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Las bibliotecas fantasmas y las bibliotecas 2.0

@Cleyrauc

Fotografía de Julián Navarro

Fotografía de Julián Navarro

Los libros de las bibliotecas fantasmas no son imposibles, están en suspensión dentro del imaginario colectivo. Son indestructibles. Por ello, quiero dedicar este post a las bibliotecas fantasmas y a las bibliotecas 2.0. Quiero contarles sobre aquellos recintos que no son parte de la pura nada, sino al contrario, forman parte de lo más íntimo de nuestra imaginación y de lo más público de nuestro Timeline.

¿Cuánto daríamos por pasearnos entre la biblioteca de la abadía de ‘El nombre de la rosa’, la de Alonso Quijano o El capitán Nemo? Innumerables lectores han utilizado las redes sociales para hacer referencia a estas bibliotecas, que ni el fuego, el expurgo o el olvido pueden destruir, porque felizmente fueron construidas desde la fantasía de sus autores: Eco, Cervantes, Verne…

No se me ocurre otra cosa que comenzar por la Biblioteca de Alejandría, de la cual apenas sobrevive una mínima parte de su colección. Entran en esta clasificación esos 40.000 rollos de pergamino que fueron destruidos por el fuego provocado por Julio César.

Se cuenta que, el sabio Ptolomeo envió una carta a todos los gobernantes, comunicándoles que no dudaran en enviarle obras de cualquier género, para conformar la biblioteca. También, ordenó que fueran copiados todos los libros que ingresaran por barco en Alejandría, y luego fueran devueltos a sus dueños. A éste fondo lo llamó “el fondo de las naves”.

A @AnnaStaton_ al igual que a nosotros, nos encantaría tener una máquina del tiempo para viajar a la Biblioteca de Alejandría en su pleno apogeo, aunque no leamos en latín.

Sin dudas, ésta biblioteca existe, pero la gran mayoría de su colección pasó a formar parte de esa nada suspendida. Al igual que los fondos de las naves de Alejandría, también hay ‘fondos de nuestra imaginación’, compuestos por todos los libros de caballería de Alonso Quijano, los tratados filosóficos de la biblioteca submarina del capitán Nemo, o la biblioteca de Drácula.

Entre las bibliotecas imaginarias, es imprescindible mencionar la de la abadía, de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Es un espacio con libros extraviados o que se daban por perdidos. Contiene pasajes secretos y un juego de espejos que multiplica el contenido de la biblioteca hasta el infinito.

Por supuesto, al momento de recibir la triste noticia de la muerte de Umberto Eco, las reacciones no se hicieron esperar en la red. Algunos lectores en un último adiós, relacionaron la biblioteca con el autor.

Eco posiblemente creó su biblioteca a partir de la imaginada por Jorge Luis Borges. Por otro lado, la biblioteca de Borges se origina a partir del relato de la Torre de Babel. Esta biblioteca irreal e idílica, contiene todos los libros del mundo, en todos los idiomas y en todas las posibles combinaciones.

El bibliotecólogo creado por el escritor argentino, hace una descripción extraordinaria de su recinto: ‘El universo (que otros llaman Biblioteca) se compone de un número indefinido, tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco anaqueles por lado cubre todos los lados menos dos; (…) A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página de cuarenta renglones, de unas ochenta letras de color negro…’

Los tuiteros, en una suerte de recordatorio breve, comparten en su Timeline frases extraídas de este maravilloso texto borgiano.

Otra de las bibliotecas fantasmas más conocidas está en el 221 B de Baker Street, en Londres, donde residía el personaje Sherlock Holmes, creado por Arthur Conan Doyle. Entre las obras escritas por el detective figuran títulos como El arte de las pesquisas, Sobre las diferencias entre las cenizas de diversos tabacos, La utilidad de los perros en el trabajo del detective y Acerca de la escritura críptica. Por supuesto, estos libros solo existen en la imaginación de los lectores.

 

Una biblioteca no menos fantasma, pero con la excepción de que es real, existe, es la Biblioteca de Brautigan, ubicada en Vermont, Estados Unidos. Esta institución lleva su nombre en homenaje a Richard Brautigan, escritor estadounidense, autor de obras como El aborto, Willard y sus trofeos de bolos y la pesca de truchas en América.

Si hay un escritor que debe su éxito a su fracaso, ese es Brautigan. El rechazo editorial marcó toda su vida y su obra; hasta que un fatídico día, decidió quitarse la vida frente a una ventana de su casa. Tranquilo, Richard, que hoy, en pleno siglo XXI, aún hay gente que te lee y se emociona.

 

La biblioteca de Brautigan reúne exclusivamente manuscritos que nunca llegaron a publicarse y que fueron objeto del rechazo de las editoriales. Este espacio solo reúne libros fallidos. Una suerte de biblioteca del No. Cualquier persona con un manuscrito de esta clase puede enviarlo a la población de Burlington. En este paraíso de la nada, ningún manuscrito es rechazado. Todos son cuidados y expuestos con el mayor respeto.

