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Neoliberalismo y bibliotecas

No importa tanto que el individuo sea libre respecto del Estado si después no es libre en la sociedad. Norberto Bobbio (1993)

Nos enfrentamos a un punto en donde la libertad de pensamiento está siendo claramente afectada por la influencia creciente de la filosofía neoliberal que poco a poco ha ido filtrándose en las instituciones educativas. Se ha llegado a un punto en donde la mercantilización del conocimiento funciona como el eje rector de la enseñanza, el aprendizaje y la investigación. Lo cual nos lleva, invariablemente, a pensar en el impacto que tiene el neoliberalismo en las bibliotecas académicas.

Las bibliotecas en general se han visto afectadas por los recortes presupuestarios que han orillado a muchos administradores a aceptar el apoyo de grandes proveedores de contenidos con tal de seguir ofreciendo los recursos informativos que sus usuarios requieren. Obviamente esto con un alto costo monetario y moral que muchas veces no logramos percibir hasta que nuestra sala de lectura se ha llenado de propaganda mercantil sobre una base de datos, que no necesitamos, pero que debemos aceptar.

Este caso pasa muy seguido en bibliotecas de instituciones privadas, sin embargo, ya también es común verlo en instituciones públicas. Esta situación, si la analizamos proviene precisamente de la influencia del neoliberalismo, en donde poco a poco se han ido privatizando diversos servicios que ofrecen las instituciones educativas. Gradualmente se ha ido aceptado la idea de mercantilizar el conocimiento y de admitir patrocinios para no sucumbir.

¿Qué es el neoliberalismo?

El neoliberalismo tomó fuerza en la década de los 70’s, y desde entonces ha ido proliferándose en las distintas regiones del planeta. Particularmente en México, tuvo su aparición durante el sexenio de Miguel de la Madrid de 1982 a 1988 (Méndez Morales, 1998, p. 67). Durante esa misma década, también en otros países de América Latina se comenzó a manifestar el fenómeno.

En términos económicos el neoliberalismo, en palabras de geógrafo inglés David Harvey (2007, p. 6), es:

[…] una teoría de prácticas político-económicas que afirma que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano, consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo, dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada, fuertes mercados libres y libertad de comercio.

Sin embargo, al neoliberalismo hay que considerarlo algo más que un sistema económico, debe repensarse más como un sistema ideológico-político que yace en la génesis de las actuales economías mundiales. Es más como un fenómeno depredador que afecta a los sectores más desprotegidos de la sociedad. Carlos Monsivais (2003) lo definió muy acertadamente al señalar que:

El neoliberalismo es, en definición rápida, el encumbramiento de una minoría depredadora, y por ello se privilegia a la educación privada al margen de los niveles de calidad; y allí, con énfasis, la aptitud tecnológica es la cima, lo que se traduce en el menosprecio del humanismo, en la adopción ornamental de la cultura, y en la burocratización en materia educativa.

Una definición que deja distinguir una profunda preocupación por la educación pública, pues cerca de considerar al neoliberalismo como un apoyo desinteresado por la educación, resulta que viene a sepultar aún más la calidad educativa bajo la farsa de la competitividad empresarial, fundamentada en el desarrollo de aptitudes cuantificables encaminadas a fomentar la mercantilización del conocimiento. Un tema de suma importancia que los bibliotecarios, principalmente de las instituciones educativas públicas, no debemos permitir porque está dentro de nuestros valores la defensa de la educación y la libertad de pensamiento.

Neoliberalismo y educación pública

Desde hace muchos años el tema del neoliberalismo en la educación ha venido tratándose por diferentes autores. La mayoría argumenta que existe una fuerte preocupación por el rumbo que ha tomado la financiación de la educación pública, a tal grado que los presupuestos universitarios se han venido reduciendo, haciendo que las instituciones educativas busquen otras formas de financiamiento alternas en la iniciativa privada. No obstante, es justo aquí donde inician los problemas, porque por más que se traten de maquillar las bondades de las políticas neoliberales y se difundan sus beneficios utópicos, la realidad es que los resultados de este sistema económico en la sociedad solo favorecen a las minorías poderosas. Tal como lo expone Torres Santomé (2001, pp. 12–13) al indicar que esas promesas neoliberales ocultan algo mucho más pernicioso que afecta directamente a la educación pública, y por ende, a los sectores de la población más vulnerables.

