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Preservación cultural y bibliotecas digitales

A lo largo de los años, las bibliotecas han empezado a experimentar la necesidad de preservar su patrimonio cultural. En uno de sus artículos, Gorman (2007, pp. 484-485) señalaba que el patrimonio cultural es un término muy amplio que involucra todas las evidencias tangibles o intangibles de las culturas del pasado y del presente que son parte de los individuos, las sociedades y los grupos humanos. Dentro del patrimonio cultural tangible es donde podemos ubicar al patrimonio documental, que no incluye únicamente a documentos y libros antiguos, sino que también contempla a todo tipo de soportes informativos singulares, únicos y valiosos, ya sea del presente o del pasado (Fernández de Zamora, 2009).

Ahora bien, aterrizando el concepto de preservación al ámbito bibliotecológico actual, nos enfrentamos ante la necesidad de preservar no solamente los documentos de carácter material, sino también aquellos digitales que nacieron siéndolo o fueron generados a partir de soportes físicos. En este sentido, la digitalización parece ser la mejor estrategia para la conservación, ya sea que se digitalice para preservar la creación de nuevos productos digitales, o que se preserve digitalmente el valor de un documento electrónico que nació de esa manera o que surgió a partir de uno tangible (Conway, 2010, p. 65).

La preservación digital

Cuando hablamos de preservación digital, nos estamos refiriendo a una parte de la preservación de la cultura de toda sociedad. En este sentido, es preciso tener presente dos cuestiones fundamentales que no se pueden pasar por alto. En primera instancia, como lo señala Hedstrom (1998, pp. 190–191), la preservación digital abarca tanto el material nativo digital, así como también el recurso que se convirtió de un formato tradicional a uno digital. En segundo lugar, igualmente es importante entender que la preservación digital debe hacerse contemplando no solo el soporte, como tradicionalmente se pensaría, sino también el contenido, tan valioso como el objeto físico que lo soporta (Voutssás, 2009, p. 10).

Algunos teóricos han señalado que el reto de la preservación digital es tan fundamental como la conservación de los registros impresos, inclusive algunos afirman que la preservación de los documentos electrónicos es mucho más importante, necesaria y urgente que la preservación de materiales tradicionales, si es que no se quiere llegar, como indican Waugh, Wilkinson, Hills & Dell’oro (2000, p. 175), a una “edad oscura” donde ya no se tengan registros internos en las organizaciones sobre cómo sucedió, por ejemplo, la transacción de un negocio. Por ello, la necesidad de preservar para mantener un registro viable a largo plazo que permita su consulta y recuperación.

Problemas en la preservación digital

Así pues, teniendo claro la importancia de la preservación digital para el sostenimiento de la cultura, resulta irónico que actualmente el tema de la preservación cultural, tenga como primer obstáculo precisamente factores de carácter cultural para llevarse a cabo, como es la falta de sensibilidad y perspectiva para comprender que sin preservación no hay memoria (Voutssás, 2009, p. 3). Es penoso que la preservación cultural no sea motivo fundamental en la agenda de todos los países y sus respetivas organizaciones encargadas de su promoción, ni qué decir en lo que respecta a la preservación del patrimonio documental y su digitalización que ha sido el menos valorado dada su reciente aparición.

Internet Archive book scanner 1

Dvortygirl (2008). Fuente: Wikimedia Commons.

Son pocas las instituciones que realmente se han hecho cargo del problema de la preservación digital, porque como lo menciona Ross (2012, p. 45), es más que la representación digital de la información, realmente se trata de proporcionarle un significado semántico tanto al soporte digital como a su contenido para que sea de utilidad a las generaciones actuales y futuras.

Existen aún más problemáticas en la preservación digital que debemos tener en cuenta. Por ejemplo, Joint (2006, p. 280) señala a las plataformas tecnológicas digitales como la principal limitante en la preservación, pues no garantiza una preservación a largo plazo debido a su mutabilidad y el cambio constante de tecnología que las aqueja.

Todo lo anterior conlleva a una serie de problemas y dilemas de los que no cualquiera desea hacerse cargo. Por ejemplo, Voutssás (2009, p. 5) ha identificado tres grandes problemas relacionados a la preservación digital:

  • La falta de interés y sensibilidad, ya mencionado en párrafos anteriores;
  • La carencia de políticas y programas; y
  • También la escasez de recursos y conocimientos.

