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Algunas notas sobre la Alfabetización Informacional Crítica (Critical Information Literacy): Segunda y última parte.

La bibliotecología es una disciplina que se precia de tener al usuario como uno de sus principales ejes de acción, a partir del cual elabora sus normas, promueve sus cambios y en general encuentra su razón de ser: el servicio al público.  Fiel reflejo de esto, lo encontramos justo en una de las raíces fuertemente aceptadas en la disciplina: Las cinco leyes de Ranganathan (1892-1972), de las cuales, por lo menos tres, claramente giran alrededor del usuario: Para cada lector, su libro; Para cada libro, su lector; y Ahorre tiempo a los lectores.  A pesar de esto, tradicionalmente la investigación realizada acerca del comportamiento del usuario y de la búsqueda de información se ha centrado en los recursos y las herramientas que se utilizan para ese propósito, no en el usuario propiamente. En otras palabras, el interés se ha enfocado principalmente en el qué consultan y no en el porqué lo consultan (Swanson, 107).

Los educadores, incluidos los bibliotecarios, han tenido que responder al reto de los estudiantes del siglo XXI, tratando de identificar las habilidades, las competencias y los conocimientos que deben enseñarse, pero ésto también está en constante cambio, junto con los conceptos y métodos de los que se dispone.  El aprendizaje y la alfabetización son valores fundamentales de la bibliotecología, por ello la relevancia de la alfabetización informacional es clave, al ser considerada por la ONU como una de las habilidades fundamentales para la vida y el desarrollo laboral/profesional del mundo contemporáneo, especialmente lo concerniente a la selección y evaluación de fuentes de información disponibles, como son la Internet, Wikipedia, las noticias y los recursos académicos. Por ello, resulta importante entender -o tratar de entender- las estructuras de poder inmersas en la industria de la información, lo cual es un propósito de la Alfabetización Informacional Crítica (CIL por sus siglas en inglés).

Como vimos en el post previo, la CIL persigue dos objetivos principales: Reducir la brecha que separa la práctica de la teoría en la bibliotecología y en los estudios de la información… [y] traer perspectivas disciplinarias y enfoques externos para fortalecer la alfabetización informacional, la tarea que sigue es tratar de adoptarla en la practica cotidiana.

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¿Qué puede hacer el bibliotecario para incluir la CIL en sus labores de ALFIN?

Es importante ahondar en la razón de ser de la CIL y en los propósitos que persigue, para asumirlos como parte inherente de la filosofía bajo la cual realicemos nuestras labores cotidianas, conseguir esto no es algo simple.  Adoptar la CIL en nuestra práctica bibliotecaria, implica el reto de mirar fuera de los límites tradicionales de la disciplina, buscando su convergencia con otras áreas como la Ciencia política, la Sociología, la Educación, los Estudios Culturales, entre otras disciplinas. Lo cual generará una crítica a la alfabetización que tradicionalmente ofrecemos, no sólo al cuestionar la forma en cómo enseñamos, sino en el qué enseñamos.

La falta de formación pedagógica, ya no digamos de pedagogía crítica, incluida en la curricula de las escuelas de bibliotecología, intenta cuando mucho  ser subsanada con breves vistazos al diseño instruccional. De acuerdo con Paulo Freire, la educación debe buscar proveer un aprendizaje para toda la vida, no sólo ser un conjunto de instrucciones para realizar una determinada tarea, por lo que presentar la ALFIN como un conjunto de buenas prácticas lo transforma en un discurso institucionalizado frente a nuestra comunidad, el reto es tratar de contextualizar estos conocimientos para poder preguntarnos: “¿Por qué son estos los materiales que le resultaran útiles a esta disciplina? ¿A quién beneficia su consumo? ¿Existen entre éstos, voces y saberes relegados o ausentes?”.  Algunos bibliotecarios que ya han puesto en práctica la CIL, argumentan que limitar las fuentes de información que se enseñan en los cursos de ALFIN, impide la crítica hacia las mismas por parte de los estudiantes:

Queremos que los alumnos estén conscientes de la calidad de la información que consultan y del impacto de la selección de sus fuentes, pero evitamos emitir juicios de valor acerca de dicha selección. Tratamos de promover la evaluación de la calidad de su información y de la discusión de las mismas, pero tratando de permanecer neutrales. No abogamos por una preferencia “ciega” hacia la información validada por pares, como tampoco descalificamos el valor de fuentes populares. Buscamos que los estudiantes despierten una sensibilidad crítica a asuntos relacionados con la legitimidad y el poder en el mundo de la información… (Swanson, 45).

Tenemos entonces que la CIL, no es únicamente un conjunto de sesiones a impartir, o la forma de diseñar cómo impartirlas, es la teoría y la práctica en conjunto, alejados de un comportamiento mecánico.  James Elmborg (citado por Downey, 69), plantea la importancia de problematizar las definiciones, los estándares y las pedagogías predominantes en la ALFIN, para intentar buscar una aproximación alternativa-crítica a el conocimiento y los discursos académicos naturalmente aceptados.

