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Cómo formar un bibliotecario

Introducción

Este post surge de una pregunta de Julián Marquina en facebook, cómo hacer para que su hija pequeña entendiera el “No”. Después de contestarle alguna cosa, me di cuenta que tengo bastante experiencia como mamá, algo semejante a una treintena de años, y que a tropiezos y no siempre acertadamente puedo hoy, por lo menos, dar algunas “instrucciones” sobre cómo formar un bibliotecario. Junto a mi experiencia como madre, también he colaborado en la formación de veintiuna generaciones de bibliotecólogos venezolanos. Por eso este post está inspirado en Julián, a quien agradezco y en homenaje a mis ex alumnos y a mi “colega favorito”, Juan Daniel, con quien hemos tenido acuerdos y desacuerdos y de quien estoy muy orgullosa como madre, como profesora y profesional.

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Instrucciones para antes de nacer

Para este período es bien importante que la madre trabaje en una biblioteca. Disculpen los padres si se sienten desplazados. En este caso, la mamá no seguirá trabajando sola sino acompañada desde “dentro”. Es algo bien particular eso de sentirse todo el tiempo acompañada, es como si se pudiera contra el mundo. Yo estudiaba arquitectura y la necesidad de trabajar me llevó a la Biblioteca de la Facultad de Arquitectura. Así descubrimos juntos, Juan Daniel y yo, el maravilloso mundo de las bibliotecas. No solamente atendíamos a los usuarios, sino que además nos adentramos por primera vez en la catalogación y clasificación. ¿Cómo fue posible eso? La directora de la biblioteca, Carmencita Bigott, todo un personaje en el área, de alguna manera vio nuestra vocación por las tareas propias de las bibliotecas. De esta manera Juan Daniel y yo tuvimos nuestra primera experiencia en bibliotecas universitarias.

También es una ayuda hacer que el bebé antes de nacer escuche cuentos, lo que además puede servir para que él desde su infancia tenga afinidad por la escritura, gane algunos concursos de cuentos y poesías. Al respecto, una poesía en particular de Juan Daniel, “La lluvia” cuando la leía, por más que el día estuviera bonito, era fijo que llovía. Aunque ustedes no lo crean también es muy bueno cantarles, en mi caso, canciones de Miguel Bosé, y sí, lo admito, todavía me gusta mucho su música. Sentada en una camilla, esperando la hora del nacimiento, estábamos solos los dos, cantando, “te amaré, te amaré”…

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El niño ya nació, ahora continuar con su formación…

Yo no tenía quien lo cuidara, así que desde sus primeros días de vida fue conmigo a trabajar en la biblioteca. En un horario largo había que matizar, entre el coche, una manta rodeada de libros o la falda de la secretaria. Con el coche catalogábamos y clasificábamos, buscábamos libros y sobre todo los guardábamos. En la manta estaba un día que entró un profesor y se quedó extrañado que hubiera un bebé, estuviera despierto y no hiciera ruido. Claro es importante que en las bibliotecas no haya nada de ruido… Shhhhh! Y con la secretaría fue que Juan Daniel escribió sus primeras fichas catalográficas. Hicimos varias pruebas y al respecto pudimos verificar que siempre lo último que escribía era un punto aunque le siguiéramos pidiendo que escribiera.

En los primeros años es muy importante que se les lea a diario. Muchos, muchísimos cuentos, todos los días, algunos varias veces al día. El niño responde con sorpresa a cada lectura como si fuera la primera vez. Así, “Dónde está Spot?”, un cuento en que una perrita buscaba a su hijo por toda la casa, se volvía toda una aventura. Los libros con discos, en esa época de vinilo, como Winnie the Pooh: “no soy Pooh disfrazado de nube, no soy un oso muy gordinflón” o semejantes podrían ser las primeras canciones de sus “pichones de bibliotecarios”. En ese momento hasta la música para niños puede servir para que el niño invente, tome un micrófono y haga representaciones de circos, etc., o corriendo de un lado a otro cantando Don Diablo: “Ron con cocacola”…

También ayudaron mucho los cuentos que le hacía mi padre. No tengo idea de los que habrán sido, en mi época eran de “Pepín y don Paquito y la bruja Pastrafulata”.

