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Técnicas de evaluación de la instrucción de competencias de información

El assessment de las bibliotecas (también conocido como la evaluación o valorización) es un proceso de medición y de autoevaluación.  El
mismo busca determinar cómo la biblioteca satisface las necesidades de sus usuarios a la vez que cumple con la misión y visión institucional.  En una entrada anterior, mencioné que el proceso de assessment es uno continuo y que todo el personal de la biblioteca debe participar.
El proceso de assessment ha sido uno popular en las bibliotecas académicas.  Inclusive, esto ha llevado a que se celebre y fomente una cultuar de assessement con el fin de canalizar varios procesos de investigación o autoestudio en los cuales se pueda evidenciar la importancia de los programas y tareas que la biblioteca lleva a cabo.  Este tipo de autoestudio ayuda a evidenciar la necesidad de solicitar o implementar propuestas para ayudantías presupuestarias (Farkas, Hinchliffe, & Houk, p. 161.).  No obstante, el assessment no sólo está vinculado a la evidencia de la importancia de los recursos de la biblioteca.  El assessment en las bibliotecas también está vinculado con el aprendizaje de los usuarios en las orientaciones o talleres relacionados a las competencias de información (CI).

El assessment en el aula de la biblioteca está centrado al aprendiz.  Bowless-Terry & Kvenild (2015) exponen que este tipo de valorización es una de carácter formativo, el cual permite que determinar si el estudiante está aprendiendo en el aula instruccional y cómo están comprendiendo dicho material.  En fin, se autoevalúa lo que el estudiante qué el estudiante estará aprendiendo y qué puede hacer con el conocimiento (p. xi).

“[A]cademic librarías are increasingly required to demonstrate evidence of their impact on student academic achievement and success.  Measuring impact allows us to prioritize and create sustainable programs that truly make a difference to our students” (Bowless-Terry & Kvenild, 2015, p. xiii).

Paralelo a la evidencia del impacto de los cursos de instrucción al usuario o instrucción bibliotecaria, los procesos de assessement ayudan a evidenciar a los grupos de interés (entre ellos los mismos estudiantes y profesores) la pertinencia de las sesiones, talleres y orientaciones.  Bowless-Terry & Kvenild (2015), hacen énfasis en el uso de rúbricas como instrumento de medición.  Inclusive, estas rúbricas ayudan y brindan una especie de andamiaje a los participantes para que pueden hacer conexiones sobre la importancia y pertinencia de la información aprendida.  Entre los ejemplos que exponen Bowless-Terry & Kvenild (2015) se encuentran los minute papers, en los cuales los estudiantes redactan qué han aprendido y qué elementos de la orientación quedan por esclarecer.  Este tipo de ejercicio permite al estudiante a reflexionar sobre el nuevo conocimiento.  Junto a esto, el estudiante también tiene la oportunidad de conocer cómo se lleva a cabo el proceso de síntesis.  O sea, al realizar una tarea para uno de sus cursos haciendo uso de la información adquirida a través de las bases de datos de la biblioteca o libros, el estudiante produce un nuevo producto.  Dicho producto consiste en la reflexión o análisis del conocimiento que ya existe.

La implementación de las rúbricas como instrumento para el assessment de las orientaciones de competencias de información, también permiten que el estudiante exprese y se evidencie la necesidad de dar continuación a los talleres u orientaciones de CI.  A raíz de la medición llevada a cabo en un taller, los participantes pueden toparse con la necesidad de aprender o profundizar en otros aspectos discutidos.  Es por ello que Bowless-Terry & Kvenild resaltan que se debe llevar a cabo este tipo de autoestudio.  Junto a esto, el instructor o bibliotecario tiene la oportunidad de revisar el material que ofrece en talleres e inclusive crear material complementario para saciar algunas lagunas.

Otro ejemplo para identificar si los estudiantes han comprendido la información discutida es la creación de flujogramas los cuales muestren pasos o procesos que ellos deben llevar a cabo para recuperar información y crear contenido.  El desarrollo de flujogramas también permite al estudiante a comparar los diversos procesos de recuperación de información y síntesis a lo largo de las diversas tareas que ha llevado a cabo y cómo ha mejorado.  El profesor del curso también puede utilizar este tipo de materiales para conocer cómo ha sido el progreso del estudiante en relación a sus destrezas de investigación y sus competencias de información.

Como mencioné en mi entrada anterior sobre este tema, el assessment es un proceso cíclico que busca el mejoramiento de los servicios de la biblioteca.  Como todo proceso cíclico dentro del ambiente educativo, se requiere la creación de planes e instrumentos que puedan ser lo suficientemente flexibles como para ser modificados con frecuencia.  El proceso de assessment también busca que los hallazgos sean compartidos para que los participantes conozcan qué ellos también deben mejorar o cómo identificar sus necesidades de información e instrucción.  Una de las formas más eficientes de conocer cuán certero es un bibliotecario o instructor de competencias de información es autoevaluando su desempeño, el conocimiento que han adquirido los estudiantes y cuán pertinente son las herramientas que está presentando.  Este proceso no sólo agiliza la recuperación de información que evidencia la pertenencia de las bibliotecas, sino que añade un elemento de exclusividad, en el cual los estudiantes nos permiten saber qué es y cómo debemos saciar sus necesidades.

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Referencias

Bowless-Terry, M., & Kvenild, C. (2015). Classroom assessment techniques for librarians. Chicago, IL: ACRL.

Gilchrist, D., & Oakleaf, M. (2012). An Essential Partner: The Librarian’s Role in Student Learning Assessment (NILOA Occasional Paper No.14). Urbana, IL: University for Illinois and Indiana University, National Institute for Learning Outcomes Assessment.

Farkas, M. G. , Hinchliffe, L. J., & Houk, A. (2015). Bridges and barriers: factors influencing a culture of assessment in academic librariesCollege & Research Libraries, 76(2), 150-169. doi: 10.5860/crl.76.2.150

 

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Alejandra Sofía Méndez Irizarry

Soy una bibliotecaria puertorriqueña. Me desempeño como bibliotecaria de assessment e instructora de competencias de información en el entorno universitario. Poseo un grado de maestría en ciencias bibliotecarias y de la información de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Además de mis labor como bibliotecaria, soy estudiante doctoral en el Programa de tecnologías del aprendizaje de la UPR.
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