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Razones para no ser un bibliotecario neutral

Sé que los bibliotecarios ya no están sentados tras mesas de filigranas. Sé que están empeñados en hacer una labor de defensa del libro y de la lectura. También hablan de compromiso social de esta profesión. Y no les faltan los motivos. José Saramago (2007)

Existe una fuerte preocupación en los últimos años sobre el papel que deben desempeñar las universidades y las disciplinas científicas en la formación del pensamiento crítico en los futuros profesionistas. Dentro de este debate, las ciencias sociales, como anota Pacheco Ladrón de Guevara (2009, p. 100), son parte fundamental para desarrollar y fomentar el pensamiento crítico en contraposición al pensamiento dominador y dominante que parece esparcirse en la sociedad. Y es que desde siempre, uno de los objetivos de las ciencias sociales ha sido la mejora del entorno social del ser humano, mediante la búsqueda de un mejor futuro social que revierta la decadencia en la que suelen caer las sociedades. Ahora bien, en el caso de la bibliotecología, no debemos olvidar que también es una disciplina social, y por ello, también hay que considerarla como parte de los nuevos retos que las ciencias sociales se están planteando para dar solución a los problemas del presente.

Librarian

Owen Massey McKnight (2008). Fuente: Flickr

Inmerso en el contexto anterior, uno de los debates que se han venido manejando desde hace décadas en el gremio bibliotecario, tiene que ver con el compromiso social de nuestra profesión frente a las injusticias sociales, el de no ser simples agentes pasivos y neutros ante los problemas sociopolíticos que nos aquejan como sociedad. Un tema que ha sido tratado ya por varios autores desde dos perspectivas opuestas: por un lado están los partidarios de una visión moderada de la bibliotecología; mientras que por el otro sector están los que se consideran dentro de la corriente progresista. En cuanto a los primeros, son los que defienden la neutralidad de la profesión bibliotecaria, que son la gran mayoría. Con relación a los segundos, son los que se contraponen al enfoque conservador, pues consideran que ser neutrales, sólo nos hace parte del problema, y sostienen que algo así en estos tiempos, fomenta aun más las desigualdades sociales. Postura con la cual me siento identificado y quisiera compartirles algunas opiniones de diferentes bibliotecarios.

Para las bibliotecas, independientemente del tipo que sean, debe ser un imperativo categórico la búsqueda de la justicia social. Por ejemplo, Rubin (2004, p. 314) menciona que la justicia desde la perspectiva bibliotecológica implica que cada persona tiene el mismo derecho de acceso a los servicios bibliotecarios y de información. Esto también involucra que cada persona debe ser respetada como un individuo dentro de una sociedad, y al ser consideradas a las bibliotecas como agencias sociales para satisfacer las necesidades de información de una comunidad, éstas deben esforzarse en promover la justicia entre las personas.

Es por esta razón que el papel del bibliotecario frente a las injusticias sociales debe ser fundamental, no sólo como individuo, sino también como un profesionista que desempeña su trabajo en beneficio de la sociedad. Por tanto, debemos tener en cuenta algo muy importante, y es que el bibliotecario de este nuevo siglo, no debe ser para nada neutral ni pasivo. Debemos dejar a un lado la comodidad que no impide enfrentar los problemas sociales y políticos, es necesario alejarnos de ese estado de bienestar que se ha arraigado tanto en nosotros, que ya ni siquiera somos capaces de defender nuestra postura en algo tan elemental como la selección y adquisición de los materiales, como lo señalan Alfino y Pierce (2001):

Cada vez se hizo más fácil para un bibliotecario a adoptar un código de neutralidad en vez de defender constantemente sus decisiones profesionales sobre el desarrollo de la colección y el material apropiado de lectura para los usuarios (p. 473).

Es un mito decir que el bibliotecario debe ser neutral ante los problemas sociales y políticos, porque ser imparcial solo ha servido para neutralizar a la profesión (Jensen, p. 29). Ser neutral en estos tiempos, significa aceptar las injusticias sociales, y eso ya es demasiado para una profesión que se jacta de decir que está al servicio de la sociedad, pero que no denuncia con sus medios posibles las arbitrariedades y abusos. Una postura así, sólo fomenta aún más las inequidades, como lo señala López López:

[…] frente a un orden social que genera enormes desequilibrios e injusticias sociales, sólo caben dos posturas: se cuestiona o se apoya ese orden. La inhibición, que pretende pasar por neutralidad, independencia, equidistancia, objetividad y otras imposturas intelectuales, sólo enmascara, y se traduce de facto en una postura de apoyo a ese orden social generador de injusticia (p. 65).

Bibliotecario

Sylvixinae (2010). Fuente: deviantART

Tradicionalmente a las bibliotecas se les ha considerado como neutrales, sin embargo, ya desde su actividad de proporcionar acceso a la información, la cual es producida dentro de un contexto cultural, se está tomando partido pues la cultura nunca ha sido un valor neutro. Por ejemplo, los sistemas de clasificación e indización, el desarrollo de colecciones, los servicios al usuario y las decisiones políticas son diseñados por los valores y conocimientos culturales. El hecho de que los bibliotecarios establezcan procedimientos, códigos y prácticas, no significa que su trabajo se convierta en un punto muerto (Sukovic, 2002).

