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Opinión: ¿Bibliotecas y bibliotecarios para la Paz?

El mundo de hoy es distinto a aquel en el crecí gracias a, entre otras cosas, nuestras bibliotecas. Mi generación, esa que sobrevivió a la adolescencia en mi ciudad en los 80s, supo de primera mano lo que significaba vivir en la ciudad más violenta del mundo. Pareciera sin embargo que el nuevo milenio trajo consigo el olvido.

En Colombia entera estamos en camino a un tratado de paz anhelado por más de 50 años y todavía, incluso en esta misma ciudad -la Medellín más innovadora del mundo, nos seguimos preguntando por el papel de otros en la Paz antes que por el nuestro. En este marco y en el de la conversación que suscitó el Foro “El papel de la Biblioteca Pública en la construcción de la Paz” me permitiré establecer unos compromisos que siento que, como bibliotecarios, debemos asumir.

Entre las palabras que frases que recuerdo de esa conversación quiero compartir, en su forma original de tuits, las que considero más significativas:

En las charlas que facilito siempre comienzo por aclarar que, desde mi punto de vista, la biblioteca no la hace el edificio o los libros sino los bibliotecarios y las acciones que llevamos a cabo para transformar el mundo (o los mundos) de nuestros usuarios. Si vamos a crear una biblioteca para la paz, una que esté viva y permanezca abierta, tendremos que repensarnos (reconstruirnos si se quiere) como sujetos de paz ¿Lo estamos logrando?

Uno de los primeros pasos, profundizado a continuación en esta publicación, debe ser asumir con coherencia nuestro papel transformador y el de la biblioteca como una institución política fundamental en la democratización del poder.

La coherencia en un paraíso de papel

Si hay una enfermedad de la que sufrimos en Colombia es de un profundo fetichismo legal: tenemos unas leyes bellísimas y una constitución insuperable que apenas, lastimosamente, logramos que se cumplan.

Aquí mismo cabe uno de los recientes (y muy grandes) logros de nuestro Sistema de Bibliotecas de Medellín. La promulgación del Acuerdo Municipal N°23 de 2015 en el que se establece la Política Pública alrededor de las bibliotecas de la ciudad. Ha sido llamado por la Red de Bibliotecas, de manera también muy hermosa, “una política de vida para la bibliotecas públicas” e incluye grandes retos entre los que elegiré sólo un par.

Incluye, este papel, en la definición del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín el primer gran reto: ser un ente articulador “que haga de las bibliotecas y unidades de información, herramientas para la creación y desarrollo del conocimiento,(…) y el fortalecimiento de la participación ciudadana en los espacios de la vida económica, política, cultural, ambiental y social, y la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos.

En la incoherente realidad, sin embargo, parece que nuestro gobierno se estuviera distanciando de este propósito y que a nosotros (los bibliotecarios) no nos interesara recordárselos. Hablo particularmente de tres situaciones específicas que, si bien se están presentando en Medellín, sé que son comunes en gran parte de nuestro continente:

  1. Reducen sistemáticamente los horarios de gran parte las bibliotecas del sistema en más de dos horas diarias.
  2. Limitan la aparición de las bibliotecas en los planes de gobierno, para nuestro caso el Plan de Desarrollo municipal, al componente de Cultura Ciudadana.
  3. Retrasan el nombramiento definitivo de profesionales de la Biblioteca en posiciones clave dentro de las Unidades de Información, específicamente preocupa la vacante en la dirección de la Biblioteca Pública Piloto (uno de los entes articuladores fundamentales del Sistema Municipal).

¿Por qué los medios no hacen cubrimiento de estos temas? ¿Acaso no se los hemos comunicado? ¿Por qué no hay ciudadanos que cuestionen al gobierno? ¿Acaso no los hemos empoderado de nuestros (sus) espacios?

La innovación como insumo del sistema

El segundo reto que mencionaré, incluido en el Acuerdo Municipal, es el de convertir a las bibliotecas del sistema en espacios que promuevan la innovación. Ya tenemos grandes ejemplos de innovación en Bibliotecas alrededor del mundo (ver Beyond Access) que están orientando sus esfuerzos a convertirse en espacios de transformación y de co-creación más que monumentos al almacenamiento y el orden.

Irónicamente, en la ciudad que cuenta con la más respetada institución que trabaja en Pro de la Innovación –Ruta N, vemos cómo no se considera a las bibliotecas como un espacio natural para el diseño y la implementación de proyectos disruptivos de Emprendimiento, MakerSpace, Fab Labs o Hacker Labs. Se dilapidan recursos del gobierno (que provienen de nuestros propios bolsillos) cuando las entidades compiten por crear nuevos nodos de encuentro ciudadano en lugar de aprovechar los que ya existen.

Ejercicios como BiblioLabs tendrían que estar insertados en el sistema de Innovación de la ciudad y ser soportados o potenciados no sólo por la Secretaría de Cultura (en manos de quién están nuestras Bibliotecas Públicas) sino por otras entidades como el Ministerio TIC e InnPulsa y sus respectivos programas.

¿Hemos hecho la tarea, como bibliotecarios, de estudiar cuáles entidades están trabajando en temas que puedan potenciar nuestros proyectos? ¿Hemos propuesto ya la creación de sistemas de gestión del conocimiento que permitan acelerar esos procesos de sinergia institucional?

El compromiso de perder los miedos

Si creemos que ese par de retos para mantener nuestra Biblioteca viva y vigente son pocos, falta aún asumir el compromiso de perder los miedos que como bibliotecarios cargamos. He aquí algunos sólo como un abrebocas a los que espero ustedes puedan agregar en los comentarios:

  • Diseñar servicios, espacios y procesos bibliotecarios con y para el usuario. Esto implica no solo implementar tácticas de diseño centrado en el usuario sino sistemas de planeación colaborativa con quienes ya son usuarios y quiénes aún no.
  • Mercadear la biblioteca asumiendo el papel del usuario y sus necesidades.
  • Presentar la biblioteca como una inversión, no solo aprendiendo a calcular el retorno de inversión – ROI- sino a hablar en el lenguaje de los economistas.
  • Asumir la defensa de la biblioteca en los ámbitos del poder político y de gobierno, participando de (o creando) colectivos ciudadanos que hagan escuchar su mensaje.
  • Reimaginar los propósitos del acceso a la información y el conocimiento para hacerlos cercanos a las necesidades básicas de la comunidad: empleo, seguridad, educación, etc.
  • Actualizar los paradigmas del almacenamiento, la organización y el acceso a la información existente para adaptarlos a la era de la co-creación y la colaboración en red.
  • Exigir a los gobiernos que la información que producen, especialmente bajo las nuevas dinámicas del acceso a datos abiertos (OpenData y OpenGovernment), pueda ser accedida primero y especialmente a través de las bibliotecas.

Reinventarnos en el otro, prestándole nuestra voz y nuestro espacio para que lo haga propio, es la mejor forma en la que podemos asumir nuestro papel para que la Paz se haga día a día desde la Biblioteca.

¡Dejen sus comentarios y sigamos aprendiendo juntos!

Santiago @MedeJean

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Estratega digital y Social Media Manager orientado a la Gestión del Conocimiento en entornos digitales, con estudios en Ingeniería y Bibliotecología y una amplia experiencia en consultoría para el desarrollo, montaje y evaluación de proyectos de Sistemas de Información, TIC, Web 2.0 y Web Semántica. Investigador en las líneas de Cultura Digital, Gestión del Conocimiento y Cienciometría. Conferencista en eventos nacionales e internacionales y asesor de programas de gobierno orientados a Cultura Digital.

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