Suyo o suya: El arte de catalogar la historia

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Si tuviera una moneda por cada vez que me han insistido que la cantidad de producción bibliográfica es más importante que la calidad de esa producción, tendría una fortuna respetable. Además, tendría una buena lista de gente que no entiende bien lo que realmente implica la catalogación bien hecha. Dicho sin pelos en la lengua, es el eje de las ciencias informáticas. No sólo destaca los hechos vitales de un libro (título, autor, o fecha de publicación); también sirve para ubicarlo en un contexto más amplio del mundo en el que nació.

Les presento un ejemplo excelente. Hace poco, analicé una serie del Scottish Home Department llamada Freshwater and Salmon Fisheries Research (Estudios de pesquerías de salmón y agua dulce). Los dos primeros tomos, publicados en 1950 y 1951, tenían como pie de imprenta “His Majesty’s Stationery Office” (Papelera de su Majestad). El tercer tomo, de 1952, era casi idéntico. Una sola letra, en realidad, había cambiado. En lugar de “His Majesty’s Stationery Office,” decía “Her Majesty’s Stationery Office.”(1) Una “e” por una “i”: de verdad un cambio pequeñísimo. Pero un cambio también con tremenda carga histórica.

 

                     

 

En febrero de 1952, el rey Jorge VI de Inglaterra murió y su hija Elisabet asumió el trono. El país aún lidiaba con las medidas de austeridad impuestas durante la Segunda Guerra Mundial: ciertas clases de racionamiento continuaron hasta 1954. El imperio británico estaba en plena desintegración, ilustrado por la independización de India en 1947, y para 1950 la creciente polarización impulsada por la Guerra Fría había arrinconado al Reino Unido entre los bloques emergentes americano y soviético. Al comenzar el reino de Elisabet, “Gran Bretaña disfrutaba el verano indio de su carrera como poder mundial.”(2)

Las evidencias de decaimiento nacional e imperial alimentaron el interés del pueblo en el advenimiento de la nueva reina. Los festejos circundantes a la coronación en 1953 fueron inéditos en su escala. Elisabet, a los 25 años, tenía por delante décadas de vida y vivacidad, y estas expectativas fueron en alguna medida trasladadas también a las fortunas de la nación. La joven reina representaba esperanzas para el futuro británico en un momento de gran incertidumbre.(3)

No desafía demasiado la imaginación pensar que, al llevar a la prensa el tomo 1952 de Freshwater and Salmon Fisheries Research, los empleados de la editorial compartieran con sus compatriotas esta mezcla extraña de presagio y elación. Al armar la tipografía nueva para publicación tras publicación, no es mucho imaginar las reflexiones colmando sus cabezas. El mundo por ellos conocido estaba cambiando bruscamente, expirando y naciendo a la vez, el ambiente repleto de movimiento y electricidad.

Con esta consideración, el libro en sus manos se convierte en más que un anticuado informe técnico de pesca. Ahora es una reliquia poderosa como la de cualquier santo, imbuido con la energía emocional de la persona que lo imprimió.

Estos cambios sísmicos en el destino de una nación, atestiguados por estos tomos, se reducen en la página a la diferencia entre una “i” y una “e”. Sin embargo, en los registros originales que encontré, todo desaparece detrás de la sigla frugal ‘H.M.S.O.’ Sigla que es a la vez técnicamente correcta y absolutamente insensible tanto del cambio en pie de imprenta como del desplazamiento histórico involucrado. Un objeto que, al permitirlo, podría iluminar su propio patrimonio queda huérfano, robado de contexto e identidad. Vuelve a ser solamente un libro viejo, juntando polvo en un estante que nadie puede (ni quiere) encontrar.

Con la llegada de RDA y su requisito de transcripción exacta, lo cual no deja lugar a la abreviación selectiva, estos dilemas serán menos frecuentes. Ahora el uso correcto es incluir el texto completo. “His” o “Her” sería la forma prescrita; ya no queda a discreción del catalogador (asumiendo que uno se adhiere a las reglas). Sin embargo, esto no afecta la filosofía subyacente: el pleito entre cantidad y calidad continúa sin disminución. Insistimos en más catalogación en vez de catalogación mejor, y al hacerlo perdemos de vista el verdadero significado de nuestro esfuerzo.

Para ser justos, hay que reconocer que esos registros originales provenían de la época pre-AACR2, y por lo tanto la abreviación usada era en su momento aceptable. Pero hay que admitir que a esta altura esa práctica ha quedado atrás. Como catalogadores, tendríamos que estar atentos y dispuestos a remediar las deficiencias de estándares anteriores. Como hemos visto, nuestra herencia está en juego. No obstante, la catalogación retrospectiva sigue siendo manzana de gran discordia: con base en que distrae demasiado del trabajo del catalogador, la actualización de registros viejos es desalentada, si no directamente prohibida.

Un ejemplo bastará. La Unidad de Catalogación y Metadata en Moody Library de Baylor University publica como política de edición de registros pre-AACR2: “Actualiza otras cosas en registros pre-AACR2 si así lo deseas (como cambios a puntuación ISBD), pero no a expensas de la productividad de catalogación.”(4) Aquí, como en tantos otros casos, la eficiencia triunfa por sobre la excelencia. Sin embargo, si tomamos como el cargo del catalogador la producción de registros centrados en el cliente, proveyendo una experiencia tanto táctil como textual, el costo de no remendar estas fallas puede ser mayor que del tiempo dedicado a rectificarlas.

El impacto de esto sería tal vez más obvio si se tratara de algún manuscrito de Shakespeare o una reimpresión científica firmada por Einstein, pero hay que tener en cuenta que el pasado en su mayoría está poblado por gente común, sin fama. Por eso, mientras más difícil sea ver una contribución, más importante es resaltarla en lo posible por medio de la catalogación. Nosotros hablamos por los que nadie escucha, pero que tienen una imprescindible participación en la producción de lo que catalogamos. Por lo tanto, hay que tener siempre presente que no catalogamos sólo libros. Estamos catalogando la historia.

 

Bibliografía y notas

  1. “His” es el posesivo masculino: “suyo”; “her” sería el posesivo femenino: “suya.”
  2. C.J. Bartlett, A History of Postwar Britain, 1945-1974 (New York: Longman, 1977), 122 [Traducción del autor].
  3. Ben Pimlott, The Queen: A Biography of Elizabeth II (London: HarperCollins, 1996), 193-214.
  4. “Editing Pre-AACR2 Records,” University Libraries, Baylor University, accessed September 19, 2019, https://www.baylor.edu/lib/librarystaff/index.php?id=59883 [traducción del autor].

Vance Woods: Master en Relaciones Iglesia/Estado por Baylor University en Texas, con un enfoque en la historia celta medieval en las islas británicas. He trabajado en contextos múltiples, incluyendo el teatro, la iglesia, y la educación primaria/secundaria. Empecé como catalogador de colecciones especiales en Baylor en 2009, cambiando a Oregon State University en 2017 después de un año interino en Argentina. Tengo experiencia extensa con catalogación original en muchos formatos distintos, tanto físicos como electrónicos, incluyendo materiales raros y únicos. Soy experto en idiomas, habiéndome encargado en Baylor de la Colección Keston, compuesta de materiales de y acerca de la ex-Unión Soviética en una gran variedad de idiomas, incluyendo varios a base de alfabetos cirílicos. Me fascina la lingüística en el rubro bibliográfico; es una pasión que sigo desarrollando en Oregon State. Tengo publicaciones tanto académicos como populares, incluyendo una historia fotográfica de Butler, Missouri, de donde provienen mis antepasados.

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