Por otra parte, Conway (2010, pp. 68–74) ha identificado cuatro dilemas también con relación a la preservación digital:

  • Del medio ambiente,
  • De la calidad,
  • El de que no son libros, y
  • De la experiencia.

Ante este panorama, las bibliotecas digitales se han manifestado desde sus inicios como la gran  herramienta para promover la preservación digital y por ende de la cultura. Ross (2012, p. 48) apunta que el problema de la preservación digital posee un alto riesgo, no solo desde el ámbito tecnológico, social u organizativo, también desde la perspectiva cultural porque está en juego nuestra herencia a las generaciones actuales y futuras.

Las bibliotecas digitales en la preservación de la cultura

Una pregunta pertinente es ¿cuál es el papel de las bibliotecas digitales en la preservación de cultura? La respuesta puede estar en la funcionalidad misma de la biblioteca digital. Por ejemplo, Yuan (2010, p. 433) menciona que el objetivo cultural de la biblioteca digital es mejorar las condiciones de la vida integral de las personas, lo que incluye los aspectos materiales, políticos, espirituales y humanos.

La aparición de las bibliotecas digitales como sistemas de almacenamiento y organización para la búsqueda y recuperación de información impresa o digital, trajeron consigo toda una serie de soluciones y posibilidades de preservar la información a las generaciones actuales y futuras. Este deseo por salvaguardar el conocimiento, no solo para su conservación, sino también para su trasmisión y reproducción, ha sido para los estudiosos un tema de análisis y de investigación desde los años noventa, considerados por Kahlon & Tse (2009, p. 184) como la era en que la digitalización hizo su incursión definitiva.

El papel de las bibliotecas digitales en la preservación de la cultura es uno de sus rasgos característicos, pues son sistemas de almacenamiento, búsqueda y recuperación de información impresa o digital que permiten a sus usuarios la conexión remota a los servicios y colecciones que posee. Son instrumentos indispensables para la preservación digital del patrimonio local de las comunidades, tanto para su consulta actual o futura, así como su difusión entre las demás sociedades.

Digitalización y preservación de la cultura

Uno de los métodos que contribuyen en la preservación de la cultura es la digitalización, y ésta es precisamente una de las características elementales de todas las bibliotecas digitales. Por lo que es necesario entenderla como aquel proceso de crear versiones digitales de los documentos analógicos, cuyo producto final consiste en un archivo electrónico que puede ser manipulado digitalmente, y además, es factible de ser recuperado por sistemas informáticos (Digitization, 2003, p. 138). Hoy en día esta tendencia ha ido en aumento, tanto que ahora no solo se digitaliza texto, sino también gráficos, audio e información audiovisual (Abadal Falgueras, 2001, p. 16). De hecho, el tema de la digitalización ha sido un elemento esencial en todos los programas de preservación documental de archivos y bibliotecas.

Dunhuang manuscript digitisation

International Dunhuang Project (2006). Fuente: Wikimedia Commons.

Si la necesidad de preservar la información documental es impostergable, es indispensable tener presente que todo programa de digitalización en bibliotecas, contempla aspectos administrativos, bibliotecológicos y técnicos que nos ayudaran a tomar una mejor decisión sobre el rumbo a seguir, también para mantener la colección digital acorde a las necesidades de información de los usuarios, y además para estar al tanto de los adelantos tecnológicos que pudieran afectar el formato digital de los documentos.

Sobre el aspecto administrativo de los programas de digitalización, Hedstrom (1998, p. 190) señala que se debe contemplar la contratación de personal con experiencia en la administración de la conservación, en el uso de medidas preventivas para detener el deterioro de los materiales, en la adopción de medidas correctivas para restablecer la capacidad de uso de los materiales seleccionados, y también en la incorporación de necesidades y requerimientos de conservación en el programa y de la asignación de recursos.

En cuanto al trabajo de los bibliotecarios en la digitalización, su labor no solo involucra meramente la digitalización, sino también aspectos de planeación y adecuación del entorno, por ejemplo, la misma Hedstrom (1998, p. 190) indica que los bibliotecarios han participado activamente para preservar los documentos con acciones como la protección contra incendios y controles ambientales adecuados que se incorporan en los nuevos edificios de bibliotecas y archivos. Así como también el realojamiento de los materiales hechos de papel muy ácido para conservar mejor los documentos en peligro de degradación. De la misma forma, la comunidad bibliotecaria hecho fuerte presión a los editores para que gradualmente cambien sus ediciones por papel libre de ácido.

