Las bibliotecas como estilo de vida

Foto: Mayerling Zapata López

Lo verdaderamente importante es el trayecto trazado por nuestros antecesores, el que estamos hilvanando y los que han de consolidar la nueva generación, como un ave fénix, las bibliotecas deben ser contempladas bien de cerca para que verdaderamente sean realidad y no una utopía, para que contemos que han transcendido en el tiempo, hemos procurado darle continuidad a este legado de la Bibliotecología, otro quizás pueda hacerlo.

Esa bocanada de aire, esa exhalación de nuestro carácter de irreverentes, no es otra cosa que un alarido emergiendo en el corazón de quienes consideramos que la actividad intelectual, nos conduce a la aplicación lógica y racional de los conocimientos asimilados de las situaciones reales de nuestro entorno; es decir, debemos realizar comparaciones, investigar, deducir conclusiones, tener la capacidad de reaccionar creativamente.

O acaso, ¿Podemos afirmar que la actitud de pensar y de aprender, es algo que crece exponencialmente? ¿Es posible cultivarlo?. Claro que es posible cultivar y cosechar cualquier tipo de conocimiento y habilidades que obtengamos a partir de una mentalidad que es naturalmente fértil.

En presencia de la austeridad, recortes presupuestarios, asignación de coordinadores, directores o gerentes de las bibliotecas, ajenos a nuestra profesión; aunado a que nuestro sistema educativo se encuentra sumido en los niveles más bajos de lectura, abandono educativo, delincuencia, pandemia y los mercaderes sanitarios que se lucran con esta situación.

Habrá sectores que nunca han experimentado la emoción de la satisfacción intelectual de nuestro camino formativo, donde hemos remediado, rehabilitado, además de rehacer los elementos que se encuentran en las bibliotecas a la disposición de todo aquel que desee progresar.

María Teresa Múnera Torres (2010), considera: “Es de vital importancia la formación en habilidades de lectura y escritura, que permitan introducir a los futuros bibliotecólogos en los ámbitos de la investigación y la producción de nuevo conocimiento mediante la escritura de artículos y demás documentos mediante los cuales puedan registrar las experiencias significativas y exitosas de su labor y los nuevos saberes que adquieren al desarrollar su papel como gestores de la información”.

Lo propuesto por la autora, tal vez somos benevolentes, la lectura no es un factor hostil como algunos pueden juzgar, seria irracional de nuestra parte, no ofrecer las oportunidades apropiadas para ayudar y habilitar las posibilidades de éxito que se pueden lograr.

La utopía de las bibliotecas, se ha basado en arañar la superficie con esfuerzos discretos: un nuevo programa de lectura aquí, expresiones artísticas allá, test diagnósticos a los usuarios y al personal que labora en las bibliotecas, diseño de bases de datos, proyectos para una ejercitación perceptiva, entre tantas aseveraciones que vivenciamos día a día.

Estas actividades son como ondas en el océano de un sistema inquisidor, que no es apropiado, ni sano para una gran mayoría del sector público y privado, en la política simplemente no existe un camino justo y otro errado, porque tenemos escasas posibilidades de obtener resultados controlados que puedan llevar a un entendimiento razonable.

Formativamente debe existir la posibilidad de establecer algunas pautas con la plena convicción de evolucionar:

  • Debemos contar con Bibliotecólogos y Archivólogos, como diputados en la Asamblea Nacional, Gobernaciones, Alcaldías y Consejos Legislativos, así tendremos colegas que aboguen por nuestra profesión y no seamos percibidos como una anomalía.
  • Deben cesar los estereotipos entre nuestros pares, a nivel mundial, las escuelas de Bibliotecología y Archivología poseen sus programas de estudio, muy diferentes unos de otros, que en cuestiones de pares que han migrado, revisan sus datos con un microscopio para determinar si posee talento.
  • La aptitud de poder adquirir y aplicar un conocimiento específico, nos permitirá manifestar un pensamiento refractario, el lapso o tiempo operacional, los espacios, las relaciones, las clases presenciales o virtuales, la combinación e intercambio de saberes, el diálogo abierto entre nuestros pares, constituyen la sustancia pura de la inteligencia.
  • Estamos en constante presión por esta pandemia, por lo tanto no debemos permitir que el desarrollo de la creatividad por aprender, pueda ser inhibido por nuestro medio ambiente.

Históricamente, han decidido que las bibliotecas son espacios museísticos para contemplar las obras incunables o como espacio de relajación y meditación Zen, tácitamente alguna vez aquellos que desean asumir un pensamiento adecuado, fundamentado en la asistencia de quienes convergemos en las bibliotecas, donde estaremos extendiendo las bases de una mentalidad gradualmente deseosa por aprender.

Relativamente facilitamos el crecimiento espontaneo de la inteligencia, independientemente de que las opiniones infundadas, obstaculizan el acceso a la información que debe obtener la población.

Ante toda esta fauna extrínseca, debe coexistir la motivación entre las comunidades, los académicos y las bibliotecas; donde prevalezca la capacidad de pensamiento, enriquecimiento de la inteligencia como una fuerza reguladora de nuestro saber.

En todo esto reside la esencia del intelecto como una manera adversa de subyugar la ignorancia, que siempre está presente en nuestro entorno; apuntalar un pensamiento sobre la base de todo aprendizaje particular, para lograr esto, la sociedad en general, debe llegar a poseer un mayor conocimiento de las bondades que ofrecen las bibliotecas.

Donde aumentamos y nutrimos intencionalmente la capacidad psicomotora para pensar, podremos considerar los resultados de la lectura y la escritura como un criterio inmediato de éxito, todo depende de la empatía de los usuarios, que razonablemente deben comprender el mensaje de que la acción de pensar, se encuentra entre uno de los objetivos primordiales para mejorar la calidad de vida.

Las bibliotecas como estilo de vida, es poder alcanzar un nivel de actitud, de pensamiento, variedad y articulación, que sólo la lectura nos puede proporcionar; como bibliotecólogos, debemos estar capacitados para poseer una concepción muy clara de lo que es el pensamiento.

¿De qué otra forma podríamos conocer si una determinada actividad es estimulante o es una desviación del tema que debemos abordar? En el momento que nos inclinamos o buscamos otras perspectivas para obtener o dar una respuesta, nos vemos obligados a evitar soluciones simplistas y tomamos conciencia de que estamos obteniendo más información.

El reino de las bibliotecas, ha sido objeto de interminables especulaciones y consideraciones, bien sea favorables y otras negativas; donde a veces un subjetivista dirá que las bibliotecas son un recinto oculto para un observador, pero que puede estar disponible para la experiencia introspectiva de las personas.

Cuando un objetivista llega a puerto seguro, puede apreciar el cociente intelectual para la adquisición de conocimientos, como lo argumenta Jean Piaget (1972): “Comprender algo, significa conocer como se ha producido y adonde conduce”. El autor postula que todo funcionamiento psicológico tiene un aspecto estructural y dinámico, que debemos demostrar, de las lecciones aprendidas, las materias primas con las que fuimos formados.

Internamente, en cada uno de nosotros prevalece ese deseo de pertenecer a un espacio común, de ser parte de una cultura que empuja y avanza, que evita la estaticidad para ser dinámicos en cada biblioteca, con un plus de energía, con una ambición de evolucionar constantemente.

Fernando Antonio Salas Granado.

Bibliografía.

Múnera Torres, M.T. (2010). Formación del profesional en bibliotecología y archivística.- España: Revista Códice Vol. 6 N.º 1: 81-87 / enero – junio.

Piaget, P. (1972). Psicología de la inteligencia.- Buenos Aires: Editorial Psique.

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