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No nos callarán: La vitalidad de divulgar información científica

El viernes, 20 de enero de 2017, la preservación y conservación de información científica se convirtió evidentemente en un acto de justicia social.  Justo cuando comenzó la presidencia de Trump, el portal de la Casa Blanca eliminó la información que albergaba sobre derechos civiles y el cambio climático.  Al día siguiente, el presidente y su gabinete dieron nacimiento a los datos alternos.  Estos son datos filtrados y tergiversados por el comité de prensa del presidente.  A lo largo de esa primera semana de liderato, se le forzó una orden de mordaza a la comunidad científica.  Es evidente que la información es de gran valor.  Evidenciar verdad se ha convertido un acto de rebeldía y de justicia.

“The new limits on public communications appear to be targeting agencies that are charged with overseeing environmental and scientific policy, prompting criticism from officials within the agencies and from outside groups focused on climate change.  The Environmental Protection Agency as well as the Agriculture and Interior departments now have formal policies restricting what they should convey to the public about their work” (Eilperin, 2017).

Para muchos, las acciones de la comunidad científica de los Estados Unidos han sido sorpresivas.  En la historia del país no había ocurrido un movimiento tan contundente en resistir las directrices del gobierno.  Días antes, existían publicaciones en fuentes noticiosas que ya dicha comunidad estaba gestando el salvar la información y crear portales alternos en las cuales pudieran compartir el conocimiento (i.e. sobre cambio climático).  Junto a la comunidad científica, muchos bibliotecarios y archivistas también tomaron acción para poder salvaguardar toda información publicada en el portal de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas inglés).  Debido las discrepancias entre la administración Trump sobre el impacto del cambio climático, esta comunidad tomó acción de migrar el contenido antes de que el mismo fuese removido de los portales de las agencias.

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            Junto con la comunidad científica y los bibliotecarios, el Servicio Nacional de Parques también ha tomado una posición de resistencia.  Esta agencia ha creado cuentas en las redes sociales alternas en las que no sólo han dado a conocer su gestión como científicos, sino han desmentido declaraciones hechas por el gobierno.  Entre las discusiones más polémicas entre el National Park Service y la administración Trump se encuentra el debate sobre la cantidad de expectadores en el día de la inauguración.  Según la administración, el National Park Service le hizo un deservicio al gobierno al compartir imágenes que reflejan que la Inauguración fue una de poca participación por parte de espectadores en comparación a la del expresidente Barak Obama.

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            El ejercicio de controlar el contenido y la prensa no es un ejercicio nuevo.  Tampoco lo ha sido el intentar controlar las redes sociales.  Durante la Primavera Árabe el mundo vio, desde sus dispositivos cómo los gobiernos del Medio Oriente y el África del Norte intentó controlar los mismos.  Lo que sí es sorpresivos es el rol activo de un gobierno como el estadounidense en controlar los mismos.  Esto es sin mencionar, el interés en controlar la opinión pública a través de estas plataformas.  Debido a que muchos medios ya sirven a los intereses partidistas, varios profesionales de la información han compartido infografías sobre cuáles son los medios imparciales o de mayor confiabilidad.  Junto con la confiabilidad y la desconfianza que se ha generado en torno al gobierno, las bibliotecas han cobrado mayor importancia.  En varias columnas sobre la importancia de las bibliotecas, se ha identificado que el pueblo estadounidense aún confía en los bibliotecarios como agentes que promueven o proveen información fidedigna.

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(Tomado de Pew Research Center)

            Los ejercicios de resistencia sobre la distribución de información, se han transformado también en proteger a quienes son parte de la comunidad científica y las personas que consultan dicha información: los usuarios de las bibliotecas.  En un artículo publicado por PBS, se expresa las discrepancias entre los profesionales de las ciencias bibliotecarias y la administración Trump.

“A vocal and growing number of librarians across the country have begun to take a more politically active stance” (Flock, 2017)

El manejo de la información no es un ejercicio neutral.  El National Park Service, la EPA y los bibliotecarios han evidenciado esto.  Más allá de resistir a través de manifestaciones en masa, la comunidad científica del siglo XXI junto con los profesionales de la información deben ser agentes de justicia social.  La información, aunque debe ser evaluada, no debe ser censurada ni modificada para cumplir con intereses capitalistas.  La información, sobre todo aquella relacionada al bienestar climático, debe ser una accesible a la comunidad internacional.  El colocar muros, es un ejercicio antiético.  A raíz de las limitaciones impuestas por el gobierno, las redes sociales se han convertido en un vehículo de resistencia y de divulgación de información la cual ha sido retada por entidades de poder.

Al igual que el título de la publicación de Scientific American, la comunidad científica no será silenciada.  Tampoco lo serán los bibliotecarios.  La información albergada en cada una de las instituciones de conocimiento siempre será diseminada y compartida para quienes la necesiten consultar.  Pues, aunque Trump ha expresado abiertamente que no necesita leer para tomar decisiones, quienes se resisten a sus órdenes sí leen y argumentan a través de la lectura.  En una era, donde toda la historia se está tratando de controlar, las bibliotecas y los archivos serán líderes en la resistencia.

Referencias

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Merica, D., Bash, D. (2017, 23 de enero). Trump admin tells National Park Service to halt tweets. CNN. Recuperado de [link]

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Not An Alternative. (2017, 13 de febrero). National Park Service goes rogue. Jacobin. Recuperado de [link]

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Schlander, Z. (2017, 19 de enero). Rogue scientist race to save climate data from Trump. Wired. Recuperado de [link]

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Alejandra Sofía Méndez Irizarry

Soy una bibliotecaria puertorriqueña. Me desempeño como bibliotecaria de assessment e instructora de competencias de información en el entorno universitario. Poseo un grado de maestría en ciencias bibliotecarias y de la información de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Además de mis labor como bibliotecaria, soy estudiante doctoral en el Programa de tecnologías del aprendizaje de la UPR.

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