Erosión bibliotecaria

Foto: Fernando Salas Granado

El personaje de Scheherezade, le tomo 2 años y 271 días, lo que representa 1000 y 1 noches,  para narrarle historias, cuentos o relatos al Sultán Shahriar, quién desposaba una virgen cada día y, a la mañana siguiente, ordenaba que la decapitaran.

Lo cierto que la oralidad, imaginación, y su habilidad para poder entretener al Sultán, fue determinante para Scheherezade, para poder proteger a su hermana Dunyazad de un fatal destino, así, salva su vida y la de su hermana, todos sus relatos se extienden y se encadenan por mil y una noches hasta lograr deponer la conducta del sultán.

Ciertos epistemicidas a nivel mundial, nacional, regional, hasta del sector universitario, como que han tenido apoplejía, en cuanto a los recursos  financieros para la dotación de material bibliográfico en las bibliotecas.

Se comportan como sultanes, que pretenden digerir la economía de un país o los recursos de las Universidades como una caja chica personal, para sus gustos personales.

Lourdes Morales Balza (2019), ex Gerente Editorial de Planeta, puntualizó: “La industria editorial en Venezuela atraviesa un momento muy duro, está moribunda. La razón: en los últimos 20 años no ha habido políticas públicas acertadas para el sector, el 85% de la industria editorial está paralizada. Esto ocasionó que muchas librerías cerraran o se conviertan en papelerías o jugueterías”.

Debemos destacar que la tendencia de los costos de los libros y las publicaciones periódicas se ha incrementado progresivamente a nivel mundial. La consecuencia de ello es, aparte de la desactualización de las colecciones, la reducción de la capacidad adquisitiva efectiva, el retardo en la compra puntual de una publicación cuya adquisición ha sido postergada obliga a que la misma sea luego adquirida a precios más altos, resaltando que no hay disponibilidad de recursos financieros.

Los servicios bibliotecarios con colecciones periódicas, que ya estaban consolidadas han tenido que: a) Reducir la adquisición de libros o monografías para mantener actualizadas las series adquiridas; b) Congelar las series adquiridas para, en el mejor de los casos, iniciar con otras de mayor demanda; y la que se amolda a nuestra realidad, c) Dejar de adquirir nuevas series.

El mercado de las revistas, libros y audiovisuales especializados, obedecía a una dinámica muy particular de compradores muy sofisticados y segmentados en la demanda de productos para los estudiantes, académicos, investigadores y usuarios en general.

Es difícil determinar cabalmente el estado de los servicios bibliotecarios de las instituciones universitarias, privadas y públicas, particularmente porque las estadísticas no existen o no se encuentran actualizadas para permitirlo, o, si lo estuvieran, alguien dice tenerlas pero no las da a conocer.

No tenemos acceso a las estadísticas nacionales sobre el número real de servicios bibliotecarios propiamente dicho, el número de usuarios de estos servicios, la extensión de las colecciones, el nivel de uso de las mismas, las condiciones de estos materiales, las condiciones de las estructuras de las bibliotecas, el ambiente laboral del personal, los recursos tecnológicos, material de oficina, etc.

Es evidente que la potencialidad de los Sultanes de turno, han ido erosionando el sistema bibliotecario en Venezuela, a tal punto que nos es posible determinar el volumen de adquisición anual de libros y revistas, porque, entre otras cosas, la información oficial disponible no discrimina la asignación presupuestaria para el servició bibliotecario.

Los presupuestos o las tres lochas que les otorgan a estas instituciones se ejecutan en base a programas generalmente de: Dirección, Enseñanza, Bienestar estudiantil, Bienestar del personal, Protección socioeconómica, Extensión, Fomento, Investigación, Planta Física, Servicios Generales, Servicios Académicos, Servicios Administrativos y Financieros.

La mayor parte del presupuesto universitario se invierte en el pago de salarios y de las compensaciones gremialmente acordadas. En realidad, este servicio suele ser atendido a través de partidas indirectas, frecuentemente las asociadas con los programas de Extensión, Investigación, Servicios Administrativos y Servicios Generales.

No conocemos la existencia de una normativa, que establezca cómo debería invertirse este porcentaje, o cual es sinceramente el porcentaje que se le debe asignar a las bibliotecas, tal vez será un 0,000000005% o de repente 10.000 mil soberanos para que el sarcasmo siga presente; ahora, no siempre se ejecuta en función de los gastos de operación o de inversión a que ha sido destinado, o, en dado caso de que sí lo sea, preferiblemente se utiliza para atender gastos ordinarios de operación de la Universidad –supuestamente-.

Quienes dirigen estos servicios, saben, que se agrava la tendencia por la cual los editores extranjeros cobran a los países del Tercer Mundo precios más altos por sus productos para cubrirse así de lo que ellos consideran como riesgos crecientes, motivado a la constante devaluación de nuestra moneda y las dificultades gubernamentales de transferir dólares americanos.