Por otra parte, también es vital la creación de objetivos y políticas para el desarrollo de colecciones digitales, mismos que nos darán el sustento normativo sobre qué, cuánto, cómo, por qué y para quién se van a digitalizar nuestras colecciones. De esta manera evitaremos problemas a largo plazo sobre el uso indiscriminado de la digitalización cuando en realidad no era necesaria. Por ejemplo, Diez Carrera (2010) señala que los proyectos de digitalización deben contener los siguientes elementos: contextualización con las políticas de digitalización existentes, normalización y cooperación, sostenibilidad del proyecto, valor de los materiales a digitalizar, estado de conservación actual, disponibilidad digital de los materiales en otras bibliotecas, disponibilidad tecnológica, requisitos técnicos, relación costes-beneficios, consideraciones legales y de propiedad, recursos humanos, la financiación, catalogación y uso de metadatos para la recuperación, garantizar la accesibilidad de los documentos, capacidad de ser reutilizables en otros proyectos, control de calidad y evaluación de los documentos digitales.

Digitisation of a Dunhuang manuscript

International Dunhuang Project (2006). Fuente: Wikimedia Commons.

Sobre los componentes técnicos, es importante tener presente que la digitalización no es simplemente la reproducción digital de los textos, pues para capturar realmente el contenido de utilidad para el usuario, es necesario realizar una comparación entre las imágenes digitales y los textos originales, por lo que es importante contemplar tanto las características de los documentos originales que se van a digitalizar, así como la calidad de la imagen a obtener (IFLA, 2002, p. 44). Aunado a lo anterior, es importante contemplar también que el proceso de digitalización puede hacerse desde dos etapas: la primera de ellas consiste en el escaneo digital de la imagen; la segunda produce una representación digital del texto usando un proceso llamado reconocimiento óptico de caracteres (Witte & Bainbridge, 2003, p. 58).

La decisión de digitalizar una colección no debe tomarse a la ligera. Primeramente es indispensable tener presente que todo programa de preservación, y por ende, de digitalización, es para detener el deterioro de los documentos y salvaguardar la información para las generaciones actuales y futuras. Nunca debe hacerse por moda tecnológica, lo cual podría ser contraproducente si no se conocen las técnicas apropiadas de conservación. Lo ideal sería, como lo señalan Waugh, Wilkinson, Hills & Dell’oro (200, p. 175), tratar de hacer el mínimo daño posible, porque sería mucho más riesgoso para los documentos utilizar una técnica de conservación que los dañe más, en ese caso, la mejor opción es no digitalizar o usar otra técnica menos destructiva.

El segundo aspecto que hay que tener en cuenta son los costos a largo plazo de la digitalización y el acceso a esa información, porque si nos ponemos a pensar, en realidad nada nos garantiza que ese formato en el cual nos basamos para capturar la información, el día de mañana sea compatible con los nuevos desarrollos tecnológicos. Por tanto, es muy importante considerar las nuevas tecnologías que aún no se han desarrollado. Adelantarnos, a los cambios tecnológicos para adecuar lo mejor posible, y a bajos costos, nuestros programas de digitalización.

Uno de los retos de la digitalización siempre ha sido evitar la obsolescencia tecnológica de los formatos a los que se pasaron los documentos. Por ejemplo, Russell (2002, p.) asevera que el simple hecho asegurar que los productos electrónicos siguen funcionando como lo hicieron en la versión del software en el que se crearon, puede ser muy frustrante, e incluso imposible. La mayoría de los materiales digitales sólo existen en forma codificada y se leen solo en un software específico. A menudo, incluso una nueva versión del mismo software no es lo suficientemente similar a su predecesor para asegurar que no se pierde información en la conversión.

Conclusiones

Creo que las tecnologías de la información avanzan a un ritmo acelerado, lo cual ocasiona que muchos de nuestros procesos tengan que adaptarse para no quedarse obsoletos. Lo mismo sucede con los formatos que utilizamos para decodificar la información digital, nada nos asegura que esos documentos digitales puedan ser legibles en un futuro. De ahí la importancia de desarrollar también políticas para la conservación de documentos digitales. Pero además, cuidar y resguardar lo mejor posible los materiales impresos, porque si los digitales fallan en algún momento, siempre tendremos los originales.

