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Algunas notas sobre la Alfabetización Informacional Crítica (Critical Information Literacy): Primera parte.

Navegar las redes sociales, a pesar de requerirnos una “inversión” de tiempo, es una forma efectiva y sencilla de mantenerse actualizado, al seguir a las personas u organizaciones correctas los beneficios son grandes, gracias a la información que comparten. Es así que, recientemente ha llamado mi atención la Alfabetización Informacional Crítica (Critical Information Literacy, CIL por sus siglas en inglés), pues observé el uso constante del hashtag #CritLib (Critical Librarianship o Bibliotecología Crítica). Si la base de toda investigación es, naturalmente, la curiosidad, no es extraño que uno de los primeros pasos, incluso al siquiera estarse planteado la posibilidad de emprender una labor de este tipo, sea la revisión de la literatura: ¿Qué se ha escrito sobre el tema? ¿Quiénes lo han estudiado? ¿Qué avances hay sobre el mismo?, entre otros cuestionamientos primarios.

Comencemos por el principio: ¿Qué es la Bibliotecología Crítica (Critical Librarianship)? La bibliotecología crítica o progresista, integra a los bibliotecarios que buscan promover la justicia social, cuestiona la mercantilización y el valor de la neutralidad en nuestra disciplina. Considera que esta neutralidad encubre la obediencia a una institución, corporación o ideología, olvidando el hecho de que la biblioteca “promueve el libre acceso al conocimiento y la cultura, y es defensora de la libertad intelectual [además, la considera como elemento]… estratégico en la liberación de las personas de la dominación de la ignorancia y de la enajenación implantado por la industria cultural de masas”.

Si bien no es un movimiento que haya surgido recientemente, ha tenido un impulso positivo gracias a las redes sociales, al generar y difundir información sobre temas que abarcan desde la diversidad y la inclusión hasta la alfabetización informacional y la generación de metadatos, todo esto en pro del encuentro entre la bibliotecología y la justicia social (pruebe a realizar una búsqueda bajo la etiqueta #CritLib). Ejemplo de su relevancia actual es la próxima reunión de la ACRL Maryland Chapter (a realizarse este 11 de noviembre), que planea incluir discusiones sobre #critlib en: alfabetización informacional; en los servicios técnicos y la catalogación; en las universidades y sus comunidades; en el desarrollo de colecciones especiales; en las bibliotecas públicas, entre otros tópicos.

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Hasta la fecha, la historia de la bibliotecología crítica o socialmente responsable, se ha enfocado sobre todo al trabajo realizado con grupos sociales desatendidos previamente. Los registros de esta historia son escasos, y qué decir de la aportación a los servicios de información y a la alfabetización crítica, sobre lo cual “hay poco o nada de documentación”. Morrone y Friedman (2009), analizaron la historia de lo que ellas llaman: el servicio de Referencia Radical (Radical Reference RR), una acción colectiva de los trabajadores de bibliotecas y estudiantes de bibliotecología progresistas, que ofrecen una variedad de servicios de información con conciencia social.

Es natural preguntarse ¿Qué hace la alfabetización informacional crítica (CIL)?  De acuerdo con Downey (2016), la información y el conocimiento son elementos indispensables para que un individuo pueda reconocerse como libre y con poder. Así entonces, la CIL persigue dos metas: Reducir la brecha que separa la práctica de la teoría en la bibliotecología y en los estudios de la información… [y] traer perspectivas disciplinarias y enfoques externos para fortalecer la alfabetización informacional (2).  ¿Para qué sirve la alfabetización informacional crítica? Esto puede responderse con un ejemplo: La victoria -aparente- de los bibliotecarios y un grupo de estudiantes de la Universidad de Dartmouth, que iniciaron la petición a la Library of Congress (LC), para retirar de sus temas el término Illegal aliensTodo inició con la búsqueda en el catálogo para un trabajo sobre inmigrantes, el término ‘illegal alliens’ que aparecía continuamente llamó la atención del estudiante, que pidió ayuda al bibliotecario para corregir lo que asumió como un ‘error’”. Aunque parece que el cambio no fue aceptado como teníamos entendido, es innegable la importancia que este hecho generó para que un mayor número de personas, no sólo bibliotecarios, se pronunciaran sobre lo pertinente del cambio. Sumado al hecho de que por primera vez la LC cambió, o consideró cambiar un tema por la presión ejercida desde una comunidad en particular.

Imagen elaborada por la autora

Imagen elaborada por la autora

Esto último es importante, pues obliga a cuestionarnos cuál es la naturaleza que reconocemos en la disciplina ¿Es la bibliotecología una ciencia dura? o ¿Una ciencia social? Aceptar lo segundo, implica que no es fácil someterla a mediciones o estándares, una disciplina en la que su teoría se convierte en algo práctico, a partir de que nos permite tomar decisiones. Lo anterior también cuestiona la forma tradicional del trabajo bibliotecario y particularmente en las labores de ALFIN, habitualmente asumidas como un proceso basado en el desarrollo de habilidades/competencias, como lo planteaban los Information Literacy Standards de la ACRL*. Todo lo cual se suma al hecho de que, la formación de los bibliotecarios sólo se enfoca al diseño instruccional (en cuanto a tareas pedagógicas reconocidas en nuestro rol) y a que durante sus labores bibliotecarias profesionales, las oportunidades de probar una enseñanza activa o de pedagogía crítica, o la posibilidad de incluir nuevas experiencias de aprendizaje activo, son casi inexistentes (Downey, 4).  Sin embargo, entender lo qué plantea la CIL no es una tarea simple, de acuerdo con Myrna Lee esto involucra: “la comprensión de todo un sistema de pensamiento y las formas en que se mueve la  información en ese sistema… necesita la  capacidad de evaluar críticamente el propio sistema.”

Entonces, ¿Qué puede hacer el bibliotecario para incluir la CIL en sus labores de ALFIN?  En una segunda entrega ahondaré en la razón de ser de la CIL y en los propósitos que persigue, así como en la importante cantidad de recursos de información (muchos en acceso libre) disponibles sobre el tema para el bibliotecario interesado, lamentablemente la mayoría hasta el momento, escritos exclusivamente en inglés.

*Se excluyen los ACRL Framework for Information Literacy for Higher Education, difundidos a principios de 2016 y que ya mencionan a la “Critical Information Literacy” o Alfabetización informacional crítica. Vale la pena revisar los posts que sobre el tema ha publicado recientemente la colega Myrna Lee.

 

Bibliografía consultada:

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Claudia Escobar Vallarta

Hola soy una bibliotecaria mexicana, trabajo en una biblioteca académica. Me interesan: Organización de la información, MARC21 Bibliográfico y de Autoridades, Esquemas de clasificación (Dewey en partícular), Encabezamientos de Materia, RCAA2, RDA y la historia de la bibliotecología en México.
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