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La ética laboral en las bibliotecas

La biblioteca al igual que varios entornos laborales están regidos por un código de ética.  Dos de los códigos de mayor popularidad en la profesión bibliotecaria son los estipulados por IFLA y la American Library Association (ALA).  Estos códigos de ética son conocidos por todos los bibliotecarios a nivel internacional.  El código de ética de IFLA se publicó por primera vez en 2012, mientras que ALA en 1939 adoptó los suyos.  Este último documento fue enmendado por última vez en 2008.  Ambos códigos son similares debido a que los bibliotecarios a nivel mundial consideramos el acceso justo a la información como uno de los pilares de la profesión.  Igualmente, se aboga por la privacidad y confidencialidad de las consultas de referencias, el fomentar el desarrollo de las competencias informacionales, y la libertad intelectual.  También, el código de ética discute cómo debemos tratar a los usuarios de la biblioteca y nuestros compañeros de trabajo.  Este último tema es uno que a pesar de mencionarse  no suele ser con frecuencia. 

El comportamiento y el trato hacia los usuario y compañeros de trabajo usualmente se discute bajo los temas de servicio al usuario, la calidad del servicio y la colaboración entre pares.  El tema de comportamiento es uno amplio. En el ámbito de las bibliotecas, muchas veces se limita a lo previamente mencionado.  Inclusive, en el código de ética delineado por IFLA (2012) este tema se discute en el último principio; Relación de colegas y empleador/empleado.  ALA plantea este principio en el quinto estatuto.

El tema sobre el acoso laboral en las bibliotecas ha cogido auge a raíz de varias situaciones denunciadas durante y después de la Conferencia Anual de ALA celebrada el año pasado en Las Vegas.  Una de las personas quien comenzó a discutir el tema fue Igrid Abrams, bibliotecaria de servicios juveniles en la Biblioteca Pública de Nueva York.  Abrams realizó un encuesta para conocer y dar a luz las situaciones de acoso en las conferencias profesionales (i.e. las coordinadas por ALA).  Esta no es la primera vez que Abrams discute este tema. En su blog ella ha discutido otras situaciones que ella y sus colegas han experimentado.  Poco tiempo después de Abrams discutir el tema de acoso en las conferencias, dos bibliotecarias norteamericanas (Nina de Jesús y Lisa Rabey) se toparon en una controversia al señalar otro bibliotecario (Joe Murphy), por incurrir en actos de intimidación y acoso en varios entornos profesionales.  Las bibliotecarias hicieron el señalamiento a través de las redes sociales y consecuentemente fueron demandas por daños a la imagen profesional de Murphy.  El dúo que está en medio de esta controversia se autodenominó como Team Harpy.  Otros bibliotecarios han reaccionado a la controversia mostrando apoyo a las bibliotecarias demandas.  Paralelo a esto, algunos colegas de la profesión se han sentido motivados en compartir sus experiencias, o han compartido entradas de sus blogs anteriores sobre el tema en sus entradas recientes donde explican el porque apoyan a Team Harpy.

El acoso en el trabajo no se limita a la relación entre pares.  También puede suceder por parte de los usuarios hacia el personal bibliotecario[1].  Y en el caso de una institución académica, otros miembros de la comunidad universitaria o colegial pueden ser quienes realizan este tipo de acciones.  En los casos señalados, el acoso es de índole sexual.  No obstante, este no es el único tipo de acoso que puede afligir al profesional de la información.  La agresión verbal y subestimación son algunos de los acosos y formas de intimidación más comunes que recibe un bibliotecario o personal que le provee servicio al público[2].  En el caso de aquellos bibliotecarios que ofrecen servicios de referencia virtual, existen guías para identificar comportamientos inapropiados y políticas de respeto mutuo para evitar el comportamiento indeseado.  Tanto el usuario como el bibliotecario de referencia virtual pueden acceder rápido a este tipo de documentación debido a la plataforma que se utiliza en el intercambio virtual.  En contraste, el bibliotecario y el usuario que están en ambiente presencial no poseen los documentos de forma inmediata para orientar al usuario durante el intercambio de referencia.  Pues, este tipo de orientación requiere otro tipo de solicitud de servicio.

Se debe tener en cuenta que las políticas, códigos y guías no remedian el hecho de que vayan a ocurrir incidentes de coacción, pero ayudan a discernir el comportamiento esperado por parte del profesional de la información y el usuario.

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El acoso en las bibliotecas es un tema comentado.  Sin embargo, la literatura profesional relacionado a este problema es escasa.  Al realizar una búsqueda en Library, Information Science and Technology Abstracts with Full Text bajo los términos señalados más adelante, obtuve muy escasos resultados.

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Al realizar una búsqueda similar en Google, muchos de los resultados eran relacionados a servicios de orientación que ofrece la biblioteca.  Según se fueron alterando algunos términos, aparecieron resultados relacionados a los casos previamente discutidos.

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En la profesión bibliotecaria existe mucho conocimiento y documentación sobre las mejores prácticas.  También se documentan las necesidades de los usuarios y la incorporación de tecnologías y servicios emergentes, según la profesión evoluciona.  Sin embargo, la documentación sobre ética relacionado al comportamiento profesional en relación a cómo nos dirigimos a nuestros colegas y lidiamos con usuarios agresivos aún aparenta ser sólo anécdotas discutidas entre nosotros.


[1] Moore, V. (2005). Sexual harassment and the library don’t mix. Library mosaics, 16(6), 18-19.

[2] Thompson, S. H. (2009). Pixilated problem patrons: Or, the trials of working virtual reference and what we’ve learned from it. Reference librarian, 50(3), 291-296. doi:10.1080/02763870902947125

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Alejandra Sofía Méndez Irizarry

Soy una bibliotecaria puertorriqueña. Me desempeño como bibliotecaria de assessment e instructora de competencias de información en el entorno universitario. Poseo un grado de maestría en ciencias bibliotecarias y de la información de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Además de mis labor como bibliotecaria, soy estudiante doctoral en el Programa de tecnologías del aprendizaje de la UPR.
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