Bibliotecarios en momentos de transición.

Librarians Illustration by Rebecca Lomax and Vlada Young for American Libraries Magazine oct 30 2015

En mis presentaciones sobre el Marco para la Alfabetización Informacional en la Educación Superior (MAIES), suelo utilizar una cita que me gusta mucho, que dice lo siguiente “Si hace unos años la profesión se encontraba ligada directamente a un título, hoy es únicamente un punto de partida, y tenerlo ya no implica ser un profesional” (Alòs-Moner, 2001, p.29). Antes se pensaba que al momento de la obtención de un grado académico en el campo de la bibliotecología y las ciencias de la información era la conclusión de un camino académico. Actualmente ese momento constituye el punto de inicio del recorrido profesional.

Uno de los problemas perdurables en la profesión bibliotecaria es el de definir qué es un bibliotecario. (Wilson, 1979, p.146). De acuerdo con las exigencias laborales actuales los Bibliotecarios deben tener dominio de nuevos conocimientos, competencias, tecnologías y estrategias para poder cumplir los deberes establecidos. Adicional a esto, los bibliotecarios deben tener conocimientos concretos de pedagogía para poder desempeñar el rol de educadores. La bibliotecología es una profesión en transición y esto es especialmente cierto en las bibliotecas académicas (Walter, 2008, p.51).

Ante este panorama, el Bibliotecario, puede que tenga que replantearse su rol. No significa esto eliminar conocimientos, sino incorporar a su base y reformular los mismos. Internalizar de una u otra manera las nuevas competencias que se requieren e implantar las mismas en beneficio de las poblaciones a las que se sirve. “Los bibliotecarios académicos necesitan reexaminar su rol profesional y algunos autores sugieren que los bibliotecarios necesitan “métodos más proactivos … [de] participación activa en la vida académica del campus” (Sennyey, Ross, & Mills, 2009).

El Bibliotecario debe mantener actualizados sus conocimientos, tener unas aptitudes que le ayuden a la consecución de logros y unas actitudes positivas al desempeño de su papel dentro de la organización.  Alòs-Moner, (2001) lo define más claramente en el siguiente segmento:

El profesional de la información debe centrarse en los siguientes puntos:

  1. Unos conocimientos actualizados permanentemente para asegurar la puesta al día del título, que deberán incluir aspectos tan diversos como:
    • Saber cómo funcionan las organizaciones y conocer la forma en la que se toman las decisiones.
    • Transmitir la información de manera personalizada en función de quien sea su destinatario.
  2. Unas aptitudes para:
    • El trabajo en equipo.
    • La comunicación y las relaciones públicas.
    • Tener un rol de liderazgo en la organización.
    • Mostrar cómo el servicio aporta valor a la organización y genera beneficios. Para plasmarlo con dos ejemplos concretos, éstos pueden consistir en ganancias económicas (en la empresa) o en integración social y estabilidad política del entorno en el que actúa (en una biblioteca pública).
  3. Unas actitudes ligadas a:
    • Un trabajo que se identifica con la misión y los valores corporativos.
    • La preocupación por la mejora continua.
    • Identificación y anticipación a las necesidades y expectativas.
    • La conciencia de la necesidad de aportar valor a la organización.
    • Asumir y saber compartir responsabilidades.
    • Implicarse activamente en el entorno profesional con participación en asociaciones, jornadas, publicaciones, etc. (p. 29).

Ante el planteamiento de la actualización de conocimientos (a) que debe mantener el Bibliotecario, para afrontar los momentos de transición dentro de la profesión, ¿cómo se puede éste trabajar con esta situación? Posiblemente, ante esta disyuntiva miremos el papel de las escuelas graduadas de bibliotecología y ciencias de la información, a las organizaciones profesionales y al bibliotecario como autodidacta.

En un estudio realizado en España por Morato, Sánchez-Cuadrado, & Fernández-Bajón, (2016), hecho con propósitos de mejorar la oferta curricular de las escuelas de bibliotecología y ciencias de la información, se auscultaron perfiles de LinkedIn para identificar competencias tecnológicas de sus proponentes. También se estudiaron ofertas de empleo de portales, para explorar las competencias requeridas de los puestos. Este estudio arrojó que las competencias tecnológicas que le solicita el mercado laboral a los Bibliotecarios “raramente coinciden con un único grado universitario, sino con una mezcla de habilidades de varias especialidades”.  Se puede intuir que posiblemente los currículos académicos de las escuelas de bibliotecología y ciencias de la información deban ajustarse a las nuevas demandas laborales. Este paso posicionaría mejor en el campo laboral a los graduados de dichas escuelas, ya que contarían con las competencias necesarias para aportar a las organizaciones y por ende satisfacer las demandas de los nuevos usuarios.

Por otro lado, las organizaciones profesionales, proveen del espacio y las experiencias necesarias para el crecimiento y desarrollo profesional de los Bibliotecarios participantes de las mismas y algunas proveen para los futuros candidatos a pertenecer a ellas. Estas organizaciones actúan en torno al trabajo en equipo, fomentan las relaciones públicas, generan líderes que aportan y generan beneficios a las organizaciones.

Como punto de cierre a este escrito, tenemos la figura del Bibliotecario como autodidacta. Este profesional en un proceso de autorreflexión y proactivo utiliza sus medios y echa mano de las herramientas provistas por el entorno para aprender por sí mismo las competencias de las cuales carece o necesita fortalecer. Este proceso de autoaprendizaje, es uno donde el Bibliotecario se mantiene ocupado en una mejora continua de sus destrezas de sus competencias tal y como lo expone Alòs-Moner, (2001) en a las actitudes.


Obras consultadas

Alòs-Moner, A. D’. (2001). El profesional del siglo XXI al servicio de la sociedad y de las organizaciones. El Profesional de La Información, 10(12), 26–29. https://doi.org/10.1076/epri.10.12.26.6546

Morato, J., Sánchez-Cuadrado, S., & Fernández-Bajón, M.-T. (2016). Tendencias en el perfil tecnológico del profesional de la información. El Profesional de La Información, 25(2), 168. https://doi.org/10.3145/epi.2016.mar.03

Sennyey, P., Ross, L., & Mills, C. (2009). Exploring the future of academic libraries: A definitional approach. The Journal of Academic Librarianship, 35, 252–259. https://doi.org/10.1016/j.acalib.2009.03.003

Walter, S. (2008). Librarians as teachers : A qualitative inquiry into professional identity. College & Research Libraries News, 69(1), 51–71. https://doi.org/10.5860/crl.69.1.51

Wilson, P. (1979). Librarians as Teachers : The Study of an Organization Fiction. The Library Quaterly: Information, Community, Policy, 49(2), 146–162.

 

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