Día del Bibliotecólogo en Venezuela: entrevista a Johann Pirela Morillo

“La inteligencia social es la capacidad de una sociedad para resolver exitosamente los problemas que confronta mediante el aprovechamiento del conocimiento al que tiene o puede tener acceso”. Iraset Páez Urdaneta

Esta será la sexta y última entrega en InfoTecarios, de una serie de posts vinculados al Día Nacional del Bibliotecólogo y Archivólogo en Venezuela. Que iniciamos hace cinco años haciendo un recuento histórico (2013) sobre el origen de esta fecha; luego, dimos a conocer la interesante historia detrás del “primer bibliotecario venezolano” (2014); continuamos con un webinar de entrevista (2015) a nuestra Consuelo Ramos de Francisco, destacada profesional bibliotecaria venezolana; luego, el fenómeno migratorio venezolano nos permitió mostrar algunos rostros de la diáspora del conocimiento en bibliotecas y archivos (2016); y finalmente, el año pasado (2017) presentamos el excelente perfil profesional del joven colega Juan D. Machin-Mastromatteo.

Esta vez, queremos en este día compartir con todos los colegas venezolanos un perfil profesional diferente. Ya no uno de nuestra Escuela de Bibliotecología y Archivología (EBA) de la UCV, ya no el de docentes y nuevos profesionales formados en Caracas, sino el de un bibliotecólogo zuliano que desde su Maracaibo se ha convertido en el mayor referente de la EBA de la Universidad del Zulia en la actualidad y uno de los más destacados en docencia e investigación en el plano internacional. A continuación, nuestra entrevista al Dr. Johann Enrique Pirela Morillo.

Johann Pirela Morillo: Licenciado en Bibliotecología y Archivología (Universidad del Zulia-1993), Magíster en Museología (Universidad Nacional Experimental “Francisco de Miranda”, 2000). Doctor en Ciencias Humanas (Universidad del Zulia-2004), Postdoctorado en Ciencias Humanas (Universidad del Zulia, 2011), Magister en Educación. Mención: Currículo (Universidad del Zulia-2016). Director de la Escuela de Bibliotecología y Archivología de la Universidad del Zulia (2005-2008), Director Fundador del Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías del Conocimiento (CIDTEC) Universidad del Zulia (2008-2014), Diseñador y evaluador curricular de la Maestría en Ciencias de la Información. Mención: Gerencia del conocimiento (aprobada por el CNU-2009), profesor titular de pregrado en las asignaturas de: Fundamentos teóricos de la información y la comunicación, desarrollo de habilidades del pensamiento, lectura analítico-crítica, pasantías y seminario de investigación. Docente de postgrado en las asignaturas de: Didáctica centrada en procesos y Estrategias y medios instruccionales de la Especialidad en Docencia para la Educación Superior y de la Maestría en Ciencias de la Información. Mención: Gerencia del conocimiento (asignaturas: Conocimiento y sociedad y Seminario de tesis). Investigador reconocido por el Programa de Estímulo a la Investigación y la Innovación PEII. NIvel C. Docente de pregrado y postgrado adscrito al Programa de Sistemas de Información, Bibliotecología y Archivística de la Universidad de La Salle, en Bogotá-Colombia y a la Maestría en Gestión Documental y Administración de Archivos de la misma Universidad, en ambos Programas dicta asignaturas sobre investigación. Participó como asesor y experto invitado en los procesos de evaluación curricular de las Escuelas: Interamericana de Bibliotecología de Medellín y la Escuela de Bibliotecología, Documentación e Información de la Universidad Nacional de Costa Rica. Actualmente es Coordinador de la Red Internacional de Archivística y la Red para el Desarrollo del Pensamiento Interdisciplinar, integrante de los Seminarios permanentes del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): Educación Bibliotecológica, Didáctica de la Bibliotecología, Lectura y Epistemología de la Bibliotecología y Estudios de la Información. Actualmente es líder del grupo de investigación: información, desarrollo y sociedad, categorizado en A e investigador Senior reconocido por Colciencias.

