La biblioteca como tercer lugar

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En la actualidad, bibliotecas de todo tipo están reforzando sus espacios y experimentando con nuevos servicios, re imaginando la biblioteca del siglo XXI como un tercer espacio, configurando de manera intencional sus espacios como centros cívicos vitales (placemaking); cuyo objetivo es proporcionar un conjunto integrado de instalaciones y espacios públicos que sean el “corazón y el alma” de la comunidad. Todo ello basado en la hipótesis de un creciente desarrollo de espacios abiertos e híbridos entre la residencia y el lugar de trabajo que faciliten el encuentro entre actores heterogéneos y recursos.

La teoría de los terceros espacios fue formulada por Ray Oldenburg en su obra The Great Good Place publicada en 1999 para referirse a aquellos lugares en los que se produce un aprendizaje formal o informal. Nuestra casa sería considerada el primer espacio en el que aprendemos, el trabajo o la escuela sería nuestro segundo lugar de aprendizaje, pero la mayoría de nosotros también tenemos terceros lugares, sitios donde nos gusta pasar el tiempo; lugares que percibimos como acogedores. En general, la gente menciona como terceros lugares sitios como cafeterías, restaurantes, gimnasios, parques, iglesias o bibliotecas. Estos lugares se definen como espacios híbridos y abiertos al conocimiento y al intercambio cultural, donde el usuario (visitante, lector, estudiante, espectador…), encuentra su lugar en el corazón de los procesos de aprendizaje, producción y difusión de las culturas y del conocimiento.

En los terceros lugares se crean nexos, relaciones y también una forma de aprendizaje informal, alejándose de una visión elitista de la cultura para interesarse por los actores informales y los espacios sociales cotidianos. Buscan interconectar las culturas escritas, digitales y técnicas del conocimiento y otras formas, ya sean académicas, artesanales, prácticas, expertas o profanas. Su misión esencial es promover la cultura de experimentación. Fundamentalmente los terceros lugares y los espacios de innovación pública persiguen objetivos sociales claros sobre los temas importantes a los que se enfrenta la sociedad.

Así, con la llegada de Internet y los recursos digitales a las bibliotecas han dejado de ser únicamente salas de lectura. Hoy en día las bibliotecas se están transformando en espacios versátiles, espacios polivalentes, que además de ofrecer todavía a la gente la oportunidad de acceder a una gran cantidad de materiales físicos de lectura, también proporcionan acceso a Internet, a dispositivos digitales, apoyo a las personas en la búsqueda de trabajo y acceso a los recursos en línea; además también de ofrecer oportunidades de aprendizaje en contextos informales, tales como espacios para reuniones y encuentros para el público, para grupos comunitarios y otras organizaciones locales. Según Dudley, las bibliotecas no solo son proveedores de información, sino proveedores de experiencias como lugares de acogida y programación de eventos (a menudo con socios de la comunidad) que  facilitan la creación de contenidos a través de la prestación de sus espacios. (Dudley 2013).

Aparte de las bibliotecas públicas, no hay muchos lugares en una ciudad que estén ampliamente abiertos a todos los visitantes, de forma gratuita, con calefacción y sin nadie en la puerta para comprobar nuestra identidad. También en una biblioteca se da una relación de persona a persona, lo que no ocurre con otros organismos de la administración en los que predomina una relación de la entidad pública con el usuario.

Además también los bibliotecarios han comenzado a tomar conciencia de que la razón fundamental para su supervivencia institucional está en los beneficios públicos que proporcionan sus organizaciones a las comunidades a las que sirven, fundamentalmente abogando al principio de los “terceros lugares” centrados en el aprendizaje. De este modo, las bibliotecas se están orientando más a aumentar su relevancia, teniendo en cuenta aquello que no puede proporcionar Internet en la era digital, un lugar donde reunirse, un lugar donde establecer relaciones directas con otras personas cara a cara y un lugar donde consolidar nuestra identidad como colectividad. De este modo las bibliotecas se están configurando como espacios para el aprendizaje en el siglo XXI; por ello se dice que la biblioteca prototípica en la sociedad del conocimiento se debe basar en dos servicios fundamentales (Alonso-Arévalo, J., 2018):

(1) Ser un soporte para sus comunidades

(2) Proporcionar espacios físicos de encuentro, de aprendizaje y de trabajo.

