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¡Libros y niños primero!

Me gustan las tormentas. Sobre todo las eléctricas. Los truenos y rayos, el viento y la lluvia. Esa noche había llovido mucho, una tormenta grande no nos había dado tregua, pero yo estaba en mi casa, se podría decir que disfrutando del espectáculo. A la mañana siguiente, como siempre me levanté y me fui a trabajar a la biblioteca. Abrí la puerta, puse un pie adentro y sentí el chapoteo ¡Plash! Corrí las cortinas y la luz que entró por la puerta-ventana me mostró otro espectáculo, uno poco emocionante. No hay muchas formas de transmitir esto, creo que lo mejor es considerarlo una tragicomedia, ya que los resultados no fueron muy graves.

vista completa

Volvemos al momento en que entré a la biblioteca. Agua. En el piso una pequeña laguna y en medio de la laguna “Breve historia contemporánea de la Argentina” flotaba. Confieso tontamente que lo levanté del charco y tal como el libro escurría agua a mi se me escaparon unas lágrimas.

Reacción 1: Llamemos a alguien que solucione  esto. Respuesta que devolvió mi mente: ¡Vos tenés que solucionarlo, sos la bibliotecaria!

Me confieso ignorante sobre la materia pero hice lo que se me ocurrió, con un poco de sentido común. Busqué la raíz del agua, una gotera en el techo, que había caído sobre una estantería. O sea que el problema se agrandaba. Busque a la señora de la limpieza y me ayudó a sacar el agua del piso. Y secamos la estantería que no tenía mucha agua al parecer. Detalle: el agua había sido absorbida por los libros. A esa altura el llanto era bronca e intentando calmarme busqué actuar para reparar el daño.

Vacié la estantería sobre la mesa, los libros mojados los abrí y prendí los ventiladores, cosa que nadie entendía en pleno invierno.

mesa con libros

A los pocos minutos vinieron los empleados de mantenimiento y sacaron agua del techo, se fueron y me dejaron con pocas esperanzas. Si seguía lloviendo iba a seguir entrando agua. Una vez vacía la estantería pedí que la desamuren de la pared y la corrimos a una esquina donde el agua no entraba.

Tome aire, me senté en la computadora y escribí un pequeño informe que le dejé a la directora de la escuela. Solo asenté lo que sucedió y que medidas se tomaron.

Volví a la biblioteca, me tome un té y cuando todo parecía volver a la calma retornaron los truenos y la lluvia. En el sector del fondo y nuevamente sobre las estanterías, por el borde de una claraboya una nueva gotera. A esta altura mientras vaciaba otra estantería, pasé del llanto a la risa (¿será la profesión que nos vuelve locos?) y adopté a un nuevo usuario, que trajo amigos.

balde

¿Qué decir? Estas son cosas que suelen pasar y desgraciadamente nos toma de improvisto. Al menos la primera vez. La gestión implica prever y también solucionar algunas cosas sobre la marcha. Una lección mas que enseña la biblioteca.

Hay eventos mas desafortunados que este. Hace poco tiempo Se inundó la biblioteca de la Legislatura porteña y unos 13 mil libros quedaron bajo el agua. Y ya aprendí  que es indispensable tener una mínima preparación para casos como estos, sean de mayor o menor calibre. En mi caso unos 15 libros fueron descartados definitivamente, y por suerte no eran de gran valor, eran guias del estudiante que estaban desactualizadas. Como me dijo un colega “la naturaleza expurgó por vos”.  La estantería no volvió a su lugar de origen aun y ya se están haciendo los preparativos para reparar el techo el próximo mes.

Les aseguro que hasta ese momento prefiero no escuchar ni un trueno.

PD: A las dos horas mi humor había cambiado considerablemente. Gracias a la lluvia la biblioteca había sido adoptada como lugar de recreo y los vi, eran muchos adolescentes, pasearon por las estanterías, elegieron libros y se sentaron a leer. 

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Jessica Soledad Castaño

Bibliotecaria profesional y sobre todo de alma, encontré en este mundo mi vocación.
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Comments

  1. By Eliana Ovalle

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