 

  1. Estudió usted Bibliotecología y Archivología en la Universidad del Zulia, entre 1987 y 1993. Fueron tiempos del post – “Viernes Negro”, fue una época turbulenta en nuestro país con el “Caracazo”, intentonas de Golpes de Estado, enjuiciamiento al presidente de la República de turno, sucesivas crisis social, económica, política en el inicio de la Venezuela convulsiva. ¿Por qué estudiar bibliotecología y archivología en ese momento, qué lo motivó a seguir la carrera?

Efectivamente, a finales de los años ochentas en Venezuela se vivió un proceso histórico marcado por signos que planteaban un cambio de timón en la marcha del país. Fue un momento socio-económico y político de mucha turbulencia e inicio de transformaciones en el panorama nacional. En este contexto, la decisión de estudiar Bibliotecología, se debió en principio a la influencia familiar. La fuente principal de esa influencia fue mi madre: la maestra María Magdalena Morillo de Pirela, maestra de educación primaria y bibliotecaria escolar, quien dirigía la biblioteca del Colegio “Rómulo Gallegos” de Maracaibo, en esa institución educativa cursé el quinto y sexto grado y en los momentos de receso me iba a observar cómo “la maestra María Morillo” organizaba los materiales bibliográficos y otros recursos para el aprendizaje, así como también diseñaba actividades como: “la hora del cuento”, festivales de refranes y relatos cortos, obras teatrales y otras estrategias lúdicas que tenían como propósito acercar a los niños y niñas al mundo de la lectura y del conocimiento. Mi madre, sin haber leído sobre las Leyes de Ranganathan, convirtió la Biblioteca del Colegio en un espacio en constante evolución y movimiento, en un proyecto orgánico y vital, articulado al currículo escolar. También tuve una influencia muy importante de mi primo, Edixson Caldera Morillo, quien estudió la Licenciatura en Letras. Mención: Bibliotecología y Archivología de la Universidad del Zulia, obteniendo el título el año 1987, el mismo año que me gradué de Bachiller. En estos momentos, Edixson Caldera Morillo se desempeña como docente de la Escuela de Bibliotecología y Archivología de la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ y es también director del Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías del Conocimiento (CIDTEC), unidad aprobada para funcionar en el Alma Máter Zuliana el 28 de enero de 2009, luego del impulso dado a su creación y funcionamiento a partir del trabajo liderado desde una Comisión que coordiné mientras me desempeñé como director de la mencionada Escuela, entre 2005 y 2008. En la culminación de mis estudios de bachillerato, debía tomar una decisión sobre la elección de la carrera, considerando dentro de mis opciones: Letras, Idiomas Modernos y finalmente Bibliotecología. Debo confesar que siempre tuve un especial interés por las carreras humanísticas y sobre todo por el anhelo de convertirme en docente para seguir los pasos de mi madre. Los estudios bibliotecológicos y archivológicos en LUZ, que en aquella época mantuvieron la raigambre humanística de la Escuela de Letras, combinada además con la perspectiva informacionalista, gerencial y tecnológica, propia de la visión de Irasét Páez Urdaneta y de otros autores obligados del momento, como Blaise Cronin, me motivaron para formarme como “profesional de la información”, con un perfil incardinado en el Modelo de Currículo Integral inspirado en la filosofía curricular de Walter Peñaloza, centrado en la provisión de servicios informacionales para incrementar los niveles de inteligencia social, en palabras del propio Páez Urdaneta.

 

  1. La primera vez que leímos sobre usted y su línea de investigación fue en el 2006 en pleno levantamiento de información de nuestro Trabajo de Grado; en “La formación del profesional de la información en Venezuela: una mirada comparativa desde sus diseños curriculares”, en coautoría con Tania Peña Vera, apuntaban hacia temas muy interesantes, que poca gente se atrevía a señalar sobre la estructura académica de las únicas Escuelas de Bibliotecología y Archivología existentes en el país. Tanto de la EBA de la Universidad del Zulia (EBA-LUZ) como de la Universidad Central de Venezuela (EBA-UCV), decía usted, por ejemplo, que: “el Plan de estudio de la EBA-UCV responde a un enfoque técnico-administrativo de la formación profesional, ya que existe un predominio de asignaturas referidas al procesamiento técnico de los materiales y la administración(…) [y que] la EBA-LUZ, asume una fundamentación de la carrera con base en la perspectiva informacionalista y de gestión de servicios, pero no incluye contenidos curriculares referidos a las infraestructuras nacionales y formulación de políticas que garanticen el acceso a los ciudadanos a la información para construir conocimiento útil, como factor esencial del desarrollo”. ¿Qué tanto ha cambiado –para bien o para mal- este estado del arte en los diseños curriculares de nuestras escuelas de bibliotecología y archivología? ¿Qué pasa con la formación de las nuevas generaciones de profesionales de la información en Venezuela?

