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Bibliotecas, Puerto Rico y el Caribe: En Respuesta a Mayra Santos-Febres

A raíz de una controversia que impacta a las Bibliotecas del Caribe, hoy he decidido poner mi espacio en Infotecarios, a la disposición de un grupo de bibliotecarias, que responden a las expresiones hechas por la escritora puertorriqueña Mayra Santos Febres.  Agradezco a la compañera Claudia Escobar que nos haya cedido su fecha de publicación para esto que consideramos tan importante.

Myrna Lee Torres, 23 de agosto de 2013.

 

El pasado 13 de agosto de 2013, la escritora y profesora puertorriqueña Mayra Santos-Febres concedió una entrevista al Periódico Metro de Puerto Rico en donde comenta sobre su incursión en la escritura, habla sobre los temas presentes en su literatura y sobre su Festival de la Palabra, evento que próximamente celebra su cuarta edición y sirve como “encuentro mundial de escritores y lectores que celebran la palabra en sus múltiples manifestaciones”.

Dentro de la breve entrevista, la Sra. Santos-Febres también se da a la tarea de comentar sobre la lectura en Puerto Rico y es aquí donde dice lo siguiente: “Dicen que en Puerto Rico la gente no lee, pero no lee en bibliotecas. Yo no voy a una ni bajo amenaza de muerte: son frías; no puedes hablar, y no te dejan coger los libros libremente. Yo, por ejemplo, me compro un libro, me tiro en la playa con una cerveza y me pongo a leer. Las bibliotecas no son para el Caribe.” Este “festival” de palabras ha ocasionado malestar entre varios sectores de la comunidad bibliotecaria puertorriqueña y otras personas interesadas en la vida cultural del país.

La Organización de las Naciones Unidas destaca la importancia de las bibliotecas públicas y comunitarias como indicador del progreso cultural y social de los países. Es lamentable que algunos escritores y gestores culturales puertorriqueños no piensen igual. Estos sectores, de una manera u otra, forman parte del andamiaje de lo que algunos llaman la economía del conocimiento, cuyo principal activo es la educación.  La presencia de la biblioteca es parte fundamental de este nuevo orden económico, y descartarla de la ecuación representa un retroceso social y, por ende, un descenso en los escalones de competitividad mundial.

Establecer que las bibliotecas no son para el Caribe es sumamente problemático. Este planteamiento va de la mano con la trillada percepción de que el Caribe es todo gozo y calor. Las mismas palabras de Santos-Febres evidencian ese sesgo cuando indica “me compro un libro, me tiro en la playa con una cerveza y me pongo a leer”. Caer en la trampa de reducir lo caribeño a esta faceta es discriminatorio y perpetúa los estereotipos. El uso del verbo comprar implica tristemente ceder ese espacio cultural de la lectura a la cultura de consumo.

¿Por qué hay que comprar un libro para poder disfrutar de la lectura cuando existe la oportunidad de obtener un libro gratuitamente en una biblioteca? ¿Qué tal cuando no es una oportunidad, si no una necesidad, porque no se tiene los medios para comprarlo? ¿Se disfruta menos con un libro prestado de un familiar, un amigo, una amiga, un profesor, una profesora, o simplemente de un extraño que desea compartir uno de sus textos preferidos?

Esa aparente cesión ante la cultura de consumo se acentúa con la necesidad de tomarse una cerveza mientras se lee. Y el hecho de que ambas actividades de consumo se den en una playa a la que se puede ir cuando “se venga en gana” también demuestra un desconecte con las serias desigualdades sociales con las que vivimos en esta isla.

La realidad puertorriqueña es que no todos tenemos la oportunidad de disfrutar de un día de lectura en la playa. Dentro de la sociedad puertorriqueña existen mujeres, hombres, transgéneros, transexuales e inmigrantes que trabajan jornadas de ocho horas y en ocasiones, dobles jornadas. Su tiempo de ocio y de lectura se ve limitado por la jornada laboral, y no cuentan con la oportunidad de ni siquiera establecer que prefieren leer en la playa. Sin embargo lo hacen todos los días, quizás de camino al trabajo en transportación pública, en su hora de almuerzo, momentos antes de acostarse o por las mañanas junto a un buen café. Esto es lo que representa nuestro Caribe.

Por otro lado, las bibliotecas no son una estructura rígida copiada de otras culturas occidentales, como plantea la escritora. Existen diversos proyectos de bibliotecas en latinoamérica y el Caribe que han trascendido esos modelos “tradicionales” y “rígidos”.  En Medellín, Colombia existen los “parques bibliotecas”, donde se promueve la lectura, la alfabetización informacional y el desarrollo comunitario en zonas de alta incidencia criminal.  En Córdoba, Argentina existe otro proyecto, la Biblioteca Popular de Bella Vista, que atiende las necesidades educativas y culturales de una comunidad marginada. En República Dominicana se encuentra el Proyecto de Desarrollo Comunitario en Bateyes, que persigue promover la cultura en comunidades pobres a través de la creación de bibliotecas.

