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Un regalo olvidado

“La Biblioteca Carnegie es un donativo valioso que nuestro país no ha sabido conservar” (Vientós Gastón, 2014).  Este donativo fue la primera biblioteca pública de Puerto Rico, la cual ha estado cerrada por cinco años.

Imagen tomada del portal Puerta de Tierra

La Biblioteca Carnegie está localizada en Puerta de Tierra en la Avenida Constitución de San Juan.  La misma queda a unos tres minutos del casco histórico de San Juan.  Cerca de esta biblioteca se encuentra el Archivo General de Puerto Rico, la Biblioteca Nacional y el Ateneo Puertorriqueño, tres instituciones importantes de la gesta cultural, y de conservación y preservación histórica de la isla.  El inicio de esta biblioteca comienza en 1903 con la Biblioteca Insular, se extiende a 1914 cuando se comienza a construir el edificio actual y culmina en 1916 cuando abre sus puertas, como la Biblioteca Carnegie.  Durante las primeras cuatro décadas en las que operó la Biblioteca disfrutó de gran prosperidad.  Se reporta que tenía un alto volumen de visitantes y 18,000 membresías activas (Torres Rivera, s.f.).  En la década de los 1960 se documenta que las condiciones de infraestructura de la biblioteca eran desfavorables, por lo cual cerró sus puertas en 1965.  Esta abrió nuevamente en 1969.  Sin embrago, el cierre en 1965 marca el comienzo del deterioro de la misma.

A lo largo de varias décadas la Carnegie, a pesar de ser restaurada, experimentó déficit presupuestario.  Estos problemas se agravaron durante 1989 con los estragos del huracán Hugo y continuaron a lo largo de la década de los 1990.  En 1994 un grupo de bibliotecarios y amigos de la biblioteca realizaron propuestas para mejorar las condiciones de la biblioteca, incluyendo sus colecciones y planta física.  A pesar que la biblioteca fue declarada como institución y localización histórica en 1983 por el Departamento de Interior de los Estados Unidos, esto no fue suficiente para asegurar su funcionamiento (Grupo Editorial EPRL, 2010).  Durante el nuevo milenio la biblioteca fue descuidada por el Departamento de Educación.  Este descuido llevó a horarios irregulares, reducción de personal, eliminación de proyectos, hasta culminar con su cierre en 2011.  Uno de los aspectos más lamentables del cierre de esta biblioteca ha sido que sus colecciones se quedaron en sus muros.  En ella se encontraban unas colecciones únicas e históricas de la historia y literatura sobre Puerto Rico, y la colección Ramón Mellado Parsons que consistía de textos infantiles; una de las más ricas en el país.  La Biblioteca Carnegie también fue un apoyo para las escuelas de San Juan y municipios aledaños que no poseen una biblioteca escolar.  Igualmente, fue la institución que apoyó el proyecto de bibliotecas rodantes o bibliobuses del Departamento de Instrucción de Puerto Rico (Torres Rivera, s.f.).

En agosto de 2014 el semanario electrónico 80 grados republicó una columna de Nilita Vientós Gastón, la cual fue originalmente publicada en 1965 en I.C.  En la columna se encuentra la cita mencionada al inicio de este escrito, la cual aún refleja la realidad de la Biblioteca Carnegie de Puerto Rico y la realidad de muchas bibliotecas públicas del país.  Las palabras de Vientós Gastón muestran ser lapidarias.  En 2011 al cerrar sus puertas, la Biblioteca se acogió a un futuro incierto y su público aceptó con brazos caídos la desesperanza que probablemente no volverá a abrir.  Pues, el último intento que se documentó en la prensa del país para reanudar sus operaciones fue en 2012 con una promesa hueca de abrir sus puertas en 2013.  Desde 2014 es poco lo que la ciudadanía y los profesionales de la información del país han documentado sobre la Carnegie.  Al día de hoy sólo nos limitamos a los recuerdos de la niñez, anécdotas de los bibliotecarios que laboraron allí y su fachada.  En tiempos recientes, cuando he pasado frente al edificio pienso en su potencial, fachada neoclásica y su interior.  Me pregunto qué quedará y cuánto se podrá rescatar.  Al parecer, esta no muestra ser la importancia del secretario actual de Educación, quien ha sido cómplice del cierre de varias bibliotecas escolares.

En diciembre de 2015, Puerto Rico Historic Building Drawings Society publicó un video sobre las condiciones actuales de la Carnegie.  A pesar del deterioro, el video que todavía la infraestructura resalta por su belleza.  No obstante, es inevitable ver cómo esta ha sido saqueada y olvidada.  Dentro de ella aún permanecen ejemplares, cajas con documentos, pinturas, mobiliario y juguetes de la sala que alberga la colección Ramón Mellado Parsons.  Algunos libros aún permanecen en los anaqueles de madera, otros están en el piso.  Los únicos visitantes que tienen acceso a la información que aún abraza la Biblioteca son felinos inmóviles quienes miran con desdén al autor del video.  Al parecer, ambos felinos se han acogido al sentimiento nacional y gubernamental sobre el regalo más valioso que le dieron al pueblo: indiferencia.

Referencias

(2012, octubre) La biblioteca Carnegie será una biblioteca cibernética. El Nuevo Día. Recuperado de http://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/lacarnegieseraunabibliotecacibernetica-1365853/

Grupo Editorial EPRL. Fundación Puertorriqueña de las Humanidades. (2010). San Juan: Carnegie Library. Puerto Rico Encyclopedia. Recuperado de http://www.enciclopediapr.org/ing/article.cfm?ref=09122101

Oficina de Gerencia y Presupuesto. Estado Libre Asosciado de Puerto Rico. (2008). Historia. Biblioteca Carnegie. Recuperado de http://www.gobierno.pr/BCarnegie/BibliotecaCarnegie/Historia.htm

Thompson, L.S., Rivera Ruiz, J. (1946). Libraries of Puerto Rico. Library Quarterly: Information, Community, Policy, 16(3), 225-238. Recuperado de http://www.jstor.org/stable/4303487

Torres Rivera, J. (s.f.) Biblioteca Carnegie. Recuperado de http://www.puertadetierra.info/edificios/biblio/biblioteca.htm

Vientós Gastón, N. (2014). La Biblioteca Carnegie. 80 Grados. Recuperado de http://www.80grados.net/la-biblioteca-carnegie/

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Alejandra Sofía Méndez Irizarry

Soy una bibliotecaria puertorriqueña. Me desempeño como bibliotecaria de assessment e instructora de competencias de información en el entorno universitario. Poseo un grado de maestría en ciencias bibliotecarias y de la información de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Además de mis labor como bibliotecaria, soy estudiante doctoral en el Programa de tecnologías del aprendizaje de la UPR.
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