Si, en efecto, ese artículo al cual hace referencia se derivó de una investigación realizada como parte de un proyecto que tuvo como objetivo comparar los diseños curriculares de las Escuelas de Bibliotecología y Archivología de México y Venezuela frente a las tendencias proyectadas por UNESCO (1999) para la educación superior y por organismos que en Iberoamérica planteaban horizontes de sentido en torno a los cuales debía estructurase la formación profesional en el área: el Colegio Nacional de Bibliotecarios (CNB) de México, El grupo Mercosur de Directores de Escuelas de Bibliotecología, entre otros. Dicho proyecto lo desarrollé durante el año 2005, en una estancia de investigación que hice en el anterior Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas (CUIB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hoy Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI). El artículo abordó la comparación correspondiente a Venezuela y se evidenciaron algunos rasgos curriculares predominantes en las Escuelas de LUZ y de la UCV. Yo creo que cada Escuela de Bibliotecología y Archivología tiene una impronta propia que la identifica y marca la orientación de sus enfoques y de cómo éstos permean la formación de los profesionales. Esta impronta se va construyendo a lo largo de su itinerario curricular, pedagógico y didáctico. En general, estas Escuelas de mayor tradición y trayectoria en el país comparten la raíz profundamente humanística que les dio impulso y aliento, además han tenido en común los necesarios desplazamientos desde visiones únicamente fisicalistas hacia nociones más centradas en la información y en el conocimiento como insumos estratégicos para el desarrollo en diversos escenarios. Los cambios que se han introducido en lo curricular, disciplinar y los modos cómo desde los diseños curriculares se entienden la naturaleza, el alcance y las perspectivas de los objetos de estudio tienen un ritmo particular en cada Escuela. Ahora bien, si hay un campo de conocimiento que se caracteriza por el dinamismo constante es precisamente el de las ciencias de la información, debido a la permanente mediación de las tecnologías y su impacto en el diseño de servicios y productos, los cuales deben ser con alto valor agregado, pautados según necesidades de usuarios diversos y atendiendo a los, cada vez más, complejos escenarios de actuación profesional. La formación en las Escuelas de Bibliotecología y Archivología no solo en Venezuela sino en América Latina debe asumirse desde una perspectiva de actualización permanente. Hoy día y frente a los retos que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que definen la agenda del planeta, la información, el conocimiento, la inteligencia artificial están imponiendo nuevas competencias a los profesionales del área. El Big Data, Open Data, la inteligencia de negocios, la multialfabetización (que incluye no solo la informacional en sentido estricto, sino también la de medios y la tecnológica), requieren de reformulaciones en los diseños curriculares para formar profesionales de la información. La explosión de mensajes y noticias falsas que circulan por las redes sociales y otros medios, con lo cual se ha creado una nueva forma de mentira, denominada posverdad, implica que nuestros profesionales diseñen servicios que permitan certificar la validez y veracidad de la información. El lenguaje de la interdisciplinariedad y las convergencias tecnológicas deben ser apropiados por los profesionales para diseñar servicios de información cada vez más competitivos. En los 17 objetivos de desarrollo sostenible con sus 169 metas, la información aparece no solo de forma transversal, sino de manera puntual. Por mencionar uno de los objetivos, el de la educación de calidad (objetivo No. 4), por ejemplo, ahí tenemos mucho que aportar desde los servicios bibliotecarios para todos los niveles de los sistemas educativos. El objetivo sobre Paz, justicia e instituciones sólidas (objetivo No. 16), tiene en la gestión de la información y los conocimientos una base fundamental. En fin, la formación bibliotecológica y archivística deberá seguir vibrando al pulso de los tiempos que corren, caracterizados por las necesarias alianzas estratégicas entre los gobiernos, la sociedad civil, el sector académico y el socio-productivo.

