Preguntando le damos alas a nuestra imaginación

Fuente: Educrea

En algún momento de nuestra existencia, hemos dejado de ser imaginativos y sobre todo somos comedidos al momento de formular preguntas, tal vez para no irritar a otras personas, seguramente para salvaguardar nuestra convivencia con otros o a lo sumo solo es conveniente escuchar, ver, quedarse callado y quieto como en la cédula.

A la final ese tesoro que disfrutamos cuando éramos niños, paso a segundo plano o dimensión para poder complacer los gustos de nuestra comunidad, impenetrable, falta de comunicación, materialista y donde predomina la marca de la ropa, el celular, el carro, la moto o donde vives.

Somos jóvenes aún, algunos replicamos, conversamos, mantenemos nuestros ideales y los expresamos solo con aquellos que en verdad lo requieren, cada etapa de las diferentes generaciones ha sido compleja y difícil, es ahí donde los abuelos siempre han procurado mantener y cultivar la imaginación de sus nietos.

Desde ese instante nacen las preguntas creadas por los abuelos, nada comunes,  que quizás nos lleven a otras preguntas, como estas:

.- ¿Por qué nos dicen que los perros están contentos, si al mover su cola están diciendo que NO?

.- ¿Qué estarán haciendo la Bella Durmiente, el Gato con Botas, Pulgarcito, Blancanieves, el Capitán Nemo, el Conejo Oswaldo, el Gato Felix, mientras no leemos sus cuentos?

.- ¿Quién se atreve a perseguir el conejo blanco de Alicia?

.- ¿Será que cabalgan tan rápido los caballitos de mar, que no les vemos sus patas?

.- ¿De tanto construir edificios unos al lado de otros, un día sólo nos quedara la ventana del televisor para poder asomarnos?

.- ¿Si los abuelos son cada vez más niños, será que nosotros somos como el curioso caso de Benjamin Button?

.- ¿Nuestro vecino es amargado o guarda su sonrisa en un maletín de ejecutivo para utilizarla en algunas ocasiones?

.- ¿En qué zapatería se consiguen las botas para trotar con Forrest Gump?

.- ¿Dónde puedo ubicar un sastre que me ayude a hilvanar los sueños imposibles?

.- ¿En qué lugar se solicita un vaso de agua para una tempestad?

.-  ¿Dónde se repara la calculadora para contar las ovejas de los largos, largos, muy largos insomnios nocturnos?

.- ¿Cuántos años, días, horas, minutos, y segundos, hemos recorrido desde los tiempos de maría castaña?

.- ¿Cuántas monedas requeríamos para hablar con nuestros familiares en una caseta telefónica?

.- ¿Somos más loables y activos comunicándonos por mensajes de texto, que cara a cara con nuestros amigos?

.- ¿Habrá debajo de la cama o detrás del closet el famoso Coco o alguno de los personajes de Monster Inc?

.- ¿Cuántas veces se habrá mecido en el chinchorro pajarote, antes de que llegara Santos Luzardo?

.- ¿Quién fue el primero en nacer, el huevo o el dinosaurio?

Y así paulatinamente, entre adivinanzas, acertijos, preguntas y cuentos, recordamos y nos percatamos, que el aprendizaje verbal pasa de generación en generación, se mantiene en el tiempo por herencia familiar.

Fernando Antonio Salas Granado

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