HUMANWARE = BIBLIOTECOLOGOS

HUMANWARE = BIBLIOTECOLOGOS

Hace decenios un escalofrío recorre el cuerpo del ser humano, la necesidad de mejorar sus condiciones de vida, en un ambiente totalmente desconocido, donde todo avanza ligero, al acecho, entre claroscuros, esquivando obstáculos y mimetizándose con el entorno, se vio forzado a pensar, analizar y decodificar su entorno (homosapiens), elaborar herramientas para poder subsistir (homofabers),  en la medida que los datos eran procesados, inicio su periplo de plasmar sus vivencias en las paredes de las cuevas, registros que iban dejando para las nuevas generaciones, plasmando sus conocimientos en pinturas rupestres, lo que considero que serían los “primeros precursores bibliotecarios” (Moros, 2003).

José Antonio Frías (1995), argumenta: “La organización del conocimiento, cuya necesidad ha sido reconocida hace cientos de años y se ha hecho más acuciante a medida que se ha ido incrementando su volumen, es un paso previo para la explotación efectiva de la información con fines recreativos, educativos o comerciales. Podría afirmarse que desde el principio de los tiempos se han venido desarrollando un gran número de sistemas de organización del conocimiento, muchos de los cuales continúan estando en la base de algunos utilizados actualmente”.

Se han afianzado normas, reglamentos, lineamientos estáticos, una religión inquisidora del deber ser, sin opciones a modificar una formación conductista de cómo deben ser procesados los datos, con gerentes retrógrados negados a mejorar el flujo o una nueva encriptación de la información.

Frías (1995), considera que: “Cualquier intento de organizar el conocimiento debe, para justificar el esfuerzo que comporta, tener un objetivo. Es permitir que la información o el conocimiento sean encontrados en una búsqueda posterior”.

Antes era manual ahora es por medio de las bases de datos, una mina de oro para los informáticos, sólo deben cambiarle el fondo, los colores, logos u otro spoiler que deseen agregarle, porque siempre serán los mismo recaudos para ingresar los datos de los materiales bibliográficos, y otros, es decir: Autor, autores, título, edición, tipo de material, país o ciudad, año de publicación, editorial, descripción física, serie o colección, notas y número normalizado (ISBN o ISSN), según sea el caso.

Hemos evolucionado progresivamente, en el flujo dinámico de los datos, aún en estas condiciones rígidas y desconocidas en estos tiempos de pandemia, considero que podemos ser calificados como “HUMANWARE”, algunos tienen la versatilidad de programar y diseñar bases de datos o sistemas informáticos, otros operamos, cargamos la data que obtenemos del proceso de catalogación y clasificación,  cada uno de nosotros, somos el ‘factor humano’ (Moros, 2003), que interviene en este sistema abierto y algunas veces cerrado, como un juego de sombras, para descubrir nuestra propia sombra, la sombra de los objetos, la oscuridad y la luz.

Las bibliotecas y el vínculo existencial con nuestros usuarios, son una cadena de cromosomas que van evolucionando a cada instante, somos el hardware y el software, con el derecho y el deber de planificar, gerenciar, organizar, clasificar, catalogar y ofrecer un servicio de calidad.

Tratamos de expresarnos cuando queremos, de alguna manera, contar o decir algo, que nos alegre, nos incomode, nos guste o moleste. Para todo esto usamos las palabras, medios como lo oral o escrita, sobre todo lo avasallador de nuestra profesión, es que procuramos escuchar a los demás, claro sólo algunos están dispuestos a escuchar.

¿Por qué hardware?; desde el momento que iniciamos nuestro andar en la carrera de Bibliotecología somos un conglomerado de 0 y 1, es decir, un conjunto de números binarios a medida que obtenemos las herramientas necesarias para ejercer nuestra profesión.

Los cambios muchas veces son dolorosos física y mentalmente. Somos, en gran parte, adictos al status quo, pero la evolución es un progreso constante, no se detiene a esperar a nadie, hoy en día, los obtusos siguen siendo moneda corriente en las distintas áreas del saber. Ya no se paga con la severidad de antaño, los inquisidores cambiaron la guillotina y la hoguera por una postura de Semidioses.

Esta tan arraigado en su doctrina, que las opiniones progresistas han hecho mella contra el empirismo y es así que rara vez los datos se respaldan con números. El propósito, entonces, es dejar la forma de lado e ir con todo por el contenido, definitivamente aquí no tenemos un problema, lo tienen solo los que se niegan a observar lo evidente.

Alinear la visión de la dirigencia con el propósito de cómo deberíamos convivir en armonía, como un equipo entre los académicos, la biblioteca y los usuarios, es la principal versatilidad, el dinamismo de las posiciones del acceso informacional, ser pioneros en la utilización del híbrido llamado Humanware.

Nuestro software, son las Reglas de Catalogación Angloamericanas, el Sistema de Clasificación Dewey, el Library Congress (LC), las tablas de Cutter y otras tantas que nos permiten diseñar nuestro día a día.

Además, de poseer memoria Ram y Rom, memoria de corto y largo plazo, al mejor estilo de Maslow (1991); laboramos en base a nuestras emociones y aprendizaje, si algún tema o tecnología nos motiva, aprendemos y lo aplicamos de lo contrario lo olvidamos y seguimos en la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades informacionales.