Si la necesidad de preservar la información documental es impostergable, es indispensable tener presente que todo programa de digitalización en bibliotecas, contempla aspectos administrativos, bibliotecológicos y técnicos que nos ayudaran a tomar una mejor decisión sobre el rumbo a seguir, también para mantener la colección digital acorde a las necesidades de información de los usuarios, y además para estar al tanto de los adelantos tecnológicos que pudieran afectar el formato digital de los documentos.

Creo que no debemos de perder el piso al momento de digitalizar nuestras colecciones. Las tecnologías de la información avanzan a un ritmo acelerado, lo cual ocasiona que muchos de nuestros procesos tengan que adaptarse para no quedarse obsoletos. Lo mismo sucede con los formatos que utilizamos para decodificar la información digital, nada nos asegura que esos documentos digitales puedan ser legibles en un futuro. De ahí la importancia de desarrollar también políticas para la conservación de documentos digitales. Pero además, cuidar y resguardar lo mejor posible los materiales impresos, porque si los digitales fallan en algún momento, siempre tendremos los originales.

Obras consultadas

Abadal Falgueras, E. (2001). Sistemas y servicios de información digital. Gijón: Trea.

Conway, P. (2010). Preservation in the age of Google: digitization, digital preservation and dilemmas. Library Quarterly, 80 (1), 61–79.

Diez Carrera, C. (2010). Recursos tecnológicos en la biblioteca digital. Madrid: Universidad Carlos III. OpenCourseWare.

Digitization (2003). En Feather, J. & Sturges, P. (eds.), International Encyclopedia of Information and Library Science (p. 138). 2a ed. London: Routledge.

Gorman, M. (2007). The wrong path and the right path: the role of libraries in access to and preservation of cultural heritage. New Library World, 108 (11-12), 479–489.

Hedstrom, M. (1998). Digital preservation: a time bomb for digital libraries. Computers and the Humanities, 1 (3), 189–202.

IFLA (2002). 2. Requisitos técnicos e implementación. En Directrices para proyectos de digitalización de colecciones y fondos de dominio público, en particular para aquellos custodiados en bibliotecas y archivos (pp. 43–71). Madrid: Ministerio de Cultura, Secretaría General Técnica.

Joint, N. (2006). Digital library futures: collection development or collection preservation? Library Review, 55(5), 285–290.

Kahlon, R. S., & Tse, M. C. (2009). The impact of digitalisation in higher education libraries. Paper presented at the Proceedings of the 2009 International Conference on the Current Trends in Information Technology, CTIT 2009, 184–189.

Ross, S. (2012). Digital preservation, archival science and methodological foundations for digital libraries. New Review of Information Networking, 17 (1), 43–68.

Russell, K. (2002). Libraries and digital preservation: who is providing electronic access for tomorrow? En Thomas, C. F. (ed.), Libraries, the Internet, and scholarship: tools and trends converging (pp. 1–29). New York: M. Dekker.

Voutssás Márquez, J. (2009). Factores culturales de la preservación. En Preservación del patrimonio documental digital en México (pp. 2–22). México: UNAM, Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas.

Waugh, A., Wilkinson, R., Hills, B., & Dell’oro, J. (2000). Preserving digital information forever. Proceedings of the ACM International Conference on Digital Libraries, 175-184. 5th ACM Conference on Digital Libraries (DL’00); San Antonio, TX, USA.

Witten, I.H., & Bainbridge, D. (2003). How to build a digital library. Amsterdam: Morgam Kaufmann.

Yuan, X. (2010). Discussion on the cultural construction of digital libraries. 3rd International Conference on Advanced Computer Theory and Engineering, Proceedings 5, art. no. 5579525, 433–436.

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Samuel Castro Ponce

Documentalista at Universidad Autónoma Metropolitana (México)
Bibliotecario por la UNAM. He trabajado para el sector público y privado, principalmente en instituciones universitarias. Mis intereses son diversos, pero me oriento más a la búsqueda y recuperación de información, el desarrollo de colecciones y por el impulso de una bibliotecología social.

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