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Los excluidos y los inmigrantes en la biblioteca pública

Fue una tarde de agosto cuando hablaba con otro bibliotecario sobre la novela Lolita de Vladimir Nabokov y la versión cinematográfica de Las edades de Lulú que llegué la obra de Charles Bukowski, escritor estadounidense de origen alemán. Definido por Umberto Cobo como “icono de la rebeldía, heredero de los poetas malditos, uno de los escritores de los que muchos hablan pero que pocos leen en verdad”.

— Mauricio Fino-Garzón (@maolibrarian) 17 de agosto de 2012

Al leer la reseña biográfica que hizo Cobo en Antología, vi en Bukowski, ese tipo de usuario de las bibliotecas públicas que no se encuentra encajado en ningún perfil, pero que se puede identificar en muchas: un sujeto que encuentra en las bibliotecas un lugar para “refugiarse” del mundo real. Tal fue su aprecio por estos espacios donde pasó tantos días de su adolescencia en Los Ángeles que lo retrató en el poema “El incendio de un sueño” para referirse al incendio que arrasó con el 20% de la colección de la tercera biblioteca más grande de Estados Unidos.

“(…) la vieja Biblioteca Pública de Los Angeles
muy probablemente evitó
que me convirtiera en un
suicida,
un ladrón
de bancos,
un tipo
que pega a su mujer,
un carnicero o
un motorista de la policía
y, aunque reconozco que
puede que alguno sea estupendo,
gracias
a mi buena suerte
y al camino que tenía que recorrer,
aquella biblioteca estaba
allí cuando yo era
joven y buscaba
algo
a lo que aferrarme
y no parecía que hubiera
mucho”.


‎"Pulp", by Charles Bukowski
”Pulp”, by Charles Bukowski on Flickr.

Un día en la vida de un inmigrante en una biblioteca pública

Así como la historia de Bukowski me apasiona, quiero compartir una reciente conversación que tuve con una amiga. Su nombre es Manuela, desde ayer tiene 20 años y hasta hace unos meses era una inmigrante en busca del american dream. Nos conocemos hace algo más de siete años gracias a las redes sociales y sólo fue hasta hace un mes que tuvimos contacto cara a cara, un encuentro 1.0.

Manuela es usuaria de la Biblioteca de Pawtucket y la Biblioteca de Providence donde se ofrecen servicios bibliotecarios tradicionales y servicios para inmigrantes, entre estos se encuentra conexión a Internet por dos horas diarias, clases de inglés gratuitas, los beneficios de la library card y el préstamo interbibliotecario así como programas de alfabetización digital. Una vez terminó el high school, ante la falta de oportunidades para acceder a educación superior y la dificultad de conseguir empleo, desarrolló entre estanterías un hábito de autoformación artística que la ha llevado a abrirse campo en la escena artística local.

Las historias secretas

Cuando le pedí que me contara de sus anécdotas en las bibliotecas lo primero que dijo fue “la biblioteca es como mi casa, pasan unas locuras…”. Esta frase puede sorprender a quienes tienen esa visión medieval de las bibliotecas pero cierta para quienes hemos trabajando en bibliotecas públicas. Estas son algunas de las frases que salieron de nuestra conversación que parecen salidas de boca de Bukowski:

“Estaba en la sala audiovisual viendo una película, allí hay varios cuartos con salas privadas. Mientras, en uno, una pareja hablaba, la chica tenía las piernas encima del tipo, lucia fogosa, cachonda mientras que él se veía tímido y como si no la conociera…  hablaban de cuando tenían sexo. La imagen era repugnante”

“Una vez en la sala de informática un anciano se tiraba pedos, olorosos, duros. No le importaba nada. A lo mejor se comió un burrito. Sólo es mi suerte…”

“Uno de los auxiliares es lindo y tímido, lo persigo porque se intimida. Es un amor platónico”

“Un día entraba a la biblioteca y un negro negro me coqueteó, dijo que era entrenador de zumba y soccer. Me pidió el número. Me enviaba mensajes y nunca le respondía. Una vez entró al mismo gimnasio que iba y entraba a las clases y se hacia detrás para verme bailar…”

“A veces es como si estuviera en el baño como de mi casa, entro a peinarme. Incluso una vez, había llovido y sólo tenía 2 dólares para el bus, tuve que entrar al baño a secar los billetes”.

Para finalizar, al hablar de exclusión e inmigración no necesariamente hay que voltear la mirada hacia lo digital, donde pareciera nos estamos enfocando a hablar desde la profesión en estos días. Para quienes estén interesados en estos temas se pude profundizar enLibrary Services for Immigrants. A Report on Current Practices del U.S. Citizenship and Immigration Services (USCIS) y The Institute of Museum and Library Services; Bibliotecas e inmigrantes, o como mirar a nuestros usuarios sin anteojeras de Javier Pérez Iglesias y Sobre inclusiones, exclusiones y bibliotecarios en el filo de la navaja de Edgardo Civallero.

Por @maolibrarian.

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Profesional en Ciencia de la Información - Bibliotecólogo. Especialista en Alta Gerencia. Soy docente universitario y comenzando un proyecto de emprendimiento. Aprendo francés y programación. Escribo en http://maolibrarian.com; colaboro en www.infotecarios.com y administro http://obturisti.co, un laboratorio colaborativo patafísico.
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