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Los 7 pecados capitales del bibliotecario – 1 de 2

Haciendo una analogía con los pecados capitales de la religión católica, quiero proponer el día de hoy los que considero que son los principales errores que cometemos los bibliotecarios en nuestras bibliotecas (o nuestra vida laboral como profesionales de la información). Comenzando por los primeros cuatro de ellos quiero con esto que comience la discusión y lo hagamos un ejercicio de conversación que enriquezca nuestra profesión. 

Los pecados capitales representados por El Bosco en su famosa obra "El jardín de las delicias". Detalle del panel central con licencia disponible en https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=148820

Los pecados capitales representados por El Bosco en su famosa obra “El jardín de las delicias”. Detalle del panel central con licencia disponible en https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=148820

El orden en que se presentan responde a la forma en la que considero son más fáciles de comprender… mea culpa:

GULA, o el insaciable hambre por las estadísticas superfluas.

Antiguamente se reconocía el vicio de la Gula como cualquier forma de exceso o consumo de manera irracional. Esto tiene mucho sentido cuando pensamos en la obsesión que tenemos algunos de los bibliotecarios por la toma de datos de nuestros usuarios que, por sí solos, no tienen sentido.

Tomemos como ejemplo el más usado símbolo de “uso” de una biblioteca: Número de ingresos, referidos casi siempre (y exclusivamente) a las personas que cruzan una puerta principal. Es un dato que generalmente satisface a los tomadores de decisiones (gobiernos, administradores u otros) pero que no da cuenta de la diversidad de servicios, espacios y tiempos que ofrece la biblioteca contemporánea. ¿Cuántos incluyen en estos ingresos a los visitantes de sus sitios web? ¿Cuántos los discriminan por áreas, servicios, tiempos, segmentos de usuarios?  

Es un consumo irracional de estadística, producto de una era digital que pide medirlo todo pero en la que, irónicamente los profesionales de la información, solemos no contextualizar lo que medimos.

En el afán de lo inmediato, de lo común, hemos perdido de vista estadísticas a largo plazo que resultan fundamentales para medir el éxito de una unidad de información:

  1. ¿Cuánto y cómo aporta en la consecución de los Macro objetivos de la organización en la que está circunscrita?
  2. ¿Cómo se comporta cada segmento o grupo de usuarios de la Biblioteca? ¿Reconozco estos segmentos con metodologías de toma de datos que permitan diferenciarlos?
  3. ¿Existe algún modelo de Retorno de Inversión -ROI- o Retorno en Expectativa -ROE- que pueda usar en la unidad de información?

Sabemos que podemos aportar a los planes de gobierno de turno, a los planes estratégicos corporativos o a los propósitos educativos institucionales pero seguimos gastando recursos valiosos en medir lo inmediato cuando los efectos de las bibliotecas suelen reflejarse, en su mayoría, en el mediano y largo plazo.

LUJURIA, o la pasión desmedida por las victorias fáciles

Décadas (sino siglos) de servicios bibliotecarios tradicionales relativamente exitosos, nos han puesto en la cómoda situación de considerar que con ellos basta para tener una buena biblioteca. Salas de lectura “llenas” de usuarios, estanterías con suficientes libros de referencia, libros de texto y best-sellers, servicios de referencia en sala con bibliotecarios guardianes del orden y el silencio.

¿Nos hemos preguntado si esos servicios básicos satisfacen a gran parte de nuestra comunidad? ¿Hemos establecido dinámicas que atiendan a diferentes segmentos bajo la dinámica de la cola larga de oportunidades (long-tail)? ¿Todavía nos esforzamos por ser guardianes del patrimonio impreso o vamos más allá de lo patrimonial y del formato tradicional?

Este pecado capital, la lujuria, lo define la Real Academia de la Lengua Española -RAE- como el uso ilícito o apetito desordenado, exceso de algunas cosas; cosas que, según mi humilde opinión, se circunscriben (en el ámbito de la biblioteca) a mantener los paradigmas de la conservación, la organización y el control. O, para ponerlo en términos de Dante Alighieri, ese “Amor desmedido hacia cualquier persona” lo hemos dirigido los bibliotecarios al objeto de la biblioteca (el edificio, el libro, el recurso informacional) olvidando a quién deberíamos amar por sobre todo: el usuario.

AVARICIA, o la búsqueda incesante de dinero

Si algo he descubierto en cada taller o conferencia que he dictado en bibliotecas es que, indistintamente del país o de su nivel de desarrollo, la cantidad de fondos que se dedican a financiar las unidades de información son vistos como el principal problema por parte de los bibliotecarios. Permítanme ser aquí tan claro y conciso como he sido con los asistentes a mis eventos: el dinero NO es un recurso.