Sin embargo, esto no es algo fácil, requiere que el bibliotecario cuente con cierta autonomía, que le permita ejercer sus labores con independencia: desde la libertad de seleccionar los recursos que incluye en su acervo, o las fuentes que ofrece a su usuario, hasta el determinar los contenidos que enseñará y la forma en cómo enseñe estos conocimientos. Por esto el bibliotecario no puede actuar solo, necesita del reconocimiento a su papel y sus funciones por parte de la institución y de los profesores con los cuales trabaja, dejando de lado el celo o la desconfianza a las labores pedagógicas realizadas por el bibliotecario, quienes también pueden ser creadores de contenido, no sólo guardianes de contenido.

Imagen tomada de: https://mrlibrarydude.wordpress.com/2013/07/24/image-public-perception-and-lego-librarians/

Imagen tomada de: https://mrlibrarydude.wordpress.com/2013/07/24/image-public-perception-and-lego-librarians/

Comentario final:

No es fácil unificar los valores que los bibliotecarios profesamos (a pesar de nuestra reputación como una profesión relativamente liberal), la CIL como parte de la bibliotecología crítica, promueve el libre acceso al conocimiento, la cultura, y es defensora de la libertad intelectual. Esto es relevante hoy en día,  es necesario que la biblioteca forme parte de las discusiones sobre cuestiones relacionadas con el corporativismo, la privatización del saber, la falta de profesionalización en el área, la protección de la privacidad y la propiedad de los medios de comunicación, ya sea mediante publicaciones convencionales, foros profesionales o en la red.

La CIL busca ayudar a cuestionar críticamente el sistema y de paso a transformar la forma en que concebimos nuestro trabajo como bibliotecarios, a pensar en cómo nuestra labor como educadores debe ser enseñar a los usuarios a “evaluar críticamente” y a reconocer que las estructuras del conocimiento se crean dentro de un contexto particular, con intereses determinados. Es importante cuestionar la noción de objetividad en los servicios de información y dar cabida al activismo dentro de nuestra disciplina, tomar conciencia de que funcionamos dentro de regímenes definidos por el capitalismo y una amplia gama de desigualdades estructurales, entonces ¿cómo puede nuestro trabajo bibliotecario aportar al cambio de estos sistemas? Intentar responder a esta pregunta promoverá la búsqueda de una justificación intelectual para los valores progresivos en la disciplina bibliotecológica y a fortalecer la relevancia de la biblioteca en la búsqueda de la justicia social.

Imagen elaborada por la autora

Imagen elaborada por la autora

*Debe destacarse la importante cantidad de recursos de información (muchos en acceso libre) disponibles sobre el tema para el bibliotecario interesado, lamentablemente la mayoría hasta el momento, escritos en inglés. ¿Te interesa ahondar sobre el tema? el sitio #Critlib promueve discusiones constantes por Twitter cuyo objetivo busca involucrar a un mayor numero de colegas a: “Participar en discusiones sobre las perspectivas críticas sobre la práctica en la biblioteca”.

 

Bibliografía consultada:

  • Downey, A. (2016). Crítical information literacy: foundations, inspiration, and ideas. Sacramento, CA : Library Juice Press.
  • Goodsett, M. (2014). Reflective teaching: Improving library instruction through self-reflection. The Southeastern Librarian, 62(3), 3. http://digitalcommons.kennesaw.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1520&context=seln
  • Graf, A. J. (2016). Learning from teaching: A dialogue of risk and reflection. In N. Pagowsky & K. McElroy Critical Library Pedagogy Handbook: Vol.1. Essays and workbook activities (pp. 9-15). Chicago, IL: ACRL. http://digitalcommons.trinity.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1069&context=lib_faculty
  • Morrone, M., Friedman, L. (2009). Radical Reference: Socially Responsible Librarianship Collaborating With Community. The Reference Librarian, 50(4): 371-396. Disponible en: http://courseweb.ischool.illinois.edu/~katewill/spring2011-502/502%20and%20other%20readings/morrone%20friedman%202008%20radical%20reference.pdf
  • Swanson, T.A., Jagman, H. (editors). Not just where to click : teaching students how to think about information. Chicago, Illinois Association of College and Research Libraries, a division of the American Library Association, 2015.

Otros recursos de interés:

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Claudia Escobar Vallarta

Hola soy una bibliotecaria mexicana, trabajo en una biblioteca académica. Me interesan: Organización de la información, MARC21 Bibliográfico y de Autoridades, Esquemas de clasificación (Dewey en partícular), Encabezamientos de Materia, RCAA2, RDA y la historia de la bibliotecología en México.
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