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Moral bibliotecaria

Estar en el mundo es vocación y materia de un arte: el arte de vivir. Cuando la parte del mundo en donde pasamos varias horas periódicamente es una biblioteca, y nuestra permanencia en este sitio se debe a que es el lugar donde trabajamos, entonces hablamos de un segmento singular de la vida, de nuestro propio vivir, y más que por empeño propio ocurre que como consecuencia de la interacción con los otros se nos denomina “bibliotecarios“.

Estar en la biblioteca y ser el bibliotecario requiere una reflexión que, por cierto, no siempre se hace, sino que como ocurre con muchas cosas del vivir las situaciones nos llegan, nos envuelven y a veces nos vemos empujados a actuar en ellas o para ellas. En este sentido, podemos notar con mucha facilidad la abundancia de bibliotecarios que nunca han comprendido dónde están trabajando y quiénes son, por lo que su actuar consiste en la siguiente rutina con leves variaciones:

Llegar al trabajo  Hacer proceso / servicio (con descansos)  Salir tras unas horas // Cobrar.

Reflexionar el ser bibliotecario y el estar en la biblioteca es una experiencia que se asemeja mucho a una fase liminar, esto es, a un rito de paso. Por esta razón, hablar de esta reflexión no es fácil, pues luego de hacerla el bibliotecario se vuelve Bibliotecario (con mayúscula) y puede presentarse con una identidad muy definida ante los otros, interactuar con ellos como iguales, ser reconocido y reconocer a los demás, además de actuar en una forma más segura con sus medios y para sus fines.

Pongamos un ejemplo para aclarar más sobre este llegar a ser un Bibliotecario. Hace casi un siglo, cuando en México empezaron a proliferar las bibliotecas institucionales, sobre todo las públicas, hubo preocupación por formar bibliotecarios. Uno de los temas con los que se debía tener más cuidado durante esa formación era la selección de los libros para la biblioteca; en este sentido, el bibliotecario debía ser una persona ecuánime, honesta, enfocada y receptiva para tratar con la población usuaria potencial de su biblioteca, con los vendedores y con las autoridades de su organización de adscripción.

Se decía entonces que un bibliotecario debería ser capaz de hacer una selección de libros adecuada en términos de utilidad, calidad, costo y pertinencia para sus usuarios. En este sentido, el aspecto más difícil que debía resolver era el de la pertinencia, por lo que se ponía especial atención en el reclutamiento de quienes habrían de formarse para trabajar en la biblioteca, sobre todo en lo tocante a sus rasgos conductuales.

Así, la conducta del bibliotecario era asunto que se trataba abiertamente y abundaban las consideraciones sobre casos que debían servir para orientar a los novatos. Se buscaba que el bibliotecario manifestara la posesión de una disciplina con cierta flexibilidad, de esa que se llama criterio y que sirve para atender situaciones no planeadas, impensadas o espontáneas. Pero la conducta, aún siendo tan importante en la formación del bibliotecario, no era algo que pudiera inculcarse en las clases de biblioteconomía; de ahí la importancia de tener referencias sobre los bibliotecarios, de observarlos atentamente, de motivarlos y de ponerles pruebas.

Se hizo común reconocer las conductas tenidas por mejores, y los bibliotecarios que las exhibían eran motivo de aplauso y caravanas. En consecuencia, luego de que el bibliotecario pudiera mostrar que era poseedor de las conductas preferidas, ya habría cambiado, ya sería otro y podría tratar con el mundo, decirle sobre su quehacer, ser homenajeado por sus logros bibliotecarios; o sea, ya era un Bibliotecario.

Por supuesto, las fases liminares no son algo fijo en las culturas, sobre todo por su carácter ritual. No obstante, es importante tenerlas en consideración cuando emprendemos la reflexión sobre estar en la biblioteca y ser bibliotecario. De esta manera, notamos que estamos ante un tema vasto, por lo que podremos seguir esta digresión en otro momento.

Robert EG

Mtro. Robert Endean Gamboa. Maestro en bibliotecología. Ha trabajado en bibliotecas universitarias, en la Hemeroteca Nacional de México y en la Dirección General de Bibliotecas del CONACULTA. Ha sido docente, auditor líder de calidad, valuador de documentos y colecciones antiguos, consultor, gestor de proyectos y capacitador. Actual Presidente de la Sección de Políticas de Información de la AMBAC. Mantiene el blog de Problemas del Campo de la Información.

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