Los bibliotecarios olvidamos que la necesidad nunca es el dinero sino lo que podemos hacer con él, la clave es siempre preguntarse (suficientes veces) el por qué quiero hacer aquello para lo que estoy pidiendo el dinero. Un ejemplo clásico es la solicitud de fondos para renovar las colecciones, las preguntas serían:

  • ¿Por qué quiero renovar las colecciones? La respuesta no puede ser “Porque están muy viejas”; debería estar orientada a dilucidar la necesidad (¡De los usuarios!) que resuelve el comprar nuevos materiales. Supongamos que la respuesta es: porque abrieron una escuela cerca y no cuento con suficientes recursos para atenderlos. Así la siguiente pregunta sería:
  • ¿Por qué quiero atender el público escolar? Podría aquí referirse la respuesta al papel de la biblioteca en su comunidad pero debería estar, de nuevo, orientada a resolver cuáles son las necesidades de ese segmento específico de la comunidad. Volviendo a las suposiciones, podríamos responder: porque no hay una biblioteca escolar que les facilite los recursos necesarios para realizar sus tareas escolares. Con solo resolver estas dos preguntas ya debería tener claridad sobre el tipo de recursos que realmente necesito, algo mucho más específico que “renovar colecciones” pero si continuamos con las preguntas vamos a enriquecer más el proceso, así:
  • ¿Por qué mi biblioteca debe ayudar a resolver las tareas escolares? De nuevo podemos limitarnos al papel obvio de la biblioteca pero, yendo más allá de lo obvio, podríamos hablar de cuánto aumenta la capacidad de ser un ciudadano productivo para un estudiante que tiene acceso a mejores recursos educativos en su proceso formativo. ¿Hay datos en mi ciudad de cuánto le “cuesta” al gobierno un estudiante graduado que no continúa en la educación superior? ¿Cuánto más un estudiante graduado sin capacidades de emplearse?. Nacen aquí ideas de posibles nuevos servicios asociados a la colección que se pretende comprar, pero además la posibilidad de acercarse al gobierno o entidades privadas (empresas) que estén interesadas en formar esos estudiantes para convertirlos en futuros prospectos laborales. ¿Será más fácil así solicitar ayuda para desarrollar este tipo de servicios y colecciones que simplemente el dinero para comprarlas? ¡Seguro que sí!

El ejercicio de preguntarse el “por qué” y el “para qué”, manteniendo a la vista el usuario como propósito fundamental de la biblioteca, es la mejor forma de comenzar el proceso para encontrar propósitos, nuevos servicios y aliados para llevar a cabo proyectos bibliotecarios innovadores.

PEREZA, o la búsqueda de excusas para no comenzar

Justo tras el pecado de la avaricia viene la falsa idea de que todos los proyectos bibliotecarios tienen que impactar a gran parte de la población, poniéndonos a los bibliotecarios en la tarea absurda de planear periódicamente hermosos proyectos de alto impacto que terminan ahí, en papel. Se nos olvida que todo comienza con pequeños pasos y que comunidad no significa mayoría.

Un mantra fundamental para superar la pereza bibliotecaria proviene del mundo del emprendimiento y las startups: falla rápido y falla barato. Eso quiere decir:

  • Comencemos por detectar pequeñas necesidades que nuestros usuarios (aunque sean pocos de ellos) ya saben que tienen y que podemos resolver con recursos con los que YA contamos.
  • Establezcamos servicios rápidos, distintos, llamativos y que dejen claro que resuelven esa necesidad para ese tipo específico de usuario. Acerquémonos a ellos y preguntemos del tema, de sus necesidades, de lo que podríamos hacer CON y PARA ellos.
  • Invitemos a esos usuarios a un proceso de co-creación de los servicios bibliotecarios para que se sientan dueños, usuarios y parte de la biblioteca.
  • Y no olvidemos que no hay que pedir autorización para todo (aplica sobretodo para las organizaciones grandes y burocráticas): es mejor pedir perdón que pedir permiso, siendo mucho más fácil si solo has invertido recursos que ya tenías y los has hecho en un proyecto rápido.
  • Así, si tienes éxito, puedes escalar (ampliar el alcance) el proyecto a otros públicos o localizaciones o, si fracasas, no tendrás nada de qué arrepentirte.

Prototipar, empezar en pequeño, empezar rápido. En contraposición de la definición clásica de este pecado: Aceptar y hacerse cargo de la existencia de uno mismo (como biblioteca y bibliotecario, con recursos limitados pero creatividad ilimitada, al servicio de la comunidad).

Para ver la segunda y última entrega de este post, pueden ingresar a http://j.mp/7BIBLIOPECADOS2

En la siguiente entrega veremos la ira, la envidia y la soberbia ¿Qué se imaginan que traerán?

¡Que comience la conversación!

No olviden compartir y dejar sus comentarios en este post o en nuestras redes sociales http://www.twitter.com/infotecarios

Saludos desde el aire,

Santiago Villegas @Medejean

 

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Estratega digital y Social Media Manager orientado a la Gestión del Conocimiento en entornos digitales, con estudios en Ingeniería y Bibliotecología y una amplia experiencia en consultoría para el desarrollo, montaje y evaluación de proyectos de Sistemas de Información, TIC, Web 2.0 y Web Semántica. Investigador en las líneas de Cultura Digital, Gestión del Conocimiento y Cienciometría. Conferencista en eventos nacionales e internacionales y asesor de programas de gobierno orientados a Cultura Digital.
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