Existe toda una serie de razones para cuestionarnos sobre por qué no debemos ser neutrales como bibliotecarios, pues de entrada la creación y financiación de una biblioteca ya supone un fin particular. Por ejemplo, Buckland (2003, p. 682) señala tres puntos a considerar sobre por qué no se puede ser totalmente neutro en nuestra profesión:

  • Las fuentes de financiación de las bibliotecas. Los fondos de las bibliotecas públicas, por ejemplo, ya llevan una carga de financiación política que se espera tenga un impacto a favor en la población.
  • La neutralidad entre los bibliotecarios no es absoluta. Cuando tratas de evitar la censura impuesta desde afuera, estás también autocensurándote al tratar de impedirla.
  • Vivimos en un contexto cultural con límites. Tanto las bibliotecas como los bibliotecarios actúan inevitablemente en contextos culturales que tienden a imponer límites a lo que es aceptable.
The Justice League and The Daring Librarian

The Daring Librarian (2011). Fuente: Flickr

Pero hay que tener cuidado, ya que el sentido de no neutralidad, activismo social y denuncia pública no sólo tiene que ver con nuestro criterio al momento de seleccionar los materiales u ofrecer servicios diversificados para todas las personas. Se trata más que nada de ser profesionistas con un sentido crítico y reflexivo para hacer lo correcto cuando existen injusticias. Es importante tener presente que si no actuamos y nos dejamos llevar por la cómoda neutralidad, estamos ya de entrada aceptando sumisa y pasivamente las arbitrariedades. Ser neutral, como lo menciona Morillo Calero (2007), es ya tomar partido de algo que de entrada no es bueno:

La neutralidad supone la aceptación acrítica de la ideología dominante, y eso ya es una postura tan política como la de aquellos que la critican. Es necesario contar con argumentos para defender aquello que se acepta como bueno, antes que intentar convencer al resto de que no se está tomando partido. Antes que a ser neutral, a lo que cualquier profesional debería aspirar es a ser independiente y reflexivo (p. 28).

Fernando Báez (2007) menciona algo muy importante en relación a la no pasividad del bibliotecario, pues considera que debe ser ante todo un luchador social:

El bibliotecario del siglo XXI es un luchador, el bibliotecario del siglo XXI es un hombre capaz de dar la vida por la memoria, que es lo que a los pueblos les garantiza un sentido de dignidad, porque deben saber que no hay democracia sin memoria, no hay democracia sin justicia, y la justicia es imposible con el olvido (p. 488)

El problema es que, como lo señala Morillo Calero (2007, pp. 26-27), los bibliotecarios no desean asumir ese liderazgo en defensa de la memoria pública. Están más preocupados por cuestiones técnicas, administrativas y de índole financiero, que han dejado a un lado sus verdaderos valores que los identifican como una de las profesiones menos lucrativas.

Como bibliotecario no es válido ser neutral, simplemente porque somos parte de la sociedad y a ella servimos, y eso conlleva un compromiso social ineludible. Como lo expresa Litwin (2002):

Ser “neutral” en temas sociales es simplemente fingir que no existe. No hay escape de nuestra conexión con el resto de la sociedad y de nuestra participación final en todos los asuntos que la afecten. No hay nada en la exigencia de respetar el derecho de nuestros usuarios para pensar por sí mismos, lo cual no nos impide tomar una posición en temas importantes (p. 73).

Referencias

Alfino, M. & Pierce, L. (2001). The social nature of information. Library Trends, 49 (3), 471—485.

Báez, F. (2007). El nuevo rol de los bibliotecarios. En Gimeno Perelló, J., López López, P. & Morillo Calero, M. J. (coords.). De volcanes llena: bibliotecas y compromiso social (pp. 483—488). Madrid: Trea.

Buckland. M. K. (2003). Five Grand Challenges for Library Research. Library Trends, 51 (4), 675—686.

Jensen, R. (2004). The myth of the neutral professional. Progressive Librarian, (24), pp. 29—34.

Litwin, R. (2003). Neutrality, objectivity and the political center. Progressive Librarian, (21), pp. 72—77.

López López, P. (2008). El mito de la neutralidad en Biblioteconomía y Documentación. Educación y Biblioteca (166), 62—68.

Morillo Calero, M. J. (2007). El compromiso de bibliotecas y bibliotecarios. En Gimeno Perelló, J., López López, P. & Morillo Calero, M. J. (coords.). De volcanes llena: bibliotecas y compromiso social (pp. 25—47). Madrid: Trea.

Pacheco Ladrón de Guevara, L. C. (2009). Retos de las Ciencias Sociales en las universidades públicas. Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 18 (35), 89—102.

Rubin, R. E. (2004). Foundation of library and information science. New York: Neal-Schuman.

Sukovic, S. (2002). Beyond the scriptorum: the role of the library in text encoding. D-Lib Magazine, 8(1), http://www.dlib.org/dlib/january02/sukovic/01sukovic.html

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Samuel Castro Ponce

Documentalista at Universidad Autónoma Metropolitana (México)
Bibliotecario por la UNAM. He trabajado para el sector público y privado, principalmente en instituciones universitarias. Mis intereses son diversos, pero me oriento más a la búsqueda y recuperación de información, el desarrollo de colecciones y por el impulso de una bibliotecología social.

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