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Reseña: Information Literacy and Social Justice: Radical Professional Praxis (Library Juice Press, 2013)

Information Literacy and Social Justice: Radical Professional Praxis

Information Literacy and Social Justice: Radical Professional Praxis es una de las varias publicaciones de Library Juice Press sobre el rol de la justicia social en las bibliotecas. El texto se enfoca en cómo las bibliotecarias y demás profesionales de la información pueden incorporar elementos de justicia social en la instrucción de competencias de la información. Shana Higgins y Lua Gregory editaron el texto el cual contiene diversos ensayos de bibliotecarios anglófonos. Higgins y Gregory son bibliotecarias en la Universidad de Redlands, localizada en California, EUA.

Library Juice Press es una editorial independiente fundada por Rory Litwin, bibliotecario y educador estadounidense. La editorial es gemela de Litwin Books, LLC la cual también se enfoca en la publicación de textos relacionados a las ciencias bibliotecarias y de la información, entre otros temas académicos. Library Juice Press también está aliado a Alternatives in Print, una subdivisión de Alternative Press Center.

Information Literacy and Social Justice: Radical Professional Praxis está dividido en cuatro secciones. Cada sección contiene tres artículos con excepción de la tercera, que contiene cuatro. La primera sección titulada Information Literacy in the Service of Neoliberalism se enfoca en el rol de las instituciones de estudios postsecundarios en el mercado capitalista. La segunda sección se titula Challenging Authority, donde se discute la veracidad de las fuentes de información. La tercera Liberatory Praxis: Students and Teachers as Co-Learners discute cómo se puede incluir lecciones de justicia social en los servicios de instrucción de las bibliotecas. Finalmente, Community Engagement as Social Change se enfoca en los servicios que ofrece la biblioteca para promover la justicia social.

Sobre los editores

Shana Higgins y Lua Gregory editaron el texto el cual contiene diversos ensayos de bibliotecarios anglófonos. Higgins y Gregory son bibliotecarias en la Universidad de Redlands, localizada en California, EUA. Ambas han fungido como profesoras e instructoras.  Sus cursos se han enfocado en la libertad intelectual y la censura de información. Además de su gesta en la Universidad de Redlands, tanto Higgins como Gregory son miembros activos de Association of College and Research Libraries (ACRL).

Sobre el texto

La primera sección del libro es “Information in the Service of Neoliberalism”. La sección contiene tres ensayos: “The Violence of Information Literacy: Neoliberalism and the Human as Capital” de Nathaniel F. Enright, “The Neoliberal Library” de Maura Seale, y “‘You’ve Got to Know and Know Properly’: Citizenship in Kazuo Ishiguaro’s Never Let Me Go and the Aims of Information Literacy Instruction” de Jeff Lilburn. Cada ensayo discute el rol que funge la educación en los sistemas económicos neoliberales y en las sociedades capitalistas.

En los primeros dos ensayos, Enright y Seale coinciden en su opinión que el modelo que se ha impulsado para el desarrollo en las instituciones postsecundarias es de índole profesional.

“[H]uman capital theory as constitutive element in the neoliberal attempt to expand the social reproduction of labor power through education and training” (p. 27).

El postulado de Enright no solo alude al modelo educativo que están desarrollando las instituciones postsecundarias, sino que da una idea de cuál es el tipo de estudiante que se está desarrollando. A su vez, este tipo de modelo lleva consigo modelos similares de competencias de información. En su ensayo, Seale señala que los estándares de ACRL complementan los modelos discutidos por Enright; en especial el estándar o norma cuatro:

“El estudiante competente en el acceso y uso de la información, a título individual o como miembro de un grupo, utiliza la información eficazmente para cumplir un propósito específico” (ACRL, 2000).