Puerto Rico también ha desarrollado proyectos y bibliotecas comunitarias, municipales y académicas, aunque en ocasiones puede pasar por desapercibidas por algunos de nuestros gestores culturales. Nuestro país tiene proyectos como los Centros Tecnológicos Comunitarios de Puerto Rico, la Biblioteca Nacional de Puerto Rico y bibliotecas comunitarias, tales como Biblioteca de la Comunidad Jane Stern en Dorado, Biblioteca de la Comunidad de San Juan en BUCAPLAA y Biblioteca Juvenil en Mayagüez, entre otras.  Además, contamos con las emblemáticas bibliotecas municipales de Caguas, Carolina, Manatí y Ponce, que llevan años aportando al quehacer cultural de sus comunidades. Entre de las bibliotecas académicas, contamos con la Colección Puertorriqueña de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, que se ha destacado en preservar, documentar y proveer acceso a recursos bibliográficos de importancia para nuestra historia. También contamos con la Biblioteca Conrado F. Asenjo en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, que para acomodar las necesidades de sus usuarios, ofrece espacios para leer, trabajar, conversar y hasta consumir alimentos, dentro de un ambiente seguro y ameno.

Podemos ver entonces evidencia de que el Caribe es terreno fértil para las bibliotecas, la cultura, el conocimiento y la producción literaria. Tomando algunas palabras del bibliotecario e investigador Jesse H. Shera, “no tan solo debemos tomar en consideración la relación de una persona y la biblioteca, sino más bien la relación de la biblioteca con la sociedad”. Tanto la persona y la biblioteca son parte de la sociedad, y es aquí donde la biblioteca toma el rol de ser representativo de sus componentes. Las bibliotecas son los espacios para documentar y salvaguardar el multilingüismo, multiculturalismo y multietnicismo que nos caracteriza como caribeños. Espacios para proteger y a la misma vez divulgar nuestra trayectoria cultural, social y política.

Sabemos que las declaraciones de Mayra Santos-Febres fueron publicadas en un medio de comunicación, donde siempre se corre el riesgo de que la cita no se coloque en su contexto correcto. Sin embargo, independientemente del contexto, Santos-Febres decidió expresarse categóricamente, con autoridad y con aplomo, en aparentes ánimos de provocar. Su intención podría ser algo encomiable, ya que es fácil ver que lo que intentaba decir era que la lectura en nuestro Caribe no tiene que darse bajo un marco rígido. Pero en su descuido, al utilizar tanta hipérbole y hablar con tanta seguridad, terminó echando por la borda el trabajo de muchas y muchos que precisamente han ayudado a diseminar la lectura y reconceptualizado el acceso a la información de una manera abierta y para nada rígida. Al sentenciar que no pisa una biblioteca “ni bajo amenaza de muerte”, Santos-Febres no solo esta mintiendo – ya que ella ha pisado y seguirá pisando muchas, – si no que está aportando razones a quienes piensan que estos espacios merecen morir. Como hemos demostrado aquí, en el Caribe la biblioteca no es fría y nunca lo ha sido…

Los comentarios de la escritora nos obligan a reflexionar. Las bibliotecas (académicas, comunitarias, escolares, especializadas, gubernamentales y públicas) pertenecen a los ciudadanos. Hay mucho trabajo que hacer en Puerto Rico en cuanto a estos espacios. La biblioteca como idea está en el imaginario de muchas y muchos dentro de términos muy parecidos a los que Santos-Febres utilizó. Esto contrasta con la realidad que hemos planteado. Sin embargo, nos falta mucho por hacer para que la realidad y los imaginarios nos den los espacios bibliotecarios y culturales que necesitamos.

Hay que aprovechar estas discusiones para darnos cuenta del trabajo intenso que nos toca. La amenaza de muerte ya existe cuando nos minimizan espacios para leer, compartir ideas, y crecer. La amenaza de muerte es que solo podamos leer cuando compramos. La amenaza de muerte es pensar que no tenemos la imaginación de transformar cómo vivimos. La amenaza de muerte no es tener muchas opciones de cómo y dónde leer; es que nunca nos demos cuenta de cuánta falta nos hizo ser dueñas y dueños de nuestra bibliotecas y otros espacios culturales.

Vamos a pisar nuestra bibliotecas, vamos a exigir expansiones, nuevos espacios, servicios y recursos, para que tengamos más libros que llevar a la playa, al parque, a la casa y al trabajo.

Bibliotecarias Puertorriqueñas – Caribeñas – Latinoamericanas

Rossana I. Barrios

Sujei Lugo

Ana I. Medina

Myrna Lee Torres

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Comments

  1. By Saul M Equihua

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    • By Myrna Lee

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  2. By Hiperterminal

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  3. By Ana Rodriguez

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  4. By Guest

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    • By Ellis Malavé

      Responder

  5. By Guest

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