Encriptadores Informacionales

Fuente: adsl zone

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Drucker (2012), argumenta: “Cuando una persona se adelante a su época, como sucede con los innovadores y los pioneros del pensamiento, suelen ser acusados, incomprendidos y se les considera también inadaptados”.

En esta villa global, hay un eje de atención y un eje de lectura, que para poder explorarlo, seguirlo o imaginar la elaboración mental para seguir haciendo interesantes descubrimientos, buscamos información para hacer, para actuar, aprender, realizar una actividad práctica teórica, estética recreativa y tomar una decisión en esta esfera multidisciplinaria, política, económica, administrativa o incluso en nuestra vida cotidiana.

A diferencia de otras necesidades de información, las que son del interés para transmitir información, en nuestra profesión leemos porque queremos saber que sucede, no porque se nos haya impuesto, leemos para nosotros, no para los otros, ni para hacer un buen papel memorizando fechas, autores, en reuniones litúrgicas.

Arendt (1993), promueve que: “El profesional de la información es un ser humano, es sinónimo de ser activo, lo que significa no sólo laborar para satisfacer necesidades físicas y biológicas, ni tampoco únicamente trabajar para producir objetos artificiales (técnica y civilización), sino un ser que actúa en la esfera de lo público, donde se es creativo, reflexivo, libre y se tiene responsabilidad”.

En nuestro rol de encriptadores informacionales, debemos reconocer y distinguir los ambientes internos y externos, registrar sus modificaciones, la influencia sobre los usuarios, tal vez debemos preguntarnos: ¿Qué podría ocurrir si se hace determinada pregunta? ¿Si los usuarios van en la búsqueda de una información, que ellos no saben a qué lugar recóndito los podrá llevar?.

La Biblioteca, Archivo y Centros de Documentación, no son un espacio decorativo, sino funcional, con estructuras narrativas, con una intervención comunicativa-formativa diariamente activa, donde la imaginación es necesaria para llenar los vacíos entre una viñeta y otra.

En un ambiente plagado de banalidades, el principal interés por los datos, no está condicionado en su contenido, sino en la relación directa con la forma y con la sustancia de la expresión escrita.

Leemos para comprender las reglas y las claves, gozar con el trabajo de nuestra propia imaginación, no quiere decir que la información aparezca siempre con tanta claridad.

Vale la pena distinguir los datos, ese monologo con símbolos no es menos importante que el comunicar con palabras, no debemos subestimar el contexto y el compromiso que aflorará para bien y para mal, según sean las circunstancias.

La descodificación de un mensaje, se produce siempre según sea el código del destinatario; vivimos y trabajamos juntos, por un determinado lapso de tiempo, en una pequeña comunidad democrática, a veces Napoleónica, donde se requiere la constante motivación y estimulación de una participación creativa, en vez de reprimir, desviar o instrumentalizar las órdenes ciegamente.

Cada autor que vibra dentro de un libro, proporcionan libertad, derecho y equipo, cada letra plasmada la sintieron como experiencias propias para ser compartidas; pioneros, adelantados para su tiempo, catalogados como locos o divergentes, muchos de ellos herejes, donde sus palabras han sido vividas y conquistadas, ellos siempre gozaran de libertad de pensamiento y de palabra.

Rendón Rojas (2005), sostiene que: “Si nuestra acción va encaminada a desarrollar el ser del usuario como lo concebimos entonces es un valor; si lo degrada o frena su desarrollo, es un antivalor”.

Considero que en las Bibliotecas, ejercemos la crítica con todo tipo de materia prima, cada momento de nuestra actividad no está determinado por programas burocráticos, por una rutina didáctica, el enfoque de las Bibliotecas, siempre será un acto vital para y por el acceso a la información.

La imaginación que fluye de los mensajes decodificados, no es una muesca de un clavo en una cera, sino que es el choque de partículas, átomos y dendritas que evolucionan con fuerza en la personalidad de los receptores.

Claro, hay circunstancias a nivel del subconsciente y la cual puede permanecer improductiva, si están condicionados solamente para escuchar y para conformarse con lo que escucha; a leer permaneciendo en los límites del modelo cultural y moral impuesto por un entorno de epistemicidas.

Los autores escriben, no con la finalidad de que se memorice o redacte exactamente lo que dijeron, que es el mayor deseo de algunos inquisidores, donde la plenitud de la lectura es reescribir los postulados propuestos por los autores, no debemos limitarnos a un juramento fingido que solamente sentado y hojeando un libro, habrá una situación creativa, donde debería existir el gusto por la lectura, no por obligación, tiene y debe ser un instinto de libertad con el cual cada uno de nosotros lo llevamos arraigado en nuestro ADN.

