30 años de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y el acceso a la información en México (2ª parte)

En la primera parte de este escrito traté un poco de los orígenes y estructura actual de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas (RNBP) en México, también sobre la Ley General de Bibliotecas, considerada como el eje normativo más importante que aún continúa vigente, y además hablé acerca de la incorporación de nuevas tecnologías en las bibliotecas con la implantación del Programa de Acceso a Servicios Digitales en Bibliotecas Públicas (PASDBP). Para la segunda parte, teniendo en cuenta que se dejaron algunas cuestiones sin resolver, me gustaría mencionar, a grandes rasgos, cuáles son las funciones de las bibliotecas públicas en la actualidad, así como también, exponer el papel de la RNBP en el marco del acceso a la información.

Funciones de la biblioteca pública

Independientemente del tipo de biblioteca, existen cinco funciones básicas, desde el punto de vista organizacional, que toda institución bibliotecaria desempeña:

  1. La selección de materiales y el desarrollo de colecciones.
  2. El ordenamiento y adquisición de los acervos.
  3. El suministro de información y la provisión de mecanismos para su acceso.
  4. La conservación y preservación de materiales.
  5. La capacitación en el acceso a la información (Rubin, 2004, p. 362).

Ahora bien, el ejemplo más claro para ejemplificar éstas funciones, también desde un enfoque organizacional, es la biblioteca pública. En este sentido, Palmour, Bellassai y Wath (1980, p. 28), señala que las funciones básicas de las bibliotecas públicas se pueden resumir de la siguiente manera:

  • Centro de actividades comunitarias.
  • Centro de información para la comunidad.
  • Centro de apoyo a la educación formal.
  • Centro de aprendizaje independiente.
  • Biblioteca de materiales populares.
  • Puerta del aprendizaje para niños en edad preescolar.
  • Biblioteca de referencia.
  • Centro de investigación.

Estas funciones siempre han estado ahí y no tienen por qué cambiar, a pesar de la incorporación de nuevas tecnologías en los servicios bibliotecarios públicos. Indudablemente, la biblioteca pública llegó a estar en crisis, situación que la orilló a cuestionarse acerca de su verdadera función, sobre su beneficio ante la comunidad, y también en lo concerniente a su papel que debía desempeñar en esta nueva economía basada en el conocimiento y las tecnologías. En un artículo, célebre desde hace ya unos años, Lowell A. Martin (1983, p. 22) hizo la analogía de que la biblioteca pública pasaba por una crisis de mediana edad, pero que existía la oportunidad latente de renovarse, haciéndolo de manera gradual y enfocándose en los elementos que siempre han estado ahí, concentrándose en aquellas personas que asiduamente necesitan información y que no pueden conseguirla en otra parte.

Ante las nuevas herramientas tecnológicas, la biblioteca pública no tiene por qué cambiar su rol en la sociedad, sino todo lo contrario, se deben adoptar las nuevas tecnologías y aprovechar es aventaja para llegar a sus comunidades y ofrecer el acceso a la información que se necesita. Como lo menciona Kay Poustie:

No es necesario que las bibliotecas públicas renuncien al papel que ocupan en la sociedad debido a las nuevas tecnologías que han creado nuevos puntos de acceso al conocimiento, la autoayuda y el aprendizaje. Lo que deben hacer las bibliotecas públicas es examinar los productos que ofrecen al público y las posibilidades que les brindan las nuevas tecnologías para ampliar sus servicios (2000, p. 11).

Volviendo con Poustie, ella señala que efectivamente existe una nueva función de la biblioteca pública, la de formar a las personas en el uso de nuevas tecnologías, y además la de convertirse en un centro de conocimiento y aprendizaje para la comunidad:

[…] el nuevo papel de las bibliotecas públicas no será únicamente ofrecer acceso a la información contenida en las redes, sino enseñar a las personas cómo obtener el máximo valor de ésta y a tener criterios para usar la información a la que accede. […] las bibliotecas públicas deben convertirse en formadores y centros de aprendizaje que permitan al público que acude a ellas en busca de información acceder a la amplia y creciente gama de información electrónica (2000, p. 19).

Es necesario manifestar que la biblioteca pública debe ser comprendida como una institución social creada por el hombre en beneficio del hombre y de su comunidad, pues actúa como una institución que propicia mejoras sociales y económicas a sus ciudadanos al ofrecer, a través de la diversidad de materiales, el acceso al conocimiento libre (Gill, 2007, p. 36). He aquí la importancia de mantener siempre presente este postulado, porque las funciones de las bibliotecas públicas siempre han estado ahí y seguirán, pero además, se pueden agregar nuevas que redefinan sus actividades y objetivos, más no su misión frente a la sociedad.