Esta norma sugiere que la recuperación de información está limitada a una gestión o tarea alineada al entorno académico o profesional de un individuo. A raíz de esta práctica el usuario de la biblioteca, en vez de ser un aprendiz y utilizar la información como herramienta de empoderamiento social, se convierte en un consumidor. Otra de las críticas que hace Seale en relación a las normas de ACRL es lo que considera la ALA y muchas bibliotecas académicas como fuentes de información confiables o de “autoridad”. “The appeal to ‘authoritative’ sources of information in the ACRL Standards […] –usually defined as that produced by for-profit publishers and thus only available through library subscriptions and purchases—reinforces the notion that students are consumers and that information and learning are commodities” (p. 52).

En el tercer ensayo, Lilburn presenta un argumento similar al de Seale.  A diferencia de Seal, Lilburn compara el desarrollo actual de la instrucción de competencias de información al proceso educativo de los personajes de la novela Never Let Me Go de Kazuo Ishiguaro. En Never Let Me Go, la instrucción de los personajes (quienes son clones) es limitada a las realidades de su vida.

“The extent to which citizens can be said to be informed, critical and engaged hinges on the extent to which they are aware not just of the questions they are permitted to ask but of the full scope of the range of questions they might ask” (p. 64).

Esta comparación alude a la limitación de las instituciones educativas de proveer currículos enriquecedores donde los alumnos y los instructores facilitan un espacio para el pensamiento crítico y preguntarse cómo su formación profesional contribuye o impacta la sociedad.

“Ishiguaro’s novel is deeply invested in pedagogy and uses characters who are teachers to raise questions about teaching, about the meaning of citizenship, and about teaching’s place in creating a just society” (p. 67).

“Challenging Authority” es la segunda sección del libro. En esta parte se encuentran otros tres ensayos: “From ‘A Crusade against Ignorance’ to a ‘Crisis of Authenticity’: Curating Information for a Participatory Democracy” de Andrew Battista, “Critical Information Literacy in the College Classroom: Exploring Scholarly Knowledge Production through the Digital Humanities” de Andrew Baer, y “The Tyranny of Tradition: How Information Paradigms Limit Librarians’ Teaching and Student Scholarship” de Carrie Donovan y Sara O’ Donnell.

Los ensayos de esta sección se centran en los intereses que definen o deciden qué son fuentes de información confiables (“de autoridad”). En los tres ensayos se plantea la dificultad de los estudiantes en producir o publicar contenido académico, la imposición de las bases de datos subscritas y los debates sobre los portales o publicaciones académicas de acceso abierto. Cada autor, además de presentar críticas sobre estas situaciones, plantean formas de cómo crear y promover proyectos que inviten a la fácil difusión de información. También, como se menciona previamente, cómo los estudiantes universitarios pueden contribuir abiertamente al conocimiento generado en la academia.

En su ensayo, “From ‘A Crusade against Ignorance’ to a ‘Crisis of Authenticity’: Curating Information for a Participatory Democracy”, Andrew Batista añade otra crítica sobre el enfoque de las instituciones de educación superior ante la instrucción de competencias de información (Information Literacy Instruction) y las normas de ACRL:

“When students see the completion of an assignment as the chief goal of seeking information, they lose the ability to see themselves as participants in public discourse, and they fail to imagine ways that they can grow their information sources to serve them beyond a singular task that occupies them” (p. 88).

Por su parte, Andrea Baer no solo urge a la evaluación de cómo se produce el discurso académico, sino cómo pensar críticamente sobre la creación, utilización y promoción de este discurso (p. 101). Este tipo de práctica surge de las tendencias relacionadas a la publicación digital, la edición de pares, los modelos híbridos de revisión de pares, los diversos estándares que se han incursionado puestos catedráticos, y tecnologías del aprendizaje (p. 104). Donovan y O’Donnell coinciden con Baer:

“Librarians must be proactive in breaking from the paradigms of scholarly communication as it is currently taught. The values inherent in the scholarly publishing community enforce the authority of the academy, while excluding learners and their use of information” (p. 123).

