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La farsa de las publicaciones científicas

Hace ya tiempo que vengo estudiando y trabajando un tema muy importante para el desarrollo de la ciencia: la comunicación de la ciencia. Por un lado, a partir de la relación Ciencia y Tecnología – Sociedad, específicamente con el campo de la Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología y la Apropiación Social del Conocimiento; la cual hoy en día viene tomando gran importancia en nuestro contexto. Por otro lado, lo que muchos académicos vienen nombrando como comunicación científica, que ha ocupado a profesionales de múltiples áreas del conocimiento. A partir de esto, quiero compartir en Infotecarios una serie de reflexiones que he venido realizando sobre ambos frentes de trabajo. Hoy para empezar, quiero comentar acerca de un tema de mucha controversia (por lo menos en mi país): el impacto de las publicaciones científicas.

Hace un tiempo encontré un artículo publicado en la Revista El Malpensante que titula “La farsa de las publicaciones universitarias”. Un texto bastante fuerte del profesor Pablo Arango, que encabeza con el siguiente párrafo:

Un montón de papeles arrumados, mal escritos, que no aportan nada nuevo y que nadie lee es la síntesis de la producción académica colombiana en los últimos años. ¿Qué hay detrás de este exceso de nada?

¿Qué se imaginan ustedes que encontrarán en un artículo con esa introducción?

ciencia_y_periodismo

Imagen tomada de http://elfindelperiodismo.blogspot.com/2012/03/la-ciencia-de-los-medios.html

Este artículo, hace una fuerte crítica al sistema de publicación científico colombiano; un artículo que revive las eternas dicotomías entre “cantidad VS cantidad, intereses personales VS intereses particulares, reconocimiento VS principios éticos…” una forma de desnudar funcionamiento del sistema y los intereses de los actores involucrados. Debo de confesar que al ir avanzando en la lectura me surgieron dudas (y aún las conservo) como, ¿Sera verdad que definitivamente los intereses personales priman siempre en la investigación científica? ¿Acaso los resultados de investigación ayudan a la satisfacción de necesidades sociales? ¿Cuál es el verdadero impacto de la investigación en sociedad? ¿Será que escribimos para llenar un montón de estanterías? Definitivamente cuestionamientos que antes de responder es necesario analizar a la luz de las dinámicas científicas, el contexto social y los actores involucrados.

Adentrándome un poco más en el artículo, Arango hace una crítica a una serie de normas existentes en Colombia (Decreto 1444 de 1992 y Decreto 1279 de 2002) que buscan estimular las publicaciones, entre ellas las que son producto de investigación científica y tecnológica, mediante el otorgamiento de puntos, lo que posteriormente se traducía en aumentos salariales. En uno de los párrafos comenta que:

Naturalmente, la avalancha de contribuciones cayó como un tsunami de papel y tinta. Mucha gente a la que nunca en su vida se le había ocurrido poner por escrito lo que se le pasaba por la cabeza, comenzó a publicar y a publicar. No solo se produjeron toneladas de publicaciones en medios tradicionales (libros y revistas), sino que gracias a la infeliz expresión “materiales impresos a nivel universitario” se reclamaron aumentos salariales por la más variada cantidad de majaderías que un nacido de mujer haya visto u oído. A un colega, por ejemplo, le pidieron que le asignara puntos a un profesor por haber ¡redactado el acta de una reunión!

Su texto va al límite de decir, según mi interpretación, que la investigación es una nube de falacias que sólo busca satisfacer el bolsillo de unos seudocientíficos. Incluso podrán leer, críticas a la evaluación por pares, a las editoriales universitarias y, sobre todo, a los textos de investigación de nivel de doctorado; haciéndolos “añicos” con unas cuantas frases. En pocas palabras, y ad portas de Semana Santa, crucificó el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Sin embargo, fue tanto el impacto causado por esta publicación que varios investigadores contestaron en un tono igual o mayor al del profesor Arango. Un ejemplo fue el artículo del profesor y editor científico Jesús Orlando Rangel Churio, el cual titulo su publicación, “Un mal pensante” e inicia con la siguiente introducción:

Bajo el título “La farsa de las publicaciones universitarias”, la revista El Malpensante publicó una versión miope y descontextualizada sobre los logros alcanzados en la generación y divulgación del conocimiento científico en el país.

Posteriormente en el desarrollo del texto, hace observaciones y preguntas como:

Es obvio que el artículo del profesor Arango carece de rigurosidad académica, por eso al leerlo surgen las siguientes inquietudes: ¿trató el autor de pasar cuenta de cobro a problemas locales-Universidad de Caldas (en la cual trabaja el profesor) para cubrir con un manto de duda a toda la producción académica de las universidades públicas colombianas?, ¿entrevistó o preguntó a editores de revistas de tradición en Colombia sobre el proceso de evaluación a nivel local, regional y global?

Que se presenten acciones aisladas no significa entonces que todo lo que se produce en el medio universitario “sea basura y una pérdida de tiempo, plata y esfuerzo”, como sugiere Arango. Al menos en las ciencias naturales, es absurdo comparar la producción académica de las universidades con la creatividad literaria de Gómez Dávila o de García Márquez, como también hace el profesor Arango. En las producciones académicas se informa y generalmente se escribe para un público especializado, mientras que las novelas se escriben para distraer a público general. Quizá acá conviene recordarle a Arango el adagio que reza “no hay que confundir la gimnasia con la magnesia”.

Definitivamente el abordaje de temas como este, conlleva a la interpretación desde múltiples puntos de vista y a la discusión que lleva años y que aún no se resuelve (y creo que no se resolverá). Yo diría que no se puede condenar pero tampoco salvar a los sistemas de comunicación científica, pues aunque este post hace referencia a una situación colombiana, creo que la realidad latinoamericana no está muy alejada de este panorama. Inclusive, a nivel mundial vemos como el sistema tambalea ante los famosos casos de fraude científico, entre los cuales podemos mencionar los casos nombrados en los artículos de El País “Doctores en plagios” y “Fraudes científicos”.

Definitivamente hay mucha tela por cortar en cuanto al tema, pues en los últimos años la comunicación de la ciencia ha tomado un nuevo aire y ha sido una preocupación constante de los diferentes actores involucrados en investigación. Es necesario que como profesionales de las ciencias de la información, en conjunto con profesionales de otras áreas, trabajemos arduamente en aportes importantes (Bibliotecas digitales, acceso abierto, alfabetización informacional, informetría, programas de apropiación desde la biblioteca, entre otros frentes y acciones) para que la relación Ciencia – Tecnología – Sociedad sea cada vez más estrecha y significativa.

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Jaider Ochoa-Gutiérrez

Bibliotecólogo, docente e investigador de la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia), inquieto por el devenir de esta bella profesión. Mi experiencia académica y profesional ha estado rodeada de bibliotecas digitales, herramientas web, servicios de información digital, estrategias de gestión de información y conocimiento, inteligencia estratégica e iniciativas de apropiación tecnológica y desarrollo de competencias informacionales. Actualmente, investigo sobre gestión de la ciencia, la tecnología y la innovación y su relación con la gestión del conocimiento.

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