 

  1. Su Hoja de Vida muestra una vasta experiencia académica, con más de 15 años de docencia en la Universidad del Zulia en Maracaibo y ahora con algunos años en la Universidad de La Salle en Bogotá. La universidad colombiana tiene distintos enfoques de la bibliotecología y la archivología, pero particularmente La Salle tiene uno que llama poderosamente la atención: un pregrado en Sistemas de Información, Bibliotecología y Archivista en una Facultad de Ciencias Económicas y Sociales¿Podría hacer un breve análisis comparado de las carreras de bibliotecología y archivología en Venezuela y Colombia, y comentar un poco cuál es la tendencia formativa en Latinoamérica?

En Colombia, la formación de profesionales en Bibliotecología y Archivística (ésta última denominación que se le da en el país al campo archivológico), tiene una historia igualmente interesante. Con la creación en 1956 de la Escuela Interamericana de Bibliotecología en Medellín y posteriormente de los programas académicos en Bogotá: el Programa de Sistemas de Información, Bibliotecología y Archivística de la Universidad de La Salle en 1971, la carrera de Ciencia de la Información-Bibliotecología de la Pontificia Universidad Javeriana en 1973 y el Programa de Ciencia de la información, Bibliotecología y Archivística de la Universidad del Quindío en 1986, se impulsaron las Escuelas y Programas académicos para la formación de los bibliotecólogos y archivistas colombianos. Al revisar el proceso histórico-curricular de las instituciones, se evidencia un dinamismo interesante en la construcción de los diseños curriculares y los perfiles proyectados para sus egresados, en los cuales cada Escuela o Programa ha definido el ideal de la formación profesional. Aunque se mantienen elementos más o menos comunes en los planes de estudios de las Escuelas y Programas, cabe destacar la orientación que ha predominado. La Escuela Interamericana de Bibliotecología ha resaltado por el carácter socio-cultural y humanístico de la formación, cuya fortaleza ha sido la biblioteca pública, la lectura y la alfabetización informacional, sin dejar de lado los aspectos teóricos, de fundamentación, la gerencia del conocimiento y las métricas de la información. El Programa de La Salle ha sido emblemático por su impronta proveniente de una tradición heredera de los hermanos de las Escuelas Cristianas, con más de 100 años de presencia en territorio colombiano. Cabe destacar que este Programa ha sido pionero y líder de la formación con una marcada experticia en temas Archivísticos, aunque se recibe una formación polivante que conjuga lo bibliotecológico, con los sistemas de información, el Programa de La Salle ha liderado, por medio de los sus egresados la política pública en materia de lectura, bibliotecas y archivos en el país. De hecho, los profesionales de este Programa han ocupado cargos de dirección de entidades como el Archivo General de la Nación, la Gerencia de la Red Capital de Bibliotecas Públicas (BIBLORED) y direcciones en Bibliotecas Universitarias de Bogotá y el país. El Programa de la Pontificia Universidad Javeriana también se destacado por la formación de profesionales de la Bibliotecología incorporando la visión de la Compañía de Jesús, la cual se centra en los valores del Evangelio para la construcción de una sociedad más justa, culta y democrática. Comparando las Escuelas y Programa de Colombia con los de Venezuela encontramos algunos elementos comunes como: perfiles orientados hacia la gestión de servicios de información, complementados con el enfoque de la gerencia del conocimiento. Por ejemplo, tanto la Escuela de Bibliotecología y Archivología de la Universidad del Zulia como el Programa de Sistemas de Información, Bibliotecología y Archivística de la Universidad de La Salle coinciden en la necesidad de ofrecer una formación en ambos campos: Bibliotecología y Archivística. El Programa de la Universidad de La Salle, adscrito a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, con un énfasis en los sistemas de información (no solo con visión instrumental y técnica, sino también en torno a una visión integral de la información documental: sus interrelaciones con los usuarios, fuentes, recursos e instituciones), también destaca por la importancia que se ha dado a los temas tecnológicos y de formación investigativa. Cabe mencionar también que el Programa de La Salle enfatiza en el desarrollo de competencias gerenciales, tecnológicas, con una importante franja de formación lasallista, que incluye además electivas ubicadas en la línea del desarrollo humano integral y sustentable. En Venezuela se mantiene la orientación temática hacia la gestión documental en las dos Escuelas de mayor tradición, como lo son la Universidad Central de Venezuela y la Universidad del Zulia. En la primera el título otorgado es hacia uno u otra área, pero en LUZ la formación sigue siendo polivalente como es el caso de la Universidad de La Salle. Tratando de construir una posible tendencia formativa en América Latina, las Escuelas han mantenido el core del campo: organización de la información documental, gestión de servicios y productos informacionales, fundamentos e historia del área, hasta aspectos considerados esenciales como las métricas del conocimiento científico y vigilancia tecnológica, área que a mi modo de ver debe fortalecerse desde los programas de pregrado, por constituirse en una oportunidad estratégica, frente a la necesidad de las instituciones de educación superior y otras entidades académicas de contar con personal calificado en asesoría en este campo tan crucial para trazar los mapas de la ciencia. Creo que, en Venezuela y Colombia, hemos hecho importantes esfuerzos de actualización curricular, como una vía para garantizar la pertinencia científica, académica y social de la formación profesional en el área. Sin embargo, considero que falta fortalecer más el componente de formación política y estética de los bibliotecólogos y archivistas y de liderazgo socio-cultural para participar activamente en la formulación de políticas públicas sobre acceso a la información, lectura, bibliotecas, patrimonio cultural.