La misión de la biblioteca pública no ha cambiado a lo largo de los años, como lo mencionan Skot-Hansen, Rasmussen y Jochumsen (2013, p. 17):

Si usted ve en la misión primordial de la biblioteca el animar y mejorar la vida de los ciudadanos, entonces este cometido no ha desaparecido, sino que está poniéndose a prueba a través de un nuevo diseño y nuevos conceptos.

Es aquí donde está el verdadero reto de las bibliotecas públicas, pues como hemos visto, su propósito frente a la sociedad no ha cambiado, sigue siendo la democratización del acceso a la información, pero con un mayor interés en los nuevos retos que impone la sociedad digital (Aabø, 2005, p. 210). En lo que respecta a las bibliotecas públicas mexicanas, esta situación ha venido presentándose paulatinamente, tal vez no con la velocidad deseada ni con la efectividad anhelada, pero la preocupación por contribuir a cerrar la brecha digital en las comunidades mexicanas, ya se ha iniciado.

La RNBP en el marco del acceso a la información

Es evidente que las bibliotecas públicas mexicanas presentan problemas políticos, financieros y tecnológicos que las han venido afectando por años. La simple creación de bibliotecas y la instalación de computadoras con internet no van a resolver las dificultades sociales y económicas del país por sí mismo. No obstante, el impulso que se le dio a las bibliotecas a partir del Programa Nacional de Bibliotecas Públicas de 1983, ha sido más benéfico que perjudicial. La razón se debe a que en pocos años, las bibliotecas públicas cambiaron radicalmente el panorama educativo y cultural del país, pues se convirtieron en verdaderos centros de convivencia comunitaria, donde concurría una gran cantidad de actividades culturales y recreativas (Fernández de Zamora, 2001, p. 29).

Si sumamos a lo anterior la implantación del Programa de Acceso a Servicios Digitales en Bibliotecas Públicas (PASDBP) que inició en el año 2002, el panorama parece alentador. Ya en su momento María Josefa Santos, et al. (2006,  p. 21), señalaron que la nuevas tecnologías de la información e internet están transformando al mundo y a las bibliotecas públicas con él, pues están funcionando como auténticos catalizadores que proporcionan acceso tecnológico sin importar los ingresos económicos o la condición social y cultural de las personas.

Al respecto cabe mencionar que el funcionamiento de las bibliotecas públicas se encuentra específicamente vinculado a su compromiso social, pues se espera de ellas, jueguen un papel catalizador en la vida de las personas. Como lo señala el novelista André Maorois:

La biblioteca pública debe brindar a niños, jóvenes y mujeres la posibilidad de estar informados sobre su época en todas las esferas del pensamiento y de la acción. Poniendo a su disposición con imparcialidad objetiva obras que exponen tesis opuestas, les permite formarse una opinión y conservar, en lo que atañe a los asuntos públicos, el espíritu crítico y constructivo sin el cual no existe la libertad (1988, p. 54).

Además, es importante tener presente que el fundamento de los servicios bibliotecarios públicos es sencillo, pues se basa en las necesidades propias de la comunidad. Pateman y Vincent (2010, p. 118-119) apuntan que las diez características fundamentales que debe tener todo servicio de biblioteca basado en necesidades, son:

  1. Suponer que todas las personas tienen necesidades diferentes.
  2. Tener los elementos necesarios para identificar, priorizar y atender las necesidades de la comunidad.
  3. Involucrar a toda la comunidad en la planificación, diseño, ejecución y evaluación del servicio.
  4. Tener representantes locales en la gestión del servicio.
  5. Ser a la vez democrático y responsable.
  6. Satisfacer las necesidades de información desde la perspectiva del servicio al usuario.
  7. Obtener el máximo rendimiento de su personal.
  8. Deber ser un retorno a la tradición, a los valores de autoayuda y superación personal para aquellos que más los necesitan.
  9. Un servicio de biblioteca basado en las necesidades no es un regreso a los valores victorianos, en el sentido de que las bibliotecas públicas se establecieron principalmente como un medio de control social.
  10. Permitir, facilitar y capacitar a las personas y a las comunidades al proporcionarles la información que necesitan.