Una estrategia 2.0 de cara al usuario

Las menciones de unidades de información relacionadas con bibliotecas fantasmas es una estrategia muy acertada y pertinente, para generar ese engagement tan buscado con los usuarios en la red.

También algunas editoriales como @La_Felguera, se percataron de esta grandiosa oportunidad, y usaron las redes sociales como vehículo de convocatoria, para conversar sobre bibliotecas que jamás fueron escritas.

Bibliotecas fantasmas de pantalla a pantalla

Les presento dos casos de bibliotecas fantasmas que pasaron de la pantalla de televisión a las pantallas de los dispositivos móviles; y cómo las bibliotecas reales han aprovechado la migración para incluir una estrategia en sus redes sociales.

La primera, es la biblioteca de la serie televisiva El Ministerio del Tiempo, transmitida por RTVE. La biblioteca del tiempo no existe, pero los libros a los que hacen referencia, sí.

Para los que aún no la han visto, la serie consiste en el funcionamiento de un ministerio, cuya función primordial es vigilar la historia para que no sea modificada; “el tiempo es lo que es”, reza su eslogan. Las instalaciones del ministerio están conformadas por centenares de puertas que van hacia un momento importante del pasado.

Sus funcionarios son viajeros del tiempo, reclutados de todas las épocas, para luchar contra aquellos maleantes del tiempo, que van por la historia alterándola, obedecidos por intereses personales.

Los referentes literarios dentro de sus capítulos despiertan la curiosidad sobre temas históricos imprescindibles en la cultura española. Algunos de los guiños literarios encontrados son: la historia de Alatriste, las obras de Lope de Vega, el estereotipo del pícaro español en el Lazarillo de Tormes, el Cid, o el manuscrito del Quijote de Cervantes.

Por otra parte, las bibliotecas fantasmas funcionan como un argumento perfecto, para aplicar estrategias de conversación o difusión de contenidos en el espacio 2.0. Este es el caso de la Biblioteca Nacional de España: a través del hashtag #MdT y el número del episodio de la serie antes mencionada, comparten contenidos con sus seguidores, a la par de promocionar su colección. Una estrategia muy plausible.

Acá leemos la reacción de sus seguidores…

El segundo caso, es la biblioteca de la Ciudadela de Game Of Thrones, serie transmitida por HBO. En el último episodio de la sexta temporada, se muestra el  hogar de la biblioteca más grande del continente.

La Ciudadela es donde el aprendiz de maestre tiene la oportunidad de descifrar más de un misterio de la historia sobre cada uno de los bandos que pugnan por el poder. Por cierto, las enormes lámparas de la biblioteca son muy similares a las que giran, iluminando las casas reales, en la introducción de la serie.

El espacio 2.0 sirvió para que fanáticos y seguidores explayaran sus comentarios en referencia a la llegada de Sam Tarly a la inmensa biblioteca de la Ciudadela.

Nuevamente, las bibliotecas y editoriales aprovecharon la ocasión para introducirse en la conversación con el hashtag #GameOfThrones y promocionarse.

No me despediré, sin antes invitarlos a comentar en el mundo 2.0, utilizando el hashtag #BibliotecasFantasmas y mencionando el perfil de @InfoTecarios y el de @Cleyrauc, sobre aquellas bibliotecas imaginarias que tanto enriquecen las bibliotecas reales ¡Nos leemos en línea!

 

Referencias

-Gómez, Noemí (2015). La BNE y el Ministerio del Tiempo. Consultado en:

http://www.biblogtecarios.es/noemigomez/la-bne-y-el-ministerio-del-tiempo/

-Ibáñez, Rafael (2016). La biblioteca del tiempo. Consultado en:

http://www.biblogtecarios.es/rafaelibanez/la-biblioteca-del-tiempo/

-Montero, Glez (2014). La biblioteca de los fracasados. Consultado en:

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/01/babelia/1404218227_025028.html

-Yusti, Carlos (2006). Bibliotecas reales, bibliotecas imaginarias. Consultado en:

http://homines.com/palabras/bibliotecas_reales/index.htm

 

 

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Digital Project Manager con más de 5 años de experiencia enfocada en manejo estratégico de redes sociales, en el campo de gestión de información y colecciones fotográficas. Ha sido facilitadora de talleres y ponencias sobre Social Media, el profesional de la información y la difusión de colecciones en la Escuela de Bibliotecología de la UCV, la Fundación Museos Nacionales y El Diario El Nacional, entre otras instituciones venezolanas.
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Comments

  1. By César Rosas Meza

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      • By Cesar Rosas Meza

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  2. By Francisco Vázquez

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