Tener los recursos asignados y poderlos ejecutar con prontitud tampoco garantiza que los mismos puedan aprovecharse de manera eficaz, pues uno de los mayores problemas que confronta la formación de las colecciones en nuestros servicios bibliotecarios universitarios, es precisamente la dificultad para la adquisición internacional y para la recepción nacional, frecuentemente plagadas de pérdidas o extravíos y sin derecho a reposición por el editor.

Las deficiencias en las bibliotecas universitarias, como el caso de la UDO, Núcleo Cumaná, Estado Sucre, el de la Asamblea Nacional, tan sólo por mencionarlas y no extender el listado interminable, están vinculadas con la baja capacidad de reposición de los materiales deteriorados por el uso o daño intencional, la carencia de títulos actualizados, las restricciones cualitativas o cuantitativas de la colección de referencia, la colección de publicaciones periódicas, la de los libros, y peor aún, el vandalismo campante.

Considerando que la falta de los servicios básicos de referencia, fotocopiado, préstamo circulante y de los equipos necesarios para sustentarlos, estamos quedando rezagados en cuanto a la automatización, la presencia de ambientes inapropiados o desmejorados, la proletarización del personal no profesional y la marginalización del profesional.

Mucho más que las mil y una noches en la que nos hemos mantenido en vela, resistiendo, pacientes, tolerantes, por convicción, en la que cada uno de ustedes son como Scheherezade, han permitido que las bibliotecas que aún se mantienen en pie, puedan sobrevivir en un mundo que decapita culturalmente a los usuarios.

Ese engaño sistemático ha sido bello e inédito para un sector que no les interesa leer, ni mucho menos obtener una educación, total para eso existen los bonos, precisamente, el desacierto no radica tanto en la suerte del servicio bibliotecario frente a la masificación o la politización de nuestras universidades sin un real fortalecimiento de la infraestructura de apoyo para el aprendizaje.

Esta negación, se vincula con el progresivo debilitamiento de las universidades para generar, adaptar, difundir el conocimiento que la sociedad requiere para modernizarse y asegurar su progreso. Más que fuente de conocimientos, la universidad se ha convertido en una fuente de credenciales para buscar empleo.

Sergio Dahbar (2019), propietario de la Editorial Dahbar, lamentó las pérdidas del sector desde hace ya tiempo. “Hemos perdido ferias, hemos perdido librerías, hemos perdido gente, hemos perdido muchos lectores”.

Vivimos sumergidos en una realidad que nos consume a diario. Todos somos, en mayor o menor medida, víctimas de un sistema cuyo combustible primario es el tiempo. Ya han transcurrido 20 años, el engaño se traduce en forma de dinero, porque así parece funcionar la actual idiosincrasia exacerbada; la paradoja es: quien tiene más bienes, son los sultanes del país.

Es imposible pensar que las universidades puedan reaccionar favorablemente ante los desafíos que implican estos cambios sin una infraestructura de servicios de información sustancialmente renovada.

En el caso de nuestros servicios bibliotecarios universitarios, no sólo necesitamos modelos viables de gestión; necesitamos además relacionarlos con agendas apropiadamente estructuradas según prioridades en torno a las cuales exista el mayor consenso posible y lo más importante ‘Dinero’.

Obteniendo los ingresos acordes para el buen desarrollo de las bibliotecas, las ventajas comparativas de un servicio bibliotecario universitario, que reside en sus trabajadores, sus procesos y sus acervos. Obtendremos las ventajas o condiciones para restituir la biblioteca universitaria, de lo contrario sería utópico esperar que se pueda contribuir a que la universidad se fortalezca como una empresa intelectual para la transformación de la sociedad que la circunda.

Estaríamos infiriendo, que estas expectativas sólo pueden ser asumidas y emprendidas si las bibliotecas universitarias, recuperan decididamente su misión y se ubican definitivamente en el centro de la vida institucional universitaria.

De otra manera, la universidad no tardará en convertirse en una presencia cultural destinada a seguir erosionándose.

Bibliografía:

Dahbar, Sergio. (2019). El chavismo acabó con la industria editorial en Venezuela.- España: Panam Post. Disponible en: https://es.panampost.com/efe-panampost/2019/12/18/chavismo-acabo-con-industria-editorial/ [Consultado el 30 de 01 de 2020]

Morales Balza, Lourdes (2019). Día del Libro: La industria editorial en Venezuela está moribunda.- Carabobo: Diario El Carabobeño. Disponible en: https://www.el-carabobeno.com/dia-del-libro-la-industria-editorial-en-venezuela-esta-moribunda/ [Consultado el 30 de 01 de 2020]


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