Esta situación es de suma importancia, pues al permitir la comercialización del sistema educativo, también estamos aceptando la mercantilización del conocimiento, y eso es un atentado contra la autonomía de pensamiento y la libertad cátedra que debe imperar en las instituciones educativas, sobre todo en las de carácter público. Este punto lo menciona perfectamente Díaz Escoto:

[…] el modelo neoliberal se opone a los principios de la universidad pública, a la libertad de cátedra, a la autonomía, a los criterios de evaluación tradicionales, al carácter social de la universidad y, desde luego, pero sobre todo, al financiamiento por parte del Estado de las universidades públicas. O, en el mejor de los casos, para el neoliberalismo, el financiamiento debe condicionarse (2007, p. 86)

No podemos consentir que los mercados globales actúen por encima de todas las organizaciones e instituciones, ya se ha visto que para ellos la ética resulta pueril. Esto es algo tan grave, y sin embargo, es el fundamento filosófico del neoliberalismo.

El neoliberalismo es una filosofía en la que la existencia y el funcionamiento de un mercado se valoran en sí mismos, con independencia de cualquier relación previa con la producción de bienes y servicios, y sin ningún intento de justificarse […]; y donde el funcionamiento de un mercado se ve como una ética en sí mismo, capaz de actuar como una guía para toda acción humana, y como sustitución de todas las creencias éticas previamente existentes (Treanor, 2005)

En este contexto, el trabajo de las instituciones educativas resulta de gran trascendencia formando estudiantes con una conciencia crítica, capaces mejorar la calidad de vida de todas las personas, no solo de las minorías rapaces que controlan los mercados. Al respecto, cabe citar a Lampert:

El enfoque de la institución debe estar dirigido a la mejora de las condiciones de vida de la población y no a atender únicamente los intereses de determinados grupos hegemónicos cuyo único objetivo es el lucro. Además de eso, compete a la universidad la formación de ciudadanos críticos, éticos, comprometidos con la transformación de la realidad circundante. (2009, p. 103)

Pero ¿cómo podremos lograr lo anterior si dejamos que el neoliberalismo siga entrometiéndose en el sistema educativo bajo la bandera de formar ciudadanos competitivos, carentes de una conciencia crítica? Porque desde su formación les han promovido que no deben cuestionar nada, sino solo sostener el régimen que los acogerá cuando salgan a buscar empleo, al fin y al cabo, ellos ya van con el chip para encajar en el sistema.

Neoliberalismo y bibliotecas

Ahora bien, muchos se preguntarán ¿en qué afecta el neoliberalismo a las bibliotecas? Y la respuesta, más que obvia, resulta necesaria para no seguir contribuyendo ciegamente al sostenimiento de la ideología neoliberal. Por ejemplo, para algunos autores, como Durrani, el temor radica, esencialmente, en la privatización de los servicios y colecciones de las bibliotecas (2008, p. 340). Un punto controversial que se ha venido manejando desde hace muchos años a causa de los grandes problemas económicos por lo que pasan muchas bibliotecas.

Afortunadamente, el tema del neoliberalismo y las bibliotecas ya ha sido tratado por varios autores de formación bibliotecológica, entre los más reconocidos está Buschman (2011, 2012, 2013a, 2013b, 2014). Por lo que es necesario retomar la esencia de cómo es que nos afecta desde su perspectiva.