 

  1. Su perfil en Google Scholar es realmente extenso, con más de 100 publicaciones registradas y líneas de investigación que van desde la Alfabetización Informacional, Curriculum, hasta la Mediación del conocimiento y Perfil por competencias. Además, ha participado como autor o coautor en más de una decena de Capítulos de Libros con diversas instituciones universitarias y ha publicado dos libros en 2016 con Ediciones Unisalle en Colombia. ¿Cómo ha sido todo ese camino creador de producción bibliográfica en bibliotecología y ciencia de la información, cuáles han sido los incentivos para dedicarse a publicar desde la academia? Y muy particularmente, más allá de las restricciones de recursos que actualmente tiene la universidad venezolana, ¿qué deben hacer nuestras escuelas de bibliotecología y archivología para motivar a las nuevas generaciones de estudiantes y profesionales a crear contenido científico acerca de la profesión?

Mi ingreso como docente e investigador de la Universidad del Zulia, hizo que asumiera el reto de la formación académica como un proyecto de vida. Este proyecto exige disciplina, pasión, constancia, esfuerzo y dedicación por desarrollar competencias no solo para la docencia sino para la investigación. Una vez escuché a un investigador muy reconocido de LUZ, en el campo de la Historia, el Dr. Germán Cardozo Galué, decir que cuando uno llegaba a un área de conocimiento, debía hacer aportes e impactar dicho campo. Creo que esas palabras marcaron mis inicios como investigador. Recuerdo también que el primer artículo que escribí para una revista fue en el 1997 y desde ese momento supe que el camino de la investigación debía ser un itinerario sistemático, riguroso, pertinente y comprometido con la disciplina, la profesión y con el desarrollo del país. Estas fueron las claves que imprimieron mayor sentido para asegurar la generación de los aportes a los cuales se refería el Dr. Cardozo Galué. Me interesé por los métodos de investigación social, por el estudio de la epistemología y mi formación en el Doctorado en Ciencias Humanas, de la mano de eminentes académicas como la Dras. Gladys Acurero, Alicia Inciarte y mi tutora del doctorado: Migdalia Pineda de Alcázar, me ayudaron a abrir los surcos de la indagación, la observación, la escritura académica y los abordajes de los problemas desde perspectivas sistémicas y complejas. El proceso ha sido muy interesante, sobre todo porque cuando publica: socializa e intercambia con los pares y con los profesionales en formación, de pre y postgrado las visiones y los enfoques. El interés por el currículo: su diseño, evaluación y gestión para formar profesionales del área ha sido una de mis preocupaciones desde los tiempos en los cuales era estudiante, así como también los temas pedagógicos y didácticos aplicados al campo de las ciencias de la información, puesto que soy un convencido de que tendremos profesionales altamente comprometidos, con visión innovadora y creativa y que verdaderamente impacten los escenarios organizacionales, si han transitado por procesos formativos que tengan también estos ingredientes. Creo que la Bibliotecología y Ciencia de la Información en Iberoamérica ha tenido aportes muy importantes, se está escribiendo mucho últimamente, es evidente el aumento de programas de postgrado en la Región, así como de revistas científicas, varias de ellas indizadas en recursos como Scopus y Web of Science, algunas de las cuales han logrado escalar de cuartiles, hasta tener en habla hispana publicaciones en cuartil 1 y 2. De modo que la construcción de conocimiento