Estos centros de nueva generación proponen múltiples espacios polivalentes con diferentes dimensiones sociales y funcionales, incluyendo talleres, salas de creatividad, salas de exposiciones, cafeterías, y salas de pruebas para dispositivos digitales. Se trata de una nueva propuesta fresca y distintiva, en la que  el espacio de la biblioteca ayuda a impulsar la colaboración, desarrollar el talento y mejorar el rendimiento e impulsar la innovación, arraigado en cinco competencias clave necesarias para el éxito en el mundo actual, en constante cambio: adaptabilidad, competencia cultural, empatía, curiosidad intelectual y desarrollo del talento. De este modo cada vez más, las bibliotecas están asumiendo un papel como centros sociales, compartiendo costos y algunas de las funciones tradicionales de otros servicios y agencias sociales.

Tal como se afirma en el documento “The Impact of Libraries as Creative Spaces” de Queensland University este tipo de espacios funcionan como ( Queensland University of Technology., 2016):

  • Espacios comunitarios creativos – inclusivo y acogedor tanto en su presencia física y mediada en el entorno digital.
  • Conectores – atrayendo diversos grupos de individuos y comunidades con fines sociales, culturales y económicos.
  • Centros de tendencias tecnológicas – espacios educativos, experimentales y empresariales.
  • Incubadoras de las ideas e innovación – donde el aprendizaje informal fuera la educación formal se lleva a cabo, la generación de conocimiento y facilita la intercambio de ideas.

Las bibliotecas definidas como terceros lugares, se configuran como espacios de aprendizaje, sociabilidad y encuentro más que como áreas dedicadas exclusivamente a la lectura. Así, las bibliotecas se están convirtiendo en plataformas de base objetivas que crean herramientas y servicios en apoyo para el empoderamiento de los individuos y las comunidades. Auténticos nodos y conectores entre personas y comunidades que apoyan e impulsan el desarrollo económico y social de sus comunidades basado en la economía social y del conocimiento, tan propia de las llamadas futuras ciudades inteligentes (Alonso-Arévalo, J. 2019) 

 

Bibliografía

Alonso-Arévalo, J. (2018). [e-Book] Makerspaces y bibliotecas. Barcelona, UOC, El profesional de la información.

Alonso-Arévalo, J. (2019). [e-Book] Makerspaces. Espacios creativos en bibliotecas: creación, planificación y programación de actividades. Salamanca, Ediciones del Universo.

Dudley, M. (2013). [e-Book] Public Libraries and Resilient Cities. New York, American Library Association.

Garmer, A. K. (2016). [e-Book] Rising to the Challenge: Re-Envisioning Public Libraries: A report of the Aspen Institute Dialogue on Public Libraries, ASPEN.

The Impact of Libraries as Creative Spaces. (2016).. Queensland, Queensland University of Technology. Digital Media Research Centre Coordinator


Julio Alonso Arevalo: Bibliotecario de la Facultad de Traducción y Doc. de la USAL. Ex-Miembro del Grupo de Investigación E-LECTRA. Premio Nacional de Investigación por la UNE, creador y editor del repositorio E-LIS, 80 artículos científicos en revistas como El profesional de la información, Library Hi-Tech, Electronic Library, Investigación bibliotecológica, Anales de Documentación.

Cuenta con 11 libros publicados, más de 1200 citas en Google Schoolar, creador y gestor del Blog Universo Abierto. Director del programa de Radio Planeta Biblioteca más de 150.000 seguidores en los grupos profesionales de Facebook.

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