Lo que nos hace humanos

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Evolucionados de los primates, los humanos poseemos órganos, músculos, huesos que conforman un cuerpo, un conjunto de partes que nos ha permitido ser la especie animal que más abunda en el planeta. Aunque hay evidencias flagrantes -y otras no tanto- que nos distinguen en el reino animal, ciertos rasgos humanos nos ayudan a entender nuestro lugar en el Universo. Entre ellos está la educación que De la Fuente (2015) sugiere que “estimula la facultar de pensar, que es la que nos hace humanos” (p. 118). A pesar de la evolución de nuestra especie, de nuestras vidas en complejas sociedades y de los avances tecnológicos, hay un par de preguntas que siguen resonando en varias ramas del conocimiento -como la biología evolutiva, la filosofía, las neurociencias- produciendo debate y nueva literatura: ¿que nos hace humanos? y ¿que no nos hace humanos?.

Al gremio bibliotecario pueden interesarnos particularmente dos razones que nos identifican plenamente como homo sapiens. Una de esas características, la manifiesta Carl Sagan, en su libro Cosmos :

“Cuando nuestros genes no pudieron almacenar toda la información necesaria para la supervivencia, inventamos lentamente los cerebros. Pero luego llegó el momento que necesitamos saber más de lo que podía contener adecuadamente un cerebro. De este modo aprendimos a acumular enormes cantidades de información fuera de nuestros cuerpos. Según creemos somos la única especie del planeta que ha inventado una memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros. El almacén de esta memoria se llama biblioteca” (Sagan, 1985, p.75).

Somos la única especie que ha creado un exo-cerebro que nos sirve, entre otras cosas, de memoria comunal. De igual manera que el cerebro dentro nuestros cuerpos, la biblioteca no deja de evolucionar. Podemos deducir, sin ser especialistas en el estudio de este órgano, que el cerebro y la biblioteca comparten similitudes: por ejemplo, ambos necesitan prescindir de información: en el cerebro humano se llama olvido, en las bibliotecas se llama descarte. Cerebro y biblioteca deben eliminar datos que dejan de ser importantes para su buen funcionamiento. Hay que liberar espacio de información que carece de utilidad. Por algo  nuestra memoria es selectiva.

Otra semejanza es la adaptabilidad: los estudiosos del cerebro llaman neuroplasticidad cerebral a la facultad de este órgano para generar nuevas conexiones entre sus neuronas–aun tratándose de un cerebro adulto – debido al efecto de información nueva. En el caso de los recintos bibliotecarios podemos hablar de ejemplo de adaptabilidad –aunque no como un concepto acuñado o un tecnicismo – en el caso del antiguo catálogo de fichas que se encontraban guarecidas en cajones y los modernos motores de búsqueda de muchas bibliotecas en el mundo. El catálogo electrónico de las bibliotecas siempre está modificándose debido a información novedosa.

Toda ciencia (incluida la ciencia bibliotecaria) es la suma de generaciones que mantienen viva dicha rama del conocimiento. Como muchos oficios, el quehacer bibliotecario posee una tradición de grandes personajes que ejercieron la profesión: Eratóstenes –celebre matemático por hacer una medición aproximada al diámetro de la Tierra con poquísimas herramientas para lograr dicho cálculo – fue bibliotecario en Alejandría, Jorge Luis Borges lo fue en Buenos Aires, Stephen King [MLTP4] lo fue en su natal Maine, por nombrar algunos. Podemos echar una mirada al pasado y encontrar referencias (o ancestros) de las cuales inspirarnos para segui ejerciendo de bibliotecarios. Lo singular de esta etapa que vivimos es que poseemos mucha más información que aquellos antiguos colegas para dilucidar cómo será el futuro o como se vivía en tiempos pasados. Podemos acceder a redes excepcionales de conocimiento o entablar dialogo con colegas de otros países en tiempos reducidísimos.

En El cerebro del futuro (Manes & Niro, 2018) nos anuncian sobre otro rasgo tan humano, el de visualizar lo que vendrá: “una de las capacidades más fascinantes que tenemos los seres humanos es la de imaginar lo que puede llegar a suceder, pensar el futuro. La complejidad de nuestro cerebro nos permite reflexionar sobre nosotros mismos en el presente e interrogarnos por aquellos pasos que no hemos dado aún” (p.41).

Un bibliotecario – holograma como el que se representa en la película Máquina del Tiempo que está conectado a todas las bases de datos del mundo y que obtiene información sobre cualquier tema con una inmediatez que produce vértigo, aunque surge de la ciencia ficción no podríamos descartar que es una posibilidad de los años venideros. Michio Kaku, reconocido físico y divulgador científico, anuncia que en el futuro podremos accesar a la biografía de quien tengamos frente nosotros solo con un parpadeo, por medio de unos lentes especiales conectados a Internet, por citar un presagio tecnológico.

Carl Sagan hablaba de la persistencia de la memoria, planteando augurios sobre las bibliotecas y el futuro : “la salud de nuestra civilización, nuestro reconocimiento real de la base que sostiene nuestra cultura y nuestra preocupación por el futuro, se pueden poner a prueba por el apoyo que prestemos a nuestras bibliotecas” (Sagan, 1985, p. 77).

Nos hace humanos pensar en el futuro. Nos hacen humanos las bibliotecas. Nos interesa y nos seguirá intrigando debatir sobre la naturaleza humana ante los desafíos tecnológicos que se producen constantemente y la creciente incursión de robots en nuestra vida. Nuestro cerebro se ve modificado por la interacción del entorno, lo mismo sucede con las bibliotecas, que en su proceso de adaptación a las nuevas tecnologías han evolucionado buscando satisfacer las demandas de información de los usuarios, considerados como hiperconectados.

  Obras consultadas:

De la Fuente, J. (2015) ¿A quién le importa el futuro? Planeta Mexicana

Sagan, C. (1985) Cosmos. Planeta

Manes, M. y Niro, M. (2018) El cerebro del futuro. Paidós


Gerardo Manuel Padrón, bibliotecario egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Apasionado de la música, de los deportes, los libros y en general de las buenas ideas que valen la pena compartir con los demás.
Actualmente soy librero.

«So many books, so little time» decia Frank Zappa.

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