“Liberatory Praxis: Students and Teachers as Co-Learners” es la tercera parte del libro. A diferencia de otras secciones, esta contiene cuatro ensayos.  Los mismos son: “The Three-Credit Solution: Social Justice in an Information Literacy Course” de Anne Leonard y Maura A. Smale, “Hip-Hop and Information Literacy: Critically Incorporating Hip-Hop in Information Literacy Instruction” de Dave Ellewood, “Forces of Oppression in the Information Landscape: Free Speech and Censorship in the United States” de Lua Gregory y Shana Higgins, “Critical Legal Information Literacy: Legal Information as a Social Construct” de Yasmin Sokkar Harker.

Los cuatros ensayos de esta sección se enfocan en el uso de la información como herramienta para la instrucción de los conceptos de justicia social. Cada autor describió los diversos cursos que diseñó en sus respectivas bibliotecas o actividades (en el caso del ensayo de Harker). Cada ensayo se enfoca en un tema. Leonard y Smale discuten las diversas herramientas para distribuir información; desde herramientas tecnológicas hasta zines. Por su parte, Ellewood discute cómo se puede utilizar el Hip-Hop para el desarrollo de una discusión sobre las minorías étnicas en EUA y su situación socio-política. Gregory y Higgins presentan un discurso similar. A diferencia del ensayo de Ellenwood, Gregory y Higgins se enfocan en la censura de temas relacionados a la justicia social de las minorías raciales en EUA. Paralelo a esta discusión, las autoras también mencionan que el acceso a la información también depende de lo los factores socioculturales del usuario.

“Access to information and knowledge production is largely dependent on affluence: the affluence of your family determines your access to high quality educational institutions, the affluence of your community determines the resources available through your library, and the affluence of your nation in part determines its access to data and information sources for research development. Likewise affluence is linked to the means of production of data, information, and knowledge” (p. 189). A raíz de esta aseveración, Gregory y Higgins sugieren y urgen al desarrollo de colecciones que albergue diversos recursos y medios (p. 192).

El cuarto ensayo y último ensayo de esta sección, “Critical Legal Information Literacy: Legal Information as a Social Construct” de Yasmin Sokkar Harker, discute las competencias de información de los estudiantes de derecho y profesionales relacionados a la disciplina. Según Harker, a pesar que existen las normas de LSIL, las cuales se basan en las de ACRL, existen muchas lagunas entre los estudiantes de derecho. Una de las observaciones que discute la autora es cómo los profesionales proveen información de carácter legal a sus clientes o a la comunidad. Al señalar esta observación, Harker no solo menciona que existe una gama de personas que no tienen acceso a información legal, sino que necesitan a otras personas que les ayuden a interpretar dicha información. A raíz de ello, Harker le urge a sus estudiantes que desarrollen herramientas que promueva la distribución de información a comunidades y clientes en desventaja socioeconómica.

La última sección de este texto, “Community Engagement as Social Change” está compuesta de tres ensayos. Cada ensayo se enfoca en la elaboración de actividades que promueven la integración de la comunidad con el fin de discutir elementos que afectan la misma. Los ensayos que componen esta sección son: “Information- Power to the People: Students and Librarians Dialoguing about Power, Social Justice, and Information” de Amanda J. Swygart-Hobaugh, “Information Literacy and Service-Learning: Creating Powerful Synergies” de Christopher A. Sweet, y “The Public Academic Library: Friction in the Teflon Funnel” de Patti Ryan y Lisa Sloniowski.

“Information – Power to the People: Student and Librarians Dialoguing about Power, Social Justice, and Information” de Amanda J. Swygart-Hobaugh entrelaza la instrucción como ejercicio pedagógico y el rol del bibliotecario como pedagogo. Swygart-Hobaugh expande su crítica de las normas de ACRL e incluye los modelos de instrucción en las instituciones postsecundarias. A su vez, los estudiantes son instruidos sobre el rol del bibliotecario, las bibliotecas y la importancia sobre la accesibilidad a la información. Bajo este último tema, los estudiantes concluyeron la importancia de una sociedad abierta y del impacto negativo de la censura de recursos.