No me crea, pero también es importante darle una pared para pintar, dejar que graben “Los Pitufos” y que pinten y escriban cuentos. Antes que sepan escribir debemos nosotros hacer la tarea de escribir el texto de sus cuentos, mientras él se los cuenta y los dibuja.

En los últimos años de escuela

Seguro que como madre, estudiante y profesional usted necesitará ayuda para organizar alguna biblioteca. Si recordamos que el niño podía escribir fichas desde que era un bebé, ahora podrá proponerle un negocio: mientras usted clasifica, cataloga e ingresa en base de datos todos los documentos, su hijo podrá por una apetecible suma, escribir las etiquetas y pegarlas.

Graciosamente algunas veces vemos como nuestros hijos vienen a plantearnos que determinado libro no debería estar dentro de una clasificación o número de cutter. Pero esa es la vida, con gusto vemos como nuestros hijos aprenden día a día y esperamos que lleguen mucho más lejos que nosotros.

En el liceo

La biblioteca de la Facultad de Humanidades estaba migrando sus catálogos a una base de datos cuando Juan Daniel estudiaba sus últimos años de liceo. Era necesario formar un equipo que en vacaciones lograra ingresar toda su colección. Dado que nuestro muchacho tenía ya la experiencia suficiente, podía ser parte de este equipo, formado por profesores y estudiantes de la Escuela de Bibliotecología. Esta empresa fue todo un éxito y era difícil jugar a competir con él.

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Una difícil decisión: estudiar bibliotecología

No recomiendo las pruebas de aptitud académica realizadas en el bachillerato. Juan Daniel era tan capaz de ser ingeniero como diseñador de modas, cosa que no ayuda a un muchacho de 16 años a elegir su profesión. Si bien es cierto que no se puede interferir en estas cosas, de más está decir que nos podemos dar cuenta que tiene “cierta afinidad” con las bibliotecas, los libros y la escritura. Muy buenos sus poemas, podría haber estudiado letras, pero como dije en aquella oportunidad, pero de algo tiene que vivir. Horror! Cómo son las madres…

Entonces entró a la Escuela de Bibliotecología ocupando el quinto puesto en la prueba de admisión y me encontré con él y otros más de cien muchachos en clase. Mi pregunta de siempre, levanten la mano quienes no querían estudiar bibliotecología. Mucho más de la mitad del salón, inclusive Juan Daniel levantaron la mano. Francamente les dije que mi deseo en ese momento era escapar, pero que en vez de hacerlo, me planteaba formar muy buenos bibliotecólogos, que tuvieran el mismo amor que yo por la profesión. En ese semestre todo un reto, mi hijo estaba dentro de los que no querían hacerlo…

Hoy muchos de ellos son profesionales de la información, algunos han hecho posgrados en el área o han estudiado otras carreras. Muchos de mis ex alumnos demuestran cada día ser muy buenos profesionales. Si bien algunos se dedican al teatro, al diseño de modas o a las ventas, creo que ser bibliotecarios les ha servido como experiencia de vida, son buenas personas, aman la lectura y los libros.

Juan Daniel ha sido uno de mis mejores alumnos. Hice trampa, fui mucho más exigente con él que con el resto, pero tenía que hacerlo. Las cosas tenían que ser más difíciles para él. A pesar de eso, él escogía ver las materias con su exigente profesora.

En varias oportunidades pudimos trabajar juntos, un gran equipo. Pero también lo vi crecer como profesional, trabajar por su cuenta e ir a estudiar a Europa.

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A modo de conclusión

Estarán en este punto dispuestos a conocer el final de la historia, pero aún no ha terminado. Juan Daniel tiene una maestría y está culminando sus estudios de doctorado. En días se reúne nuevamente con su mamá, ahora en un nuevo país, donde muchas cosas pueden suceder. Ese chiquito que bailaba y cantaba, que contaba cuentos y hacía funciones de circo está en mi memoria y en mi corazón. Hoy está casado, ofrece cursos y conferencias, escribe libros y ama su profesión. El mérito es todo suyo y yo como madre feliz y orgullosa.

Espero que estas “instrucciones” para formar un bibliotecario puedan ser útiles. Claro, no siempre sirven. En mi caso, también tengo una hija ilustradora, pero no está muy lejos de nuestra profesión. Independiente de su profesión, lo importante es que sean buenas personas.

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Estela Mastromatteo

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