.), Where Are All the Librarians of Color?: The Experience of People of Color in Academia (pp. 135-160). Library Juice.