El segundo ensayo, “Information Literacy and Service-Learning: Creating Powerful Synergies” de Christopher A. Sweet, discute la importancia de un currículo donde se incluya el servicio comunitario y la búsqueda de información activa. Sweet justifica su planteamiento con varias teorías pedagógicas (entre ellas las del estadounidense John Dewey y el brasileño Paulo Freire) y teorías relacionadas a la instrucción de búsqueda de información. Al integrar estos conceptos en la instrucción postsecundaria, los estudiantes enriquecen su educación y sus competencias de información.

“Service-learning courses require both action and critical reflection before any meaningful transformations can occur” (p. 264).

En el tercer ensayo de esta sección y último del libro, Patti Ryan y Lisa Sloniowski relatan cómo crearon eventos en sus respectivas bibliotecas para la discusión del impacto de la Guerra de Irak y el movimiento Occupy Wall Street. Ambas autoras acudieron a la integración de la comunidad alrededor del campus y miembros del campus universitario para la discusión de estos temas. Para la sorpresa de ambas bibliotecarias, los eventos fueron fructíferos y dieron hincapié a la creación de otros foros en sus respectivas universidades. Al ser precursoras de este tipo de foro, la comunidad integró ambas bibliotecarias en sus eventos. A raíz de estos foros, la comunidad universitaria encontró un lugar donde además de ser un centro para la investigación, también sirve para la discusión de temas académicos y sociales.

Opinión

El libro editado por Gregory y Higgins es uno de carácter académico. Todos los bibliotecarios que participaron en el texto son bibliotecarios académicos de instituciones norteamericanas. En su mayoría estos también fungen como instructores para el desarrollo de competencias de información. A pesar que el texto se enfoca en el entorno académico norteamericano, gran parte de sus ensayos se pueden aplicar al contexto hispano. Los temas discutidos por los autores son en ocasiones universales, como es el caso de la autoridad de fuentes de información, la accesibilidad a recursos de información y la discusión de temas que afectan la comunidad en espacios académicos. Dos de los ensayos que más llamaron mi atención fueron “Hip-Hop and Information Literacy: Critically Incorporating Hip-Hop in Information Literacy Instruction” de Dave Ellenwood y “The Public Academic Library: Friction in the Teflon Funnel” de Patti Ryan y Lisa Sloniowski.

Lo llamativo para mí de estos ensayos es el planteamiento de fuentes de información alternas, que a pesar de conocerlas y considerarlas como herramientas de información, muchas veces lo pasamos por alto y nos acogemos a prácticas tradicionales. La práctica presentada por Ellenwood no es ajena a los estudios de justicia social en Puerto Rico. Un ejemplo de ello son las presentaciones realizadas por diversos historiadores en las Conferencias Caribeñas. A pesar que las mismas no son presentadas en las bibliotecas de la Universidad de Puerto Rico ni son llevadas a cabo por bibliotecarios, se discuten elementos de justicia social relacionados a las realidades del país. A su vez, estas son archivadas junto a las referencias utilizadas por los historiadores en el Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Puerto Rico.

En el caso de “The Public Academic Library: Friction in the Teflon Funnel” de Patti Ryan y Lisa Sloniowski, uno de los atractivos del ensayo es su formato de carácter narrativo. Paralelo a ello, la lectura de este coincide con los eventos que se estaban desatando en los Estados Unidos y los movimientos “Hands Up, Don’t Shoot” y “Black Lives Matter”.

A pesar que este texto es de índole académica, es una lectura entretenida, educativa y ligera. Sus críticas, propuestas y relatos son constructivos e interesantes. Adicionalmente, el libro enfatiza que cualquier gesta dentro de la biblioteca es una oportunidad para la discusión de los elementos de la justicia social.

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Alejandra Sofía Méndez Irizarry

Soy una bibliotecaria puertorriqueña. Me desempeño como bibliotecaria de assessment e instructora de competencias de información en el entorno universitario. Poseo un grado de maestría en ciencias bibliotecarias y de la información de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Además de mis labor como bibliotecaria, soy estudiante doctoral en el Programa de tecnologías del aprendizaje de la UPR.
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