El gen egoísta.

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Fuente: ymgerman.

Es pertinente acotar que durante el siglo XIX, Gregor Mendel (1882-188), genetista y científico adelantado para su época, patento las Leyes de la Genética;  donde el cruce de los cromosomas de dos parejas conllevan a la conformación de un ser vivo, independientemente si es animal o humano, lo primordial es que la nueva generación tendrá las características de ambos portadores.

Aunado a esto Richard Dawkins (1976), argumenta, «los Genes buscan la inmortalidad, los individuos, las familias y las especies somos simples vehículos en ese empeño».

Muchas veces, escucharemos, ¡El conocimiento es Poder, y no lo compartiré con nadie, lo que he aprendido vale mucho! Muy bien por el que piensa así, simplemente se quedara varado en la orilla, enredado en su maraña de pensamiento inquisidor.

Las Bibliotecas, son un conglomerado de saberes, cada libro es un Gen Egoísta, los datos, información, formulas, guías, mapas, rastros, trozos de palabras y oraciones, que se esconden mucho más que la isla del tesoro, cada uno de nosotros nos parecemos a Robinson Crusoe, otras tantas, somos descendientes de Marco Polo, buscamos una aguja en el pajar, para seguir nuestro trayecto de investigación en otras latitudes, países, idiomas, diferentes panorámicas de saberes.

Somos invitados a un templo de infinidades de aportes prácticos, filosóficos, altruistas, emblemáticos, lleno de fabulas, verdades e hipótesis en espera de que otros continúen con el legado del autor o lo mejoren.

En su momento ellos estaban adelantados en su tiempo, tal vez eran egoístas, porque deseaban demostrar que sus propuestas no eran locuras y tampoco ameritaban que los inquisidores los quemaran para ocultar sus ideas.

Fueron egoístas para un sector ignorante, que engullía todo lo que ellos producían y tomaban posesión de ello, creando cofradías, movimientos protestantes, porque solo la verdad absoluta les pertenecía a ellos y se debía repetir una y otra vez hasta que las personas fuesen condicionadas y hayan creído que era real.

Han pasado muchas lunas, las mareas han sido constantes y el clima ha cambiado en la medida que los individuos nos dedicamos a contaminar el medio ambiente.

Todo es cuestión de adaptabilidad, compartir exponencialmente, multiplicar la información recibida, no importa las fronteras, no necesitamos visa para poder conversar, sugerirle, solicitarle amablemente información pertinente a otros compañeros, para que sea procesada y divulgada a otros.

Difiero que seamos egoístas como individuos, tal vez el gen ya viene con su defecto de fábrica, pero lo podemos moldear como una arcilla en las manos de un alfarero, darle forma, para que sea una pieza de gran valor.

No podemos ser como Jonás, esperar a que nos trague una ballena, para aportar lo que por derecho estudiamos, nos forjamos, y seguimos formándonos para garantizar la continuidad de los saberes, independientemente del formato o el medio que sea publicado.

Los títulos se ven muy bonitos en la pared, hasta podemos hacer un mosaico con ellos en la sala o ubicarlos en un cuarto de trofeos, total, solo mencionan tus nombres y apellidos, pero si no dejas nada por escrito, no aportas nuevas propuestas, ideas, soluciones, emprendimientos, semblanzas e información hereditaria; nos percataremos que cuando San Pedro nos diga que ya se nos venció el pasaporte, solo será eso, un título nada más.

Fernando Antonio Salas Granado

Bibliografía.

Dawkins, R. (1976). El gen egoísta. Oxford: Oxford University Press.

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