Si el libro es maltratado, hasta ser un elemento de ejercitación de copias, resúmenes, plagios, análisis gramaticales, destazados, sofocado por el mecanismo tradicional, solo lograran que lean por obligación y no por gusto.

¿Acaso no hay un modo de aproximar todas las lecciones desparramadas entre tantos millones de libros? ¿Se podrán reunir en un objetivo común, que pudieran ser fáciles de verlos, interesantes en seguirlos y que sirvan de estimulante en estos tiempos?

Ya puedo apreciar que se les inflama la imaginación, no se afanen en esta situación, sin agravios, con más sencillez y verdad, siempre vamos a requerir de los libros, cada Biblioteca está destinada a ocupar un lugar distinguido, no obstante, nuestra entereza es guiar en la desfragmentación de los datos, no pretendemos que se aprenda de cabo a rabo todo el contenido expuesto por los autores en su cabeza, lo que se requiere es que los usuarios comprendan muy bien lo que representa la información que están obteniendo, que les dará forma y contenido, a un sin número de ideas claras que le servirán para su formación.

Habermas (1984), argumenta: “La sociedad moderna se caracteriza por su afán de dominio y control de la naturaleza e incluso de la sociedad y de los fenómenos humanos”.

Los delineamientos de las tecnologías ya están claros, ahora la conducta humana se estatuye en que se debe producir y modificar, nuestro entorno cambia radicalmente, si omites la importancia del intercambio de información, de experiencias, se manifestara la falta de seguridad, estarás insatisfecho, desanimado, frustrado, intranquilo, angustiado, etc.

La tecnología siempre será neutral, puedes ser empleada por personas inescrupulosas, como por personas responsables, en papel está establecido el buen uso que se le debe dar a las tecnologías, es como los 10 mandamientos, ahora el que algunas personas lo acaten es otra historia, acá lo que prevalece es un plan de consumismo global, donde la supervivencia de una cultura emerge como una especie particular de valor engendrado y estas en la cresta de la ola o de la moda de turno.

Los datos encriptados y su decodificación, se convirtieron en la búsqueda de un proceso alquimista, que afianzará la calidad cognoscitiva de las personas, que debería encajar en un ambiente creado para producir conocimiento, pero independientemente de lo que cada generación erogara, siempre resultara que no hay interés en aprender un oficio, en la medida que los ciudadanos obtengan posibilidades y nuevas oportunidades de aprender, su disponibilidad vivencial cambiará exponencialmente.

Cooper (1999), coincide en: “La posibilidad de identificar algunas áreas generales de competencia docente que sean congruentes con la idea de que el profesor apoya al alumno a construir el conocimiento, a crecer como persona y a ubicarse como actor crítico de su entorno”.

Es evidente que enseñar no sólo implica proporcionar información. Sino también ayudar a aprehender y a desarrollarse como personas, y para ello debemos conocer bien a nuestros usuarios: ¿Cuáles son sus ideas previas?, ¿Qué son capaces de aprender en un momento determinado?, su estilo de aprendizaje, los motivos intrínsecos y extrínsecos que los motivan o desalientan, sus hábitos de trabajo, las actitudes y valores que manifiestan frente al estudio concreto de cada tema.

Es difícil llegar a un consenso acerca de cuáles son los conocimientos y habilidades que un debemos poseer, pues todo depende de la opción teórica y pedagógica que hayamos adoptado, así como de la visión filosófica de los valores y fines de la educación con los que asumimos nuestro compromiso.

La lectura te libera de la manipulación, aprenderás a sacar ventaja de tus habilidades psicomotoras, donde a otros les habrá tomado parte de su vida poder aplicarlas, sobre todo la postura de algunos semidioses que se atribuyen que son los informantes superiores o modelos de pericia.

En definitiva somos activos y no un miembro pasivo dentro de un sistema unilateral, porque se necesita de un SUJETO y no de un objeto, para poder tener un diálogo intersubjetivo; los usuarios pueden recurrir a un sistema experto, a un catálogo en línea o a Internet, pero siempre con la intención de tener acceso a una información pragmática; donde las variables que integran el contexto pueden estar implícitas y no llegar a ser descubiertas explícitamente, lo que consecuentemente se lograría a través de un diálogo de dos sujetos: el usuario y nosotros.

Fernando Antonio Salas Granado.

BIBLIOGRAFÍA.

Arendt, H. (199). La condición humana.- Barcelona: Paidós.

Cooper, J.M. (1999). Estrategias de enseñanza. Guía para una mejor instrucción.- México: Limusa

Habermas, J. (1984). Ciencia y técnica como ideología.- Madrid: Tecnos.

Rendón Rojas, M. A. (2005). Bases teóricas y filosóficas de la bibliotecología.- México: UNAM, Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas.

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