El último punto es de gran importancia para las bibliotecas que conforman la RNBP en México, pues uno de los objetivos primordiales cuando inició el PASDBP, era la capacitación de los usuarios en el uso de tecnologías para obtener la información que necesitaban. Santos et al. (2012, p. 139) menciona que uno de los primeros efectos que se esperaba del PASDBP era la formación de habilidades tecnológicas para el beneficio del usuario, ya sea para una simple utilización de la paquetería hasta el uso de internet para buscar información y mantenerse en contacto con familiares.

Es evidente que la incorporación de las tecnologías en las bibliotecas públicas contribuyen, en menor o mayor medida y dependiendo del tipo de comunidad y necesidades, a mejorar las condiciones de vida de las personas:

[…] las tic se han convertido en una herramienta cotidiana para los usuarios de las bibliotecas, que han extendido su capacidad de resolver problemas concretos, tanto para cumplir con sus obligaciones ciudadanas, como para apoyar sus actividades productivas, trascendiendo el ámbito escolar (Santos et al. 2012, p. 145).

Conclusiones

La información tiene un valor exclusivo para las personas y las actividades que realizan diariamente. Esta es indispensable en las relaciones sociales y culturales que dan a los individuos y a los grupos sentido de identidad, participación y responsabilidad social. En estos tiempos, la información, además de ser un insumo para la inteligencia, también es considerada como la energía indispensable para el progreso social. Por esta razón, para toda sociedad que pretenda alcanzar un nivel aceptable en desarrollo social y personal, no debe soslayar por ningún motivo el acceso a la información como valor fundamental de todo ser humano.

La biblioteca pública es una de las instituciones que más han contribuido a fomentar el acceso libre y democrático a la información, está dentro de sus funciones inherentes frente a la sociedad. Si bien es cierto, que aún falta mucho por hacer en las bibliotecas públicas mexicanas, también es cierto que si los primeros pasos no se dan, nunca se podrá aprender a caminar.

Obras consultadas

Aabø, S. (2005). “The role and value of public libraries in the age of digital technologies”. Journal of Librarianship and Information Science, 37 (4), 205–211. doi: 10.1177/0961000605057855

Fernández de Zamora, R. M. (2007). “Las bibliotecas públicas en México: historia, concepto y realidad”. En Memoria del Primer encuentro Internacional sobre Bibliotecas Públicas: perspectivas en México para el siglo XXI (pp. 13–33). México: CONACULTA, Dirección General de Bibliotecas.

Gill, P. (ed.) (2007). Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas. 2ª ed. México: CONACULTA, Dirección General de Bibliotecas; La Haya: UNESCO: IFLA.

Maorois, A. (1988). “La biblioteca pública y su misión”. En La biblioteca pública: lecturas escogidas (pp. 51–61). México: SEP, Dirección General de Bibliotecas.

Martin, L. A. (1983). “The public library: middle-age crisis or old age?” Library Journal, 108 (1), 17–22.

Palmour, V. E., Bellassai, M. C. & Wath, N. V. de (1980). A planning process for public libraries. Chicago: American Library Association.

Pateman, J. & Vincent, J. (2010). Public libraries and social justice. Farnham, Surrey, England: Ashgate.

Poustie, K. (2000). Un centro de conocimiento para la comunidad, una nueva función para la biblioteca pública. Barcelona: Fundación Bertelsmann.

Rubin, R. E. (2004). Foundations of library and information science. 2a ed. New York: Neal-Schuman.

Santos, M. J. et al. (2006). Acceso tecnológico: una reinterpretación de la biblioteca pública mexicana. México: CONACULTA, Dirección General de Bibliotecas.

Santos, M. J. et al. (2012). Disminuyendo la brecha digital: el nuevo papel de la biblioteca pública mexicana. México: CONACULTA, Dirección General de Bibliotecas: UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales.

Skot-Hansen, D., C. H. Rasmussen & H. Jochumsen (2013). “The role of public libraries in culture-led urban regeneration”. New Library World, 114 (1), 7–19. doi: 10.1108/03074801311291929

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Samuel Castro Ponce

Lic. en Bibliotecología por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Estudiante de la Maestría en Bibliotecología y Estudios de la Información en la misma institución. He trabajado para el sector público y privado como catalogador, referencista, bibliotecario de atención a usuarios y de adquisiciones. Mis intereses son diversos, pero me oriento más a la búsqueda y recuperación de información, el desarrollo de colecciones y por el impulso de una bibliotecología social.

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