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Las redes de información en la economía digital

Nuestro mundo ha estado en un proceso de transformación estructural y social desde la década de los años setenta y con mayor fuerza en los noventa. Este cambio está asociado con la aparición de un nuevo paradigma tecnológico, basado en tecnologías de la información y de la comunicación, ha venido a revolucionar no solo la industria de las telecomunicaciones sino toda una gama de sectores en la sociedad que invariablemente repercuten en las actividades diarias de las personas.

Dentro de esa gama de nuevas tecnologías, las redes de información son desde hace unas décadas un importante componente en la transmisión de la información. Su creación ha tenido principalmente intereses económicos, ya que la información oportuna y adecuada permite a las diferentes organizaciones poder competir en el mercado en el cual se encuentran. Lo anterior es innegable, pues el capital, el poder y la generación de conocimiento dependen en gran medida de la capacidad de organizar la sociedad para aprovechar los beneficios del nuevo sistema tecnológico, arraigados en la red misma, el internet y las telecomunicaciones digitales. Es por esta razón que Tapscott (2000, p. 19) afirma que la red sí contribuye en la generación de riqueza, pues él menciona que la red es la infraestructura de la nueva economía digital que basa en la información para generar conocimiento.

Otro de los temas a considerar en esta nueva economía digital sustentada en infraestructura de la red es que los modos de producción ya se han visto afectados, para bien o para mal. Un ejemplo contrario a lo esperado por las nuevas tecnologías es que la velocidad de conexión se incrementa diariamente, lo que hace que los costos de producción de los productos bajen, dejando fuera a los intermediarios, y por ende también la producción con mano de obra barata (Brutto, 2001). Otro ejemplo, viéndolo desde el punto de vista benévolo para la producción, es el uso de redes interconectadas entre compañías para crear y ofrecer productor y servicios de una manera mucho más rápida debido a la reducción en el costo de la cadena de producción (Tapscott, 2000, p. 22). Obviamente estas redes hacen uso de las tecnologías digitales para operar e incrementar la producción no solo en el plano productivo, sino en los demás sectores que conforman una organización como son el marketing, la capacitación del personal, la inteligencia competitiva, las finanzas y las relaciones públicas.

Pese a los grandes beneficios que ofrece la red y las tecnologías de la información, existen varios puntos que deben comprenderse y atender para evitar mayores conflictos provocados por el capitalismo informacional y la gran cantidad de información que se genera día con día, que no necesariamente está disponible a todas las personas. Una de las principales preocupaciones es la exclusión social que se genera con esta nueva estructura económica. Los avances tecnológicos, los cambios en la economía, y la importancia de la información como fuente de poder, de la misma manera conllevan una contraparte excluyente que aunque es evidente, no significa que sea para el Estado o la sociedad una responsabilidad primordial hacia su desaparición.

Muchos autores afirman que el acceso y uso a las tecnologías de la información y la comunicación entre los países altamente desarrollados genera también una brecha informacional y digital con relación a los países más pobres que no pueden hacerse de ellas fácilmente. Esa misa brecha entre países pobre y ricos, genera no solo desigualdad a escala macroeconómica, sino también en las relaciones sociales de las personas, pues habrá info-ricos e info-pobres (Cebrián, 2000, p. 267), generando mayores concentraciones de poder en la sociedad, pese a que el dogma de las nuevas tecnologías sean el acceso universal a la información y una mayor participación de mercado de las economías subdesarrolladas.

La nueva economía, aunque se sustenta en la instrumentación de las tecnologías de la información y la comunicación, no deja ser capitalista, y por tanto, igualmente acarrea desigualdad económica y exclusión social entre los territorios, grupos o personas que no son parte del sistema general de producción interconectado (Castells, 1999). La pérdida atribuible a la falta de acceso a la información en esta nueva sociedad significa una marginación informacional, una ruptura total del contexto social en el que se vive. Pues en una economía que basa su sistema de producción en el conocimiento, producto de la generación, procesamiento y aplicación de la información, y la utilización y difusión de las tecnologías, a otra que no estriba como elemento clave al conocimiento, ni posee una fuerte infraestructura económica, el destino de esta última es quedar al margen y en el olvido de la creciente sociedad.

Creo que se deben estudiar los efectos nocivos producidos por la falta de acceso a la red, pues se ha demostrado que la brecha digital, la desigualdad de ingresos, la exclusión social, y otros aspectos del capitalismo informacional no son fenómenos aleatorios o inconexos, sino partes inseparables del mismo fenómeno económico producido por los avances en las telecomunicaciones digitales y la globalización, que más que fomentar la participación igualitaria de las comunidades en el sistema económico global, pareciera que los rezaga en sectores sociales como es la migración, la educación y el empleo (Cebrián, 2000, p. 268).

Cualquier afirmación de que el capitalismo informacional y la globalización crean sólo una situación de ganar-ganar para todos, aún no se ha confirmado, y para muchos, aún queda lejos, pues la evidencia indica que ante la falta de ingresos económicos estables, la carencia de acceso a la información y a una mejor educación, así como la escasa penetración tecnológica en las poblaciones más necesitadas, seguirán existiendo auténticos agujeros de miseria en donde la exclusión social, económica y tecnológica se acrecientan más con cada paso.

Referencias

Brutto, B. A. del (2001) ¿Cómo puede ser Internet una herramienta para el desarrollo social? Archivo OCS.

Castells, M. (1999). Information technology, globalization and social development. Ginebra: United Nations Research Institute for Social Development.

Cebrián, J. L. (2000). La red. 3a ed. [España]: Suma de Letras.

Tapscott, D. (2000). Promesas y peligros de la tecnología digital. En: Cebrián, J. L. La red (pp. 17-47). 3a ed. [España]: Suma de Letras.

 

 

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Samuel Castro Ponce

Documentalista at Universidad Autónoma Metropolitana (México)
Bibliotecario por la UNAM. He trabajado para el sector público y privado, principalmente en instituciones universitarias. Mis intereses son diversos, pero me oriento más a la búsqueda y recuperación de información, el desarrollo de colecciones y por el impulso de una bibliotecología social.
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