D’Artagnan

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Fuente: Iñaki Echeverría

Es un personaje literario creado por Alexandre Dumas, el detalle es que su frase enigmática siempre ha sido ¡Uno para todos y todos para uno!, pasó a ser obsoleto, ya no es uno para todos. Es todos para todos.

Un equipo multidisciplinario. Nadie es mejor que todos juntos, es el eje gravitacional de toda organización y unificación compartida de conocimientos entre nuestros pares.

El talento individual se maneja con la lógica de Harry Houdini, en nuestro entorno laboral: se puede ser escapista de manera excepcional, usar recursos extraordinarios para liberarnos de las cadenas en situaciones de riesgo, pero no podemos andar en esta retorica constantemente. Tarde o temprano, lo grupal superará lo individual.

Si nos avocamos en por lo menos tratar de ser unidos, estar multiposicionados de talentos extremos en todas las partes donde administremos los datos, bien sea en los archivos o en las bibliotecas, hacer que esto cobre un rol fundamental.

De alguna manera, todos seremos emprendedores de turno, capaces de sobreponernos a una adversidad suprema, cualquiera, que cada uno de ustedes lo viven en carne propia, no puedo, ni debo mencionarlas, porque cada quién lo experimenta a su manera.

Para algunos nos despierta el deseo de la empatía, ese esfuerzo sobrehumano que para otros, individualmente, sin procurar pedir apoyo, ni comunicarse con nadie, porque su epicentro no permite cabida a fomentar conocimientos grupales, entonces, a todas luces, con faros incandescentes, les diría que es insuficiente: el sueño de los héroes, de ser mosquetero, ya es cosa del pasado.

Cada quién, hace un esfuerzo sobrehumano por obtener una mejor calidad de vida, estudiar Archivología o Bibliotecología, tal vez no estaba en los planes de nadie, obteniendo como resultado, que nuestra carrera es el ácido desoxirribonucleico, abreviado como ADN, que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los aportes que cada académico de nuestras casas de estudio, son responsables de la transmisión hereditaria de conocimientos, que esta enraizado en nuestros genes, como un tatuaje personalizado de cada quién.

Dicho esto, el principio de cada colega, es crear y cimentar sus nuevas historias, algunas en construcción, otras ya estarán consolidadas.

Dime cuanto juegas y te diré quién eres o, al menos podré estimar quien serás. Eres piloto, alero, pivot, coach, refuerzo en la banca, te gusta jugar individualmente y que los demás hagan bulto, eres punto o eres una coma;  ya no vivimos en aquellos tiempos en los que las estrellas debían colocarse el uniforme de súper héroe todas las noches para el éxtasis de los fanáticos.

Lo cierto es que hay una realidad que es inobjetable, un cambio de enfoque: los datos, información y el conocimiento,  van muchísimo más rápido que tiempo atrás y pese al cambio radical -para bien- en la formación académica, el intercambio de ideas y la empatía, el físico se resiente tarde o temprano.

Por lo tanto, la disminución de cargas laborales, es una tarea que ha dejado de ser opcional para transformarse en obligatoria, delegar y distribuir funciones o, por lo menos hacer el intento de ser escuchados en contra de algunos retrógrados. Este camino es largo y ya es obsoleto pensar en individualismo.

La disminución de cargas laborales, ha hecho que exista una continuidad y crecimiento cíclico de saberes, lo que permite mucha más longevidad y adaptación de nuestros predecesores.

Las estadísticas, entonces, sirven para confirmar procedimientos y decisiones. La velocidad, el ritmo y la fluidez con la que vivimos hoy en día, requieren distribución de minutos y roles, y nos obliga a todos a ejecutar una planificación acorde a nuestro entorno laboral.

Las estrellas ya no son las de antes: requieren un universo que las acompañe, en definitiva, es todos para todos.

Fernando Antonio Salas Granado

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