Buschman sintetizó la influencia del neoliberalismo en las bibliotecas desde el punto de vista económico, aunque aclara que es algo mucho más profundo, él menciona estos elementos:

  • La mercantilización se manifiesta cuando adoptamos por moda las técnicas y principios del marketing, y los tratamos de replicar en nuestro campo, por ejemplo, copiando el modelo de librería-cafetería.
  • Aquellas bibliotecas que funcionan como mercados porque contribuyen a crearlos, estabilizarlos y apuntalarlos aún más, por ejemplo, en áreas relacionadas al capital social y los bienes raíces.
  • La adopción de la cultura de gestión empresarial entre los administradores de bibliotecas.
  • El uso del modelo de consumo ciudadano en la entrega y recepción de servicios.
  • La subvención y/o recaudación de ingresos bajo el esquema de la cultura empresarial que genera competencia interna de fondos en las bibliotecas.
  • Una cultura de clasificación competitiva entre las bibliotecas, muchas veces promovida por las mismas asociaciones de bibliotecarios (2014, p. 638).

No por algo Brian Quinn recalcó en su artículo que las bibliotecas universitarias corren el riesgo de McDonalizarse porque se han adoptado los principios del marketing y los negocios para gestionar la educación superior, algo que ha afectado directamente a la forma en como las bibliotecas académicas se están administrando (2000, p. 260).

El panorama es mucho más preocupante si consideramos que también como bibliotecarios, de manera consiente o involuntaria, estamos apoyando la neoliberalización de los servicios y colecciones bibliotecarias. Y muchas veces lo hacemos con el simple hecho de adoptar un lenguaje cargado de la ideología neoliberal:

La creciente adopción del lenguaje neoliberal, lo normaliza y legitima, lo que refuerza la cultura consumista. A través de este uso del lenguaje estamos de acuerdo con usar palabras que son de naturaleza neoliberal y tienen un significado contrario a nuestros valores éticos […] El uso de términos tales como “cliente”, “marca”, etc. implica una aceptación para impulsar la transformación neoliberal de los ciudadanos en consumidores (Clark, 2014).

Hay autores que todavía denominan a los usuarios con la palabra cliente, eso es algo aberrante y carente de toda realidad bibliotecológica. En ningún caso los usuarios son clientes.

¿Qué podemos hacer?

La clave está en contrarrestar la mercantilización del conocimiento desde las bibliotecas a través de la teoría crítica. La razón radica en que uno de los rasgos característicos de la teoría neoliberal es la privatización y mercantilización de todo lo que toca. Tal como lo señala Harvey:

La empresarialización, la mercantilización y la privatización de los activos previamente públicos ha sido un rasgo distintivo del proyecto neoliberal (2007, p. 175).

Leckie & Buschman (2010, p. xi) señalan que existe una necesidad urgente en Bibliotecología de comprender y apropiarse de la teoría crítica para oponerse a la influencia del neoliberalismo en los servicios y colecciones que ofrecen las bibliotecas. Una cultura crítica bibliotecológica nos permitirá afrontar los grandes cambios que nos afectan, pero también a defender aquello que consideramos justo.

Otras formas para contrarrestar el neoliberalismo en las bibliotecas, que tal vez no se encuentran entre las grandes proezas, pero que sin lugar a dudas ayudan porque están dirigidas precisamente a apoyar a quien más lo necesita:

  1. No tener una ideología neutral ante las injusticias. Algo fundamental en estos tiempos. Este punto ya en un momento lo toqué (véase: Razones para no ser un bibliotecario neutral).
  2. Ayudar al usuario o bibliotecario que te lo pida, sin importar de donde provenga. Muchas veces nuestras instituciones logran hacer convenios de cooperación para apoyarse entre sí. Sin embargo, esos acuerdos se ven limitados por las licencias o contratos con los proveedores. Creo que eso no debe ser una limitante, sobre todo si nuestra institución posee grandes recursos y está financiada por fondos públicos. La idea es que si alguien solicita mi apoyo, y estoy en posibilidades de ofrecerlo, ya sea de forma abierta (bajo un convenio) o de forma sutil (trato entre colegas, de bibliotecario a bibliotecario), pues deberíamos hacerlo. Uno nunca sabe cuándo necesitemos del otro.
  3. Apoyar el desarrollo de repositorios institucionales de acceso abierto.
  4. Fomentar el uso e importancia de los contenidos de acceso libre. Si mi institución se ha visto afectada por los recortes presupuestarios, y el costo de las bases de es muy alto, cosa que es muy cierta y estoy seguro que muchos apoyan la idea, pues no nos quedemos de brazos cruzados, y ofrezcamos el acceso al conocimiento de otras maneras.
  5. Tener presente que el conocimiento es libre y que nadie debe lucrar con él. Cuando alguien nos pide un documento, que sabemos que lo utilizará para generar nuevo conocimiento, pues creo que debemos ser abiertos a ayudar en ese sentido. Somos bibliotecarios, no somos bandidos que lucran con la información.

