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Leer en tiempos de la cuarta pantalla

Las pantallas están omnipresentes en nuestra vida diaria convirtiéndose “en el soporte privilegiado de nuestra relación con la cultura”. Stearling (2012) citado por Cordón menciona que el 90% de los contenidos que consumimos se producen mediante distintas pantallas, frente al 10% en papel y otros medios tradicionales; a su vez destaca que la televisión no es el centro de nuestra atención dado que dedicamos más del 77% de nuestro tiempo al uso de otros dispositivos (teléfono, tableta o PC) al mismo tiempo.

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Las pantallas o dispositivos electrónicos de lectura 

Vivimos en la época de la cuarta pantalla, ésta hace referencia a los celulares inteligentes así como otros dispositivos móviles tales como iPods, iPads, dispositivos de lectura electrónica y otras tabletas:

“A principios del siglo pasado se encuentra el origen de la primera pantalla, el cine, «la pantalla de plata», en tanto la televisión, la segunda pantalla, se popularizó en los años sesenta. La computadora personal, la tercera, se inicia en 1975 con la Apple II, se estabiliza en 1981 con la IBM-PC y se consolida con la popularización de la Internet en 1995. Algo similar sucede con la cuarta pantalla: comienza a principios de la década de 1990 y se consolida en el 2002 con la difusión de la banda ancha móvil. Estas cuatro pantallas, que en un principio funcionaban en solitario, están convergiendo en una sola plataforma reticular sin costuras. Convergente porque los dispositivos han integrado funciones”. (Artopoulos, 2011)

Los soportes de la escritura (y de la lectura) a lo largo de la historia han sido diversos (arcilla, cera, papiro, pergamino, etc.), y si bien, durante varios siglos ha predominado lo impreso convirtiendo como protagonista por excelencia al papel se ha ido migrando paulatinamente hacia soportes digitales e incorporando las pantallas también al mundo de la escritura y la lectura. En el caso concreto del manejo de pantallas en la lectura puede decirse que se ha pasado con el transcurso de los años del menos cómodo scroolling a deslizar esas pantallas con el movimiento de los dedos.

Respecto a los dispositivos de lectura electrónica, su aparición es relativamente reciente, sin embargo su irrupción es cada vez mayor, lo que ocasiona cambios:

“Las propuestas de lectura están cambiando radicalmente en esta nueva era de la mano de la confluencia entre la innovación tecnológica, desarrollo de nuevos modelos de negocios asociados a esta, y la modificación de los hábitos de consumo cultural cada vez más proclives a las pantallas de todo tipo.” (Cordón, 2011)

El libro electrónico: definición y breve historia

El término “libro electrónico” alude comúnmente a dos realidades diferentes. Por un lado, al dispositivo de lectura propiamente dicho y por otro al texto electrónico (leído directamente ya sea mediante internet o a través de cualquier tipo de dispositivo).

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), prevé para su vigésima tercera edición del presente año, la incorporación de este término bajo la palabra “libro” y tendría dos acepciones:

1. Dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros.

2. Libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo.

Cordón (2011) menciona que los libros electrónicos se hallan en un período e-incunable, refiriéndose a que se encuentran en su cuna o infancia puesto que su aparición tiene pocos años, no obstante el auge del desarrollo tecnológico ha impulsado la rápida evolución de los soportes digitales de lectura y a la vez el de los sistemas informáticos y herramientas en los que se basa.

A continuación se hace un repaso de algunas fechas importantes en torno al libro electrónico:

• 1971: Marca un hito para los libros electrónicos con el Proyecto Gutenberg de Michael Hart cuyo fin era crear una biblioteca de libros electrónicos gratuitos a partir de ejemplares ya existentes en papel. Actualmente dicho proyecto cuenta con alrededor de 40 sitios web espejo en distintos países que difunden su contenido.

• 1993: John Mark Ockerbloom crea la Online Books Page, que ofrecía un inventario para obras (en lengua inglesa) de libre acceso.

• 1998: Surgen los primeros lectores de libros electrónicos así como sitios en internet para su venta.

• 2000: Se propone la disposición en la web de un millón de libros mediante el Million Book Project.

• 2003: Nace la primera librería online: Amazon.com

• 2004: Google pone en marcha Google Print, rebautizado luego como Google Books.

• 2007: Aparece el primer e-reader de Amazon: Kindle conjuntamente con un catálogo de miles de libros electrónicos.

• 2010: Apple lanza al mercado el iPad y se inicia en la venta de libros electrónicos.

• 2011-2012: Nuevas marcas empiezan a competir en el mercado de las tabletas. Progresa la venta de contenidos electrónicos.

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Cronología Libros electrónicos Ebooks de Julio Alonso Arévalo

Otros soportes de lectura, como los teléfonos móviles, son también exitosos especialmente en países como Japón:

“Es importante no perder de vista que al hablar de soportes lectores, los teléfonos móviles han tenido un papel de gran importancia, ya que permiten a los usuarios movilidad y comodidad. Es conocido el auge que desde el año 2000 existe en Japón, ya que un alto porcentaje de usuarios emplea su dispositivo para navegar por internet; las novelas móviles se han constituido un verdadero fenómeno, sobretodo entre los jóvenes de 14 y 25 años en el género romántico esto ha traído como consecuencias ganancias millonarias (…) tanto el teléfono móvil (más importante por la penetración social que tiene) y la aparición del libro electrónico o e-book, así como el iPad y demás tabletas, han marcado una nueva etapa en la forma de leer que obliga a los productores a desarrollar mejores dispositivos. Este fenómeno se circunscribe a las ultimas décadas y es producto del desarrollo tecnológico, que ofrece múltiples ventajas al leer en pantalla…“ (Jarvio, 2012)

A nivel mundial la venta de dispositivos electrónicos y por ende la lectura en estos soportes ha ido en incremento, asimismo la tendencia para los próximos años es favorecedora, sin embargo en la región latinoamericana debido a múltiples factores (económicos, de infraestructura e incluso sociales y culturales) es aún incipiente.

Finalmente, se debe reconocer el potencial de la lectura en pantallas como una forma complementaria a la tradicional lectura en papel. Ambas desatan pasiones a favor y en contra; sin embargo, considero que pueden coexistir sin problema, todo depende de las posibilidades de acceso y preferencias personales, lo importante es el goce de la lectura en sí, lo importante es el contenido y no el soporte.

Fuentes consultadas:

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Silvana Aquino Remigio

Documentalista peruana. Licenciada en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Magíster en Sistemas de Información Digital por la Universidad de Salamanca (USAL). Desde este espacio compartiré reflexiones, experiencias e inquietudes sobre distintos ámbitos del mundo de la Información y la Documentación; asimismo, intentaré aportar con mi granito de arena para difundir y poner en valor el quehacer bibliotecario de mi país.

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