Frías (1995), opina que: “Las bases de datos pueden contener referencias a los documentos o información actual sobre varias materias. El acceso a los contenidos de las bases de datos se realiza a través de la búsqueda automatizada, a menudo utilizando un terminal en línea”.

Por lo anteriormente expuesto, los dispositivos de entrada y salida en las bibliotecas están emparentados por datos codificados, por ejemplo: necesito un libro que hable sobre…; requiero un libro de color…; estoy buscando información, pero no me acuerdo del autor, ni del título…; es imperioso destacar que nos esmeramos en detallar cada característica de una publicación, demostrarles con orgullo la plataforma que está disponible para los usuarios.

Para Enrique Navas Benito (2012): “Consiste en tener la suficiente destreza/pericia a nivel emocional como para atender al usuario/a con la eficacia necesaria, optimizando dicha atención. Es decir, se trata de una cualidad relacionada con el trabajo del bibliotecario/a que está atendiendo al visitante”.

En muchas ocasiones debemos, crear un tutorial o explicarles oralmente como buscar la información, por lo tanto, son muchos los que aplican estas premisas, puede que les guste o no, hay algo que todos debemos saber: este es el camino hacia al éxito como un grupo multidisciplinario es arduo, las nubes grises forman parte del paisaje, esto se traduce en tolerancia y experiencia, no lo digo yo, lo dicen las voces de innumerables colegas y usuarios.

Navas Benito (2012), sustenta: “No hay nada que haga sentir más inseguro/a a un comprador/a (usuario/a) que un/a vendedor/a (bibliotecario/a) dubitativo/a. Si tú dudas (pensará el comprador) será por algo. Adiós ventas. Debemos ser asertivos/as y hacer que el usuario/a se sienta confiado y que eso conlleve a una optimización de sus requerimientos y del uso de la biblioteca por su parte”.

Algorítmicamente, el usuario es el punto de partida, el bibliotecólogo es el procesador y dependiendo de las solicitudes se canalizara la búsqueda para luego entregársela al usuario final, ejecutando cada vez mejor, a máxima velocidad la calidad del servicio, es un desafío, donde se define el estilo, el talento y la toma de decisiones que determinen la diferencia en el resultado final de cada uno de los involucrados.

No preguntes cuantas veces mueve las alas el colibrí, pregunta que estamos haciendo para mejorar nuestra perspectiva formativa y laboral, hay miles de factores que pueden impedir algo así. De hecho, estamos convencidos del acceso abierto, del Creative Commons, diseñar pieza por pieza para llevar a cabo este plan de reeducación informacional, emular e impulsar estrategias cognoscitivas para conseguir mejores resultados.

Navas Benito (2012), sugiere: “Cuando a la biblioteca llega una persona por primera vez y se acerca al mostrador de información (orientación) y préstamo, en muchas ocasiones necesita una primera información general, una panorámica global de los servicios que ofrece la biblioteca: sus estancias, horarios, colección, etc. En ese momento vamos a ser la cara visible de la biblioteca y de nosotros va a depender la primera impresión (además de la visual del usuario/a) que se lleve el nuevo visitante. Si nos mostramos seguros de nosotros mismos, firmes, sonrientes, capaces, en definitiva… asertivos/ as, la imagen de la biblioteca quedará en mejor lugar que si la atención personal es pobre en ese sentido”.

Se vive tanto como seamos empáticos y se intercambian conocimientos, en la medida como se vive, detrás de cada una de nuestras decisiones, de este salto al vacío, hay un halo de frescura.

Es tiempo de dejar de ser tan predecibles, de tener engranajes lógicos de una maquinaria aburrida, bajo los mismos patrones que nos han infundado. El mundo bibliotecario, necesita más emprendedores, porque los sueños se persiguen, las convicciones se sostienen y a la adversidad se enfrenta.

Nuestra meta es encontrar o por lo menos guiar a los usuarios en la obtención de la información, en definitiva, hemos erigido el progreso, el porvenir, la evolución, automatización e igualdad, en la pesadilla de los puristas de nuestra profesión, ni bien, ni mal, los hechos nos invitan a repensar todos los estereotipos que creíamos inalienables.

Los invitamos a cambiar para que todo cambie. Y entonces, así, la evolución de nuestra profesión será asumida, digerida, y por fin aceptada.

Fernando Antonio Salas Granado.

Bibliografía.

Frías, J. A. (2002). La descripción bibliográfica y sus puntos de acceso en el catálogo de la biblioteca: evolución histórica y problemática actual. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

Maslow, A. (2014). BBVA Valores de futuro. Obtenido de http://red.ilce.edu.mx/sitios/proyectos/BBVA/bancomer_primavera2014/secundaria/lecturas/I12_Piramide_de_Maslow.pdf

Moros, Á. (2003). Evolución del concepto de conocimiento desde la pirámide informacional: propuesta de servicio de gestión del conocimiento científico para instituciones de educación superior.- Madrid: Universidad Carlos III.

Navas Benito, E. (2012). La Inteligencia Emocional. una herramienta bibliotecaria poco glamurosa, pero tremendamente efectiva en la atención al usuario/a. Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, Año nº 27(104), 141 – 148.

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