 

Obras consultadas

Bobbio, N. (1993). Igualdad y libertad, introducción de Gregorio Peces-Barba. Barcelona: Barcelona, España, Ediciones Paidós.

Buschman, J. (2011). Marking a limit of neoliberalism: democratic theory, advertising, and the classroom (Tesis de doctorado). Georgetown University, Washington, D.C. Recuperado a partir de https://m.repository.library.georgetown.edu/handle/10822/558108

Buschman, J. (2012). Libraries, classrooms, and the interests of democracy: marking the limits of neoliberalism. Lanham: The scarecrow press.

Buschman, J. (2013a). Democracy, Market Solutions, and Educative Institutions: A Perspective on Neoliberalism. Progressive Librarian A Journal for Critical Studies & Progressive Politics in Librarianship, (41), 5–19.

Buschman, J. (2013b). Historical Roots of Faith (in the Market): Neoliberalism Before the “Neo”. Progressive Librarian A Journal for Critical Studies & Progressive Politics in Librarianship, (41), 39–51.

Buschman, J. (2014). The Politics of Neoliberalism in Academic Libraries: The Fiscal Front. The Journal of Academic Librarianship, 40(6), 638–639. http://doi.org/10.1016/j.acalib.2014.09.001

Clark, I. (2014, julio 9). How librarians enable neoliberalism and inequality, and what we can do to resist it. Recuperado a partir de http://infoism.co.uk/2014/07/how-librarians-enable-neoliberalism/

Díaz Escoto, A. S. (2007). La crisis de fin de siglo en la UNAM: financiamiento y gratuidad. Educação e Pesquisa, 33(1), 81–94. http://doi.org/10.1590/S1517-97022007000100006

Durrani, S. (2008). Information and Liberation : Writings on the Politics of Information and Librarianship. Duluth, Minn: Litwin Books, LLC.

Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. (A. Varela Mateos, Trad.). Madrid: Akal.

Lampert, E. (2009). (Re)crear la universidad: una premisa urgente. Perfiles educativos, 31(126), 100–114.

Leckie, G. J., & Buschman, J. (2010). Introduction: The Necessity for Theoretically Informed Critique in Library and Information Science (LIS). En G. J. Leckie, L. M. Given, & J. Buschman (Eds.), Critical theory for library and information science: exploring the social from across the disciplines (pp. xvii–xxii). Santa Barbara, Calif: Libraries Unlimited.

Méndez Morales, J. S. (1998). El neoliberalismo en México: ¿éxito o fracaso? Contaduría y administración, (191), 65–74.

Monsivais, C. (2003, noviembre 23). Entre la imprenta y el “zapping”. El Universal. Recuperado a partir de http://archivo.eluniversal.com.mx/editoriales/20028.html

Quinn, B. (2000). The McDonaldization of Academic Libraries? College & Research Libraries, 61(3), 248–261. http://doi.org/10.5860/crl.61.3.248

Torres Santome, J. (2001). Educación en tiempos de neoliberalismo. Madrid: Morata.

Treanor, P. (2005). Neoliberalism: origins, theory, definition. Recuperado el 23 de junio de 2016, a partir de http://web.inter.nl.net/users/Paul.Treanor/

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Samuel Castro Ponce

Documentalista at Universidad Autónoma Metropolitana (México)
Bibliotecario por la UNAM. He trabajado para el sector público y privado, principalmente en instituciones universitarias. Mis intereses son diversos, pero me oriento más a la búsqueda y recuperación de información, el desarrollo de colecciones y por el impulso de una bibliotecología social.

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  1. By Patricia Morales

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    • By Samuel Castro Ponce

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