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La biblioteca en la posmodernidad.

Desde las tablillas de arcilla en las cuevas subterráneas de Mesopotamia, hasta los libros encadenados en los monasterios medievales, o las inmensas bibliotecas surgidas en el Renacimiento; desde la aparición de Internet y la web 2.0 hasta la llegada de Google Play Books, los bienes más preciados del saber son resguardados en la proximidad.

Para la aristocracia, la acumulación de códices fue un símbolo de poder y distinción similar al territorial. Para los reyes se trataba de un signo de poder: una manera fácil de perpetuarse, por medio del acumulado bibliográfico.

Sin embargo, para algunos escritores posmodernos el asunto es mucho más fácil: todo parece indicar que la biblioteca se trata de un mueble delante del cual se deben tomar selfies. Acaso para dejar claro que lo importante no es la acumulación del saber sino el hecho de estar parados allí, frente al conocimiento.

A continuación repasaremos algunas connotaciones de la biblioteca en la posmodernidad.

Biblioteca como metáfora

Durante las últimas décadas, es muy probable que el término biblioteca se haya utilizado más como almacén de metáforas para pensar el mundo o el universo–como Borges en La biblioteca de Babel– que un término relacionado con la consulta de libros.

Y sí, lo citaremos nuevamente.

“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable”.

Más como concepto que como institución. Semiológicamente, ha sido –sigue siendo y será– un término con una amplia gama de connotaciones.

Biblioteca como mueble o almacén de textos sospechosos

En nuestros días abunda el sujeto pseudo culto que presume de la magnitud de su biblioteca pero que en realidad sólo se dedica a guardar libros que nunca ha leído, porque acumular objetos desconocidos en un estante es uno de sus hobbies.

También estamos en la época de los libros sospechosos. Hay quienes critican los textos y todos los metarrelatos (sistemas o grandes historias).

Los posmodernos afirman que los textos ―históricos, literarios o de otro tipo― reflejan los prejuicios y la cultura particular del escritor, y no tiene ninguna autoridad para expresar “lo que pasó en realidad”, ya que no existe ningún fundamento universal para la verdad.

Los peligros de la posmodernidad

La historia de las bibliotecas también parece ser la historia de la destrucción de la cultura: confiscaciones, saqueos, quemas y destrucciones producto de fanatismos religiosos o políticos.

Este es el caso de la Biblioteca de Alejandría destruída en el incendio que devastó la ciudad durante el asedio del César, o la Biblioteca de Bagdag, quemada durante la invasión de Irak por parte de los tropas estadounidenses y británicas en 2003.

También hay que recordar las famosas listas negras de las dictaduras, que hicieron que muchos escritores vivieran en el exilio y terminaran vendiendo o quemando su biblioteca.

Pero hoy en día las bibliotecas corren otro tipo de peligros.

En ocasiones, estos recintos del conocimiento no están a salvo de las peleas conyugales. Si la eventualidad amenaza la estancia permanente en una casa, lo primero que hay que hacer antes de que un conflicto concluya en desalojo es mudar los libros. Luego, todo lo demás.

O peor aún,  los exilios ¿Qué pasa con la biblioteca personal cuando uno debe salir de su país obligado por una situación? Parece que la solución es el libro electrónico o el eBook. Sin embargo, algunos románticos dirán que no pueden anteponer el hecho del contacto con el libro en físico o son incapaces de romper la conexión mística con el libro-objeto.

Las bibliotecas líquidas

Pero el peligro más inminente de estos tiempos, es que se habla de bibliotecas vacías de contenido o significación. La idea de la posmodernidad nos remite al consumo masivo, a la producción exponencial de libros y a la conformación de un individuo hedonista sometido y acosado por millones de palabras, información y datos.

Siguiendo las ideas de Walter Benjamin, las bibliotecas están perdiendo su aura de recintos del saber. En este universo tecnológico de millones de datos y palabras, el libro se diluye, se consume y se desecha.

Las grandes bibliotecas físicas que se construyeron a través de décadas son apenas nada en el mundo de la información del consumo masivo y hedonista. Este es un tema complejo, que debe estudiarse con más detenimiento y al cual volveremos en otra entrega.

 

 

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Digital Project Manager con más de 5 años de experiencia enfocada en manejo estratégico de redes sociales, en el campo de gestión de información y colecciones fotográficas. Ha sido facilitadora de talleres y ponencias sobre Social Media, el profesional de la información y la difusión de colecciones en la Escuela de Bibliotecología de la UCV, la Fundación Museos Nacionales y El Diario El Nacional, entre otras instituciones venezolanas.
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Comments

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  2. By Helly Alberto Angel

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