científico en el área ha aumentado mucho en los últimos años. De todos modos, creo que debemos trabajar de forma mancomunada para fortalecer las competencias investigativas desde el pregrado hasta los postgrados, con lo cual se podría también conformar una Escuela de Pensamiento Iberoamericano en ciencias de la información, tal y como lo señalan los colegas Carlos Alberto Ávila de Brasil y Miguel Ángel Rendón-Rojas de México. En suma, creo que los docentes e investigadores de las Escuelas de Bibliotecología y Archivología de Venezuela debemos continuar participando en las redes académicas con mayor visibilidad en el campo, así como también participar activamente en proyectos de investigación internacionales y hacer presencia como ponentes en los principales eventos de las ciencias de la información en el Iberoamérica. En cuanto a la motivación a los estudiantes, creo que es vital impulsar una enseñanza de la investigación en el área, que se distancie de los criterios que entienden el proceso de investigación como reproducción acrítica de pasos y métodos, consignados en textos de metodología, sin reflexionar sobre la estructura de los procesos de pensamiento que están implicados en la producción de conocimiento. Con las competencias que se desarrollan a partir de las asignaturas sobre investigación, se fomenta el pensamiento crítico y la capacidad argumentativa y reflexiva, aspectos cruciales para impulsar las transformaciones y cambios requeridos en las unidades, servicios, redes y sistemas de información.

 

  1. Por último, hace dos años publicamos acá mismo en InfoTecarios un post acerca de la experiencia migratoria de algunos colegas venezolanos que han decidido como muchos otros compatriotas buscar un futuro mejor para ellos y sus familias en otros países. Pequeñas historias de la diáspora del conocimiento venezolano en el mundo de las bibliotecas y los archivos, así la denominamos… Y si bien es cierto que usted no se considera propiamente un migrante, su labor académica le exige constantemente un ejercicio de movilidad humana entre Maracaibo y Bogotá. ¿Qué piensa del inédito fenómeno migratorio que actualmente existe sobre nuestro país, y en qué medida afectará la formación de futuros profesionales en Venezuela?

El fenómeno migratorio venezolano ha generado una enorme diáspora que ha llevado a muchos profesionales a explorar horizontes en otras latitudes. Si bien, se trata de un proceso, ciertamente, inédito, que ha traído consecuencias complejas para quienes hemos tenido que tomar la decisión de emigrar. En líneas generales, considero que a pesar de la crisis y del impacto de esta diáspora, esta nueva generación de venezolanos saldremos mucho más fortalecidos con este proceso, seremos más resilientes y estaremos más preparados para encarar los retos del presente y del futuro. El haber dejado a nuestras familias, amigos, nuestras aulas y ambientes habituales de trabajo, nos ha traído sentimientos encontrados, pero también tenemos frente a nosotros grandes oportunidades y retos que, muy seguramente, impulsarán posibilidades de aprendizaje, profundización y reformulaciones en las competencias que ya tenemos. Las nuevas interacciones y experiencias que desarrollamos en los espacios de los cuales hacemos parte, están enriqueciendo otros intercambios de saberes y de prácticas nos está permitiendo ampliar las visiones que tenemos. Los aprendizajes que estamos construyendo, consolidarán los repertorios cognitivos que luego se necesitarán en la re-construcción del país.

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