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Lo que puede ser un contexto

Etimológicamente el término Biblioteca se refiere a “Caja de libros”. Si fuera por esta definición, el futuro de la Biblioteca estaría destinado a desaparecer. Así lo asegura el visionario artículo de Michael Agresta en el sitio web Slate.com, titulado “What will become of the Library?: how it evolve as the world goes digital”; artículo que @jaiderog compartió en su último post y que casualmente yo venía analizando. Es verdad, la biblioteca y la ciencia que la estudia no son lo mismo que hace 15 años ni mucho menos hace 40 años.

Efectivamente la tecnología ha influido, pero la creatividad de la sociedad en la creación de medios efectivos de acceso a la información es inabordable e inevitable. No es malo, solo que es desafiante para nosotros; ¿Por qué? Porque no es un tarea fácil estar al tanto de tanta innovación en el uso y manejo de la información, ni mucho menos en la gestión del conocimiento. Son múltiples las creaciones y las nuevas necesidades que la demanda genera, y que el mercado finalmente es el que va delineando las líneas de trabajo.

Además nos adentramos a un contexto en el que la presencialidad tiene mayores costos económicos y requiere más esfuerzos físicos que lo virtual, popularizando la compra de dispositivos móviles que agilizan las actividades netamente humanas digitalmente. Las personas ya no tienen que ir a la Biblioteca a consultar información que está en Internet, porque puede precisamente acceder remotamente. Van cuando requieren de un libro que exclusivamente está en físico y no encuentra en ninguna otra parte, caso que en la actualidad ya no es normal.

Es claro que las bibliotecas entre sí son diferentes, precisamente porque su comunidad usuaria lo es y su misión lo determina como tal. No se puede decir igual una persona que cuenta con acceso a internet y dispositivos para acceder, además de una suscripción a una base de datos que la Universidad a la que pertenece realiza anualmente, a una persona que por mucho tendrá un bachillerato, tiene seguramente un smartphone pero a través del cual solo puede acceder a Internet donde hay una red inalámbrica abierta. No es comparable por tanto toda la tecnología y otros bienes que el mecanismo económico actual ofrece de manera más asequible son más fáciles de tener, y unos servicios que pertenecen a lo que sería un derecho humano (servicios públicos, educación, justicia), sean imposible para unos y represente deudas pagables a la eternidad para otros.

Este hecho se da por el esfuerzo de muchos, guiados por el mercado y sus consecuencias, por promover el Internet como la salvación a los objetivos de desarrollo del milenio; entre esos encontramos a “gurús” como Zuckerberg (CEO de Facebook) y Page (CEO de Google), quienes muestran que el acceso a la información es el punto de cambio y de mejora de las sociedades. Desafortunadamente, estas personas más allá de ser gurús tecnológicos, hacen parte de todo un entramado que les demanda a ser competitivos, un gran problema que obliga a combinar el bien de la sociedad con los intereses comerciales.

Foto: Russell Watkins/Department for International Development

Foto: Russell Watkins/Department for International Development

El acceso a la información es una solución, pero no en sí misma; requiere tener un acompañamiento responsable y robusto para la aprehensión de los procesos físicos y cognitivos que las personas deben llevar a cabo al momento de acercarse a la información, a través de cualquier tecnología, ya sea de papel, de chips o de la nube.

A esta breve descripción del contexto actual al que se presentan las bibliotecas, se enfrenta uno especialmente en Latinoamérica, y supongo también en el resto de los mal denominados países en vía de desarrollo, que es la desactualización en la llegada de temáticas que empiezan a tomar fuerza en el campo. Todo llega acá con el impacto de lo que fue hace 2 años en aquellos países mal denominados (de nuevo) desarrollados.

Este contexto definido personalmente como desafiante, presenta fronteras apasionantes para lo que viene a la Biblioteca, no como caja de libros, sino como gestora del conocimiento: no sólo por ser una curadora de contenidos y ofrecer materiales precisos para las necesidades de sus usuarios, sino como un espacio físico y virtual que ofrece servicios apropiados al crecimiento de las personas como seres humanos, emprendedores, innovadores, creadores, creativos y trabajadores.

Nunca olvidando que el espacio de la biblioteca, muy sabiamente dicho por Agresta, es uno de los pocos espacios donde la persona no es un consumidor sino un ciudadano: “On a cold, rainy island, they are the only sheltered public spaces where you are not a consumer, but a citizen”.

Los invito a leer por último este texto que usé también para escribir el presente post, escrito por Quentin Hardy en el blog Bits del New York Times titulado “Valuable humans in our digital future”.

Abajo encuentran la bibliografía correspondiente.

Bibliografía

  • Agresta, M.The future of the library: How they’ll evolve for the digital age. Recuperado de http://goo.gl/IzvNpL
  • Hardy, Q. (2014). Valuable humans in our digital future. Recuperado de: http://goo.gl/5HB88m
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Iván Valderrama Espejo

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Comments

  1. By